UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

Iñaki Olaizola reclama leyes para una , en una tesis de la UPV/EHU

“Más que a morir, a lo que le teme la gente es a morir mal”. Iñaki Olaizola ha observado cómo se siente la sociedad vasca respecto a la eutanasia y al proceso de morir, y cómo ha cambiado dicha percepción desde la década de los 70 hasta hoy. Para ello, entre otras cosas, ha entrevistado a todo tipo de personas, con lo que ha podido concluir que el miedo a morir mal es algo generalizado. En su tesis, defendida en la UPV/EHU, ha remarcado la necesidad de garantizar por ley la muerte digna: “El País Vasco, y occidente en su conjunto, somos un país que en principio vivimos bien, pero morimos mal. Y eso es algo que se puede mejorar”. Su trabajo se titula Transformaciones en el proceso de morir: la eutanasia, una cuestión de debate en la sociedad vasca.

Al ser una investigación antropológica, la entrevista en profundidad ha sido la técnica que más relevancia ha tenido en este trabajo. Concretamente, Olaizola ha entrevistado a quince vascos: “La muestra está compuesta por más mujeres que hombres. Y es que, al alargarse la vida, la necesidad de cuidados también se ha agravado, y las mujeres siempre se han responsabilizado más de esta tarea”. Ha optado por gente corriente; es decir, su objetivo no ha sido entrevistar a personas con conocimientos específicos sobre la eutanasia o los procesos de morir. “Nos compete a todos; el proceso de morir no es algo exclusivo de los especialistas, y mucho menos de los médicos. Una vez se han tomado ciertas decisiones, el médico es imprescindible, pero lo que es la reflexión, el debate, el valor de la vida, su sentido… no es responsabilidad de los médicos, sino de todos”, explica.

Del tradicional al biográfico

Olaizola ha estudiado el proceso de morir dividiéndolo en tres fases: la enfermedad y dependencia, la agonía y el ritual que sucede a la muerte. Según explica, las tres fases han sufrido grandes cambios en las últimas décadas. La sociedad vasca ha evolucionado del modelo tradicional al “biográfico”. Según explica el autor, “en el tradicional la religión tiene una influencia tremenda, debemos vivir hasta que Dios quiera. Se entiende la muerte como un proceso largo, como parte de la vida. No tenemos control sobre nuestra vida. Pero entonces, aparecen algunas personas que empiezan a reflexionar más profundamente, que son conscientes de su propia vida. Aparecen nuevas éticas, modelos, prácticas… A eso le llamo modelo biográfico”. Es decir, a tomar las riendas de nuestra vida y muerte.

Según se concluye en esta investigación, el punto de inflexión entre los dos modelos ocurre hacia las décadas de los 60 y 70. Esto se debe a diversos cambios. En cuanto a los cambios sociales, Olaizola apunta a la evolución demográfica y al incremento de la esperanza de vida: “Ahora se prevé que seremos dependientes durante cinco o seis años antes de morir. La dependencia supone una necesidad de cuidados extrema, lo que suele derivar en una carga terrible para las mujeres. Además, la estructura familiar ha cambiado; antes vivían hasta tres generaciones bajo el mismo techo”.

De todas maneras, Olaizola dice que han sido los cambios culturales los que más han tenido que ver en la evolución de cómo percibimos la muerte. Menciona la “individualización reflexiva” como claro ejemplo de este cambio. Es decir, nuestra salud es cosa nuestra, de la misma manera que no tiene por qué ser responsabilidad de otros: “Surge el derecho a no cuidar. Se reivindica que las personas, y sobre todo las mujeres, no están obligadas a cuidar a los enfermos hasta puntos tan extremos, que son personas y tienen que vivir”. Las leyes también acarrean ese cambio cultural, como es el caso de la Ley Española de Autonomía del Paciente (2002): “Cada uno es dueño y señor de su proceso, el sistema médico no está autorizado a cuidarte si tú no quieres. El cambio cultural es tremendo: nuestra autonomía se ha convertido en el principio primordial. Y otro cambio importante en cuanto a leyes es la posibilidad de hacer una declaración de voluntades anticipadas, donde puedes especificar, por ejemplo, tu deseo de no vivir a partir de un momento determinado”.

No al sufrimiento

Sin embargo, Olaizola concluye que aún queda mucho por hacer en legislación, tanto en lo que respecta al proceso de morir como en lo que respecta a la carga que sufren los cuidadores. A raíz de esto último, ha remarcado lo dicho por las mujeres entrevistadas para la investigación: “Sobre todo ellas, no quieren que sus familiares las cuiden durante sus años de dependencia. Han sufrido tanto cuando les ha tocado ejercer de cuidadoras que no quieren semejante carga para sus hijas. Prefieren ingresar en una residencia”.

Salvo las excepciones ya mencionadas, el autor de esta tesis ha denunciado que hay una gran indefinición respecto a las leyes. Hay que dar “un paso de gigante”, según ha reivindicado: “Hoy en día, nadie da valor redentor al sufrimiento. Todos aquellos a los que he entrevistado dicen que el dolor es innecesario, que hay que eliminarlo. Ese derecho a morir dignamente debe ser legislado, debe haber garantías. Hay que mejorar la calidad de la muerte, porque aún es mala”.

Sobre el autor

Iñaki Olaizola Eizagirre (San Sebastián, 1944) es doctor en Antropología gracias a esta tesis, aunque ya se había doctorado anteriormente, en Ingeniaría Naval. Ha redactado su tesis bajo la dirección de María Luz Esteban, directora del Departamento de Filosofía de los Valores y Antropología Social de la Facultad de Filosofía y Ciencias de la Educación de la UPV/EHU. Ha hecho trabajo de campo en diversos rincones del País Vasco.

Etiquetado con:

Noticia clasificada como: Investigación universitariaUniversidades del País Vasco

Te gustó este artículo? Subscríbete a mi RSS feed