UNIVERSIDAD EUROPEA DE MADRID

El estudio “Smoking genes: ¿por qué fumamos?” ha sido llevado a cabo por un grupo de investigadores del Centro de Excelencia de Investigación en Salud y Ciencias de la Vida de la Universidad Europea de Madrid y es el primero en España que analiza los genes implicados en la adicción al .

En España, 55.000 personas fallecen anualmente por causa del consumo de tabaco. El éxito del tratamiento de deshabituación tabáquica depende en un 50% de los factores genéticos.

El estudio “Smoking genes: ¿por qué fumamos?”, realizado por investigadores del Centro de Excelencia de Investigación en Salud y Ciencias de la Vida de la Universidad Europea de Madrid, ha revelado que los factores genéticos influyen tanto en continuar o no fumando (tras haber probado el tabaco), como en la cantidad de cigarros que consume el fumador. Esta investigación, que ha analizado 17 variantes genéticas implicadas en la adicción a la nicotina en la población, y que ha sido recientemente publicada en PLoS ONE, ha identificado una serie de genes que contribuyen principalmente al mayor consumo de tabaco.

“Para conocer la variabilidad en el hábito tabáquico, hemos estudiado los genes que influyen en la respuesta a la nicotina, como son las enzimas metabolizadoras, así como los que repercuten en el comportamiento adictivo del fumador debido a sus efectos en las vías de neurotransmisión cerebral”, explica Félix Gómez-Gallego, profesor de la Universidad Europea de Madrid y principal investigador del estudio. Así, se ha demostrado que “los individuos que metabolizan la nicotina más rápidamente experimentan más efectos placenteros y menos desagradables al fumar por primera vez que los que la metabolizan más lentamente, de forma que se incrementa en ellos el riesgo de convertirse en fumadores habituales”, añade.

El gen (CYP2A6) presenta dos mutaciones que están presentes en diferente medida en los genotipos de fumadores y no fumadores. “Los fumadores que presentan la variación con menor capacidad para metabolizar la nicotina experimentan más efectos negativos cuando comienzan a fumar. No obstante, cuando continúan fumando tienen niveles más prolongados de nicotina en su cerebro y se convierten rápidamente en tolerantes al tabaco, lo que aumenta su necesidad de fumar más”, concreta este experto. En esta línea, los resultados del estudio ponen de manifiesto que estos individuos presentan un consumo de tabaco un 30% más elevado (medido en paquetes/año) respecto a individuos que no portan estas mutaciones del gen.

Por otro lado, la investigación también pone de manifiesto la contribución de un polimorfismo en el gen DRD2, implicado en las vías neurobiológicas de la adicción a la nicotina, de tal manera que los genes implicados en la neurotransmisión cerebral juegan un papel determinante en el primer contacto del individuo con el tabaco. “Este hecho, junto con un metabolismo lento de nicotina, podría ser el responsable de que un individuo no continúe fumando una vez haya probado el tabaco por primera vez”, indica el profesor Gómez-Gallego.

aplicada a la deshabituación tabáquica

El tabaquismo es la principal causa prevenible de muerte a nivel mundial. Actualmente, la tasa de mortalidad de los fumadores triplica la de los no fumadores y entre el 30% y el 35% de ellos muere antes de cumplir los 65 años.

Ante estas cifras y puesto que “los factores genéticos contribuyen alrededor de un 50% en el éxito del tratamiento de deshabituación tabáquica” (explica el profesor Gómez-Gallego), conocer las relaciones entre polimorfismos genéticos y el hábito tabáquico permite “desarrollar tratamientos más dirigidos en función del perfil genético de los fumadores o bien nuevos fármacos que podrían disminuir las muertes causadas por patologías derivadas del hábito tabáquico”.

Y es que a pesar del progreso en estos tratamientos, sólo son efectivos en entre el 15% y el 30% de los pacientes. Por ello, este experto apuesta por el empleo de polimorfismos genéticos “como marcadores adicionales que permitieran seleccionar el tratamiento más adecuado para cada fumador e incrementar así los ratios de abstinencia y, por tanto, la posibilidad de éxito del tratamiento”. Por último, para contribuir al éxito de la terapia antitabáquica, el profesor Gómez-Gallego insiste en la importancia de que el fumador exprese abiertamente su deseo de abandonar este hábito, así como de “la correcta intervención por parte del especialista, en el sentido de que la terapia del fumador debe ser multifactorial, teniendo en cuenta tanto la dependencia física como el componente psicológico”.

Este estudio ha sido realizado por los investigadores de la Universidad Europea de Madrid Félix Gómez-Gallego, Catalina Santiago y Zoraida Verde, en colaboración con la Unidad de Neumología del Hospital General Universitario Gregorio Marañón.