UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

La catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México ha explicado hoy en Laredo que la globalización “también está siendo un freno al poder” porque persigue la protección de los seres humanos

“La globalización de los Estados no implica sólo a los aspectos económicos, políticos, sociales o jurídicos, sino también a una entre seres humanos”. Esta ha sido la tesis sostenida por la catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México Ariadne Morán en el arranque del curso sobre “Perspectivas y estrategias de la empresa internacional ante la globalización de los mercados” que dirige en Laredo a lo largo de esta semana, dentro de la programación estival de la Universidad de Cantabria (UC).

Así, en su intervención, Ariadne Morán ha querido subrayar la parte más positiva de la globalización, ejemplificada en la Unión Europea y en su eliminación de fronteras, lo que ha creado una comunidad en la prima la existencia de un ser humano digno de ser protegido jurídicamente, independientemente de su nacionalidad. Según ha señalado, “el Estado globalizado tiende a ver al Derecho como la ciencia para alcanzar la justicia, por lo que la tendencia se encamina hacia la protección al ser humano”, lo que, en sus palabras, se está entendiendo a nivel global gracias a las nuevas tecnologías y las redes sociales”. Así, estas nuevas herramientas crean una capacidad de respuesta y una presión a nivel global hacia los poderes políticos o económicos que éstos nunca imaginaron: “ahora, tú haces un click en tu casa y te indigna lo que ves al otro lugar del mundo, por lo que esta globalización también está siendo un freno al poder”, ha sentenciado Morán.

En esta primera sesión del curso, los alumnos asistentes, en su mayoría mexicanos, han podido conocer los efectos políticos, sociales y económicos de la globalización “que no estaban en los libros ni nunca se pensaron hasta que nos los hemos ido encontrando”. Además, Ariadne Morán ha aprovechado la juventud de su público para asegurar que “este lado positivo de la globalización y este concepto de lucha por la justicia y los derechos están muy vinculados a la juventud”, ya que son ellos los mayores usuarios de redes sociales y los que están retomando la idea de una política o una economía basadas en la moralidad, y ha opinado que “estamos viviendo una revolución muy interesante en este siglo XXI: una revolución de jóvenes a golpe de click”.

Modelos globalizadores

En su intervención, Ariadne Morán ha hecho un repaso por los tipos de soberanía existentes a lo largo de la Historia, desde la que recaía en un único individuo o en el pueblo hasta el actual modelo globalizado, en el que el poder de decisión recae en un conjunto de Estados con unas respectivas sociedades cada vez más identificadas entre sí.

Morán ha señalado que “en tiempos de crisis, esta soberanía compartida se ve mejor que nunca, ya que los Estados tienen que tomar decisiones conjuntas”, y se ha remitido a la situación actual para pronosticar que “la Unión Europea tendrá que ir adaptándose”. Según ha expuesto la conferenciante, ninguna fórmula rígida puede funcionar con el ser humano, ya que es un animal cambiante que requiere fórmulas también cambiantes.

Las empresas en un mundo globalizado

En este escenario globalizado no sólo a nivel económico, político o social, sino también en cuanto a inquietudes y conciencia social, la catedrática ha explicado que la empresa tiene un papel fundamental, que puede ser positivo o negativo. En el primer caso, ha hablado de aquellas empresas social, económica y familiarmente responsables, que diseñan un producto y una publicidad saludables a todos los niveles. En el segundo, ha denunciado el mal funcionamiento de aquellas que se asientan en unas bases de insostenibilidad, y que quieren mantenerlas ocultas. Esto, que será determinante a la hora de crear una imagen de marca o de ser aceptada o rechazada por los consumidores, puede ser llevado a cabo por las empresas de manera consciente, o simplemente como estrategia de marketing, aunque en cualquier caso, tal y como ha señalado Morán, “el resultado será favorable para la sociedad, y también para ellas mismas, que no se verán criticadas ni presionadas por sus malas prácticas”.