UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

El escritor y periodista Vázquez-Figueroa, que ha intervenido doblemente en los Cursos de Verano de la UC, ha desgranado en Laredo las anécdotas de toda una vida de aventura

El escritor, periodista y más recientemente inventor Alberto Vázquez-Figueroa ha dedicado el día de hoy a ofrecer en Laredo su inquieta y polifacética experiencia vital, primero con su participación en el curso “Interculturalidad y derechos humanos: búsquedas”, dirigido por la presidenta de la Asociación Interculturalidad y Derechos Humanos Pilar Santisteban, y posteriormente en la conferencia que se ha celebrado en la Casa de la Cultura de la localidad pejina.

En el detallado repaso por su trayectoria, Vázquez-Figueroa ha narrado sus orígenes, desde su nacimiento en Santa Cruz de Tenerife y su infancia en el Sáhara, donde su familia tuvo que exiliarse por motivos políticos, hasta su situación actual como periodista retirado, novelista de éxito e inquieto inventor de vocación más tardía. Entre lo primero y lo último, casi 76 años de experiencias y aventuras por todo el mundo, como sus estudios en la Escuela de Periodismo; su incursión en el mundo del submarinismo de la mano de Jacques Cousteau, que le llevó a participar en el rescate de cientos de cadáveres cuando el pueblo de Ribadelago (Zamora) quedó anegado por el agua tras la ruptura de una presa; sus trabajos como corresponsal de guerra para “La Vanguardia” y TVE en los puntos más calientes de África y América Latina; su fecunda incursión en la literatura, con más de 80 libros publicados, y sus ideas para ahorrar costes en la producción de agua y energía, “basadas sobre todo en la aplicación de la lógica”, según señala él mismo.

El novelista, que ha confesado no preparar sus exposiciones con antelación, sino ir dirigiendo el monólogo según la respuesta que perciba del público asistente, ha reconocido que el periodismo le sirvió como herramienta para observar el mundo y poder sentarse después a escribirlo, que era lo que realmente había perseguido desde el principio. Sus novelas, en su mayoría escenificadas en lugares exóticos y salpicadas de innumerables conflictos y aventuras, son fruto de sus propias vivencias. Vázquez-Figueroa sostiene que “nada nace si no lo has visto antes, porque es imposible crear algo de la nada”, y reconoce que muchas veces reproduce situaciones que ha presenciado, o se inspira en gente “absurda, rara, o incluso mala” con la que ha coincidido a lo largo de su vida.

La convivencia desde crío con gente de otra raza durante su estancia en el Sáhara puede ser uno de los motivos de sus continuas ganas por viajar, aprender, y conocer nuevas culturas, aunque el novelista cree que “eso va con la persona, porque hay gente con posibilidades de hacerlo que prefiere quedarse tranquila, porque les preocupa lo que les pueda ocurrir”. A él no sólo no le preocupa, sino que sostiene que “la vida y la muerte te esperan en cualquier lado, y si algo te tiene que ocurrir, te ocurrirá dondequiera que estés, incluso en tu casa”.

Vázquez-Figueroa, que no concebía su vida de otro modo que no fuera viajando y absorbiendo el mundo, ha afirmado que si no hubiera tenido la oportunidad de acudir a las zonas de conflicto como reportero de guerra, tampoco se hubiera quedado. “El que se queda en un sitio es porque se quiere quedar”, ha señalado el novelista con convicción, para finalizar explicando que cuando fue a África central, lo hizo con el dinero justo para el billete, y terminó cazando elefantes, “porque hice lo que elegí, lo que quería, aunque ahora no sea capaz de escribir sobre mi barrio.”