UNIVERSIDAD DE ALICANTE

El siglo XXI va a ser el siglo de las grandes ciudades que crecen de forma acelerada en el mundo menos avanzado, originando problemas sociales y ambientales, según señala un estudio de la Universidad de Alicante. En él se señala que ninguna urbe española alcanza el nivel de megaciudad, pero que sus grandes áreas metropolitanas deben afrontar parecidos aspectos positivos y negativos.

Este estudio, denominado “Megaciudades: espacios de relación, contradicción, conflicto y riesgo”, ha sido elaborado por el catedrático de Geografía y publicado en el último número de la revista del Instituto de Geografía de la UA

Señala el autor que “se ha consolidado una jerarquía urbana que está presidida por unas ciudades grandes, muy grandes, que son la imagen representativa del nuevo mundo globalizado. Las megaciudades son espacios de relación, contradicción, conflicto y riesgo, que alteran de manera determinante el medio natural donde se asientan” y que el planeta Tierra tiene con ellas “un nuevo tipo de relación hombre-medio, de compleja gestión”.

Describe a estas grandes estructuras como “expresión urbana de la globalización, entendida como el ciclo económico nuevo caracterizado por un crecimiento intenso -inmediato- basado no ya en la producción sino en el consumo y en la especulación financiera”.

En el mundo hay 26 ciudades con más de diez millones de habitantes, y en Tokio, Guangzhou, Seul, ciudad de México, Shanghai, Delhi, Mumbai, Nueva York, Sao Paulo y Manila rebasan los 20 millones de habitantes. Distingue el autor entre las megaciudades de países avanzados y de países pobres, y afirma que el rasgo morfológico más llamativo de estas últimas es que “el paso del edificio alto a los suburbios de chabolas se produce sin solución de continuidad”, llama la atención sobre la competencia existente por construir la torre más alta y las califica de producto turístico por sí mismas.

De los problemas de las megaciudades el estudio destaca que, por lo común, la consolidación de una megaciudad no respeta el medio natural a la hora de planificar su crecimiento; y a ello se unen los efectos derivados de la actividad humana (contaminación, degradación). La gestión del transporte, los servicios sanitarios y educativos, la seguridad ciudadana, la distribución y tratamiento del agua potable, la distribución energética, la contaminación atmosférica y acústica, la gestión de residuos y la gestión de las emergencias, son algunos de los problemas más acuciantes de las megaciudades, a los que añade su vulnerabilidad a los riesgos naturales y a los efectos del cambio climático, lo que las convierte en áreas de elevado peligrosidad.

A pesar de no alcanzar el rango de megaciudad, Jorge Olcina indica que los grandes espacios urbanos españoles participan de los beneficios y de los aspectos negativos de la gran ciudad. Los beneficios de la concentración de un volumen importante de población se materializan de su elevado nivel de conectividad interna y externa y de la satisfacción de necesidades sociales, educativas y culturales. Por el contrario, la destrucción de territorio en los procesos de crecimiento urbanístico, la gestión sostenible de elementos del medio natural (agua, atmósfera, espacios naturales), el tratamiento de residuos y la planificación de los riesgos naturales y tecnológicos son los retos principales de las grandes ciudades en España.