UNIVERSIDAD DE CANTABRIA

El catedrático de la Universidad Autónoma de Barcelona Ricardo García Cárcel ha hablado sobre las víctimas de la Inquisición como perdedores de una época en un curso de verano de la UC en Laredo

El catedrático de Historia Moderna de la Universidad Autónoma de Barcelona Ricardo García Cárcel ha hablado esta mañana en el curso “La Historia de España a través de sus perdedores” de las víctimas de la Inquisición, una institución que marcó nuestro país desde 1478 hasta 1833, y que pudo procesar a alrededor de 125.000 personas, de las cuales un 3%, principalmente judeoconversos y moriscos, fueron finalmente condenadas a muerte.

García Cárcel ha sostenido la tesis de que, pese a las cifras estimadas de procesados, “nunca sabremos lo que supuso realmente la Inquisición en todos aquellos que sufrieron su sombra permanente, y que sin duda también tenemos que englobar como víctimas”. Se trata, por tanto, de sumar al número de procesados oficialmente por la Inquisición a aquellas otras víctimas indirectas que sufrieron su constante amenaza, y que tuvieron que convivir con la autocensura, la prohibición de libros y pensamientos, y en definitiva, con la supresión de todo aquello que supusiera un mínimo sinónimo de la libertad. Además, García Cárcel también ha hecho referencia a la alargada sombra de la Inquisición como causante de cierto puritanismo sexual o represión que marcó posteriormente la conducta de España.

De este modo, los alumnos del curso han podido constatar que los perdedores de la Inquisición no fueron sólo sus víctimas directas, sino toda la sociedad que fue surgiendo a lo largo de sus casi cuatro siglos de existencia. Si inicialmente la Inquisición fue pensada para establecer una diferenciación entre cristiano viejo y auténtico y cristiano reconvertido, nuevo y sospechoso, sus objetivos potenciales fueron variando con el tiempo. A mediados del siglo XVI, la institución se convirtió en una máquina cómplice de la Iglesia destinada a extender y preservar la reforma católica llevada a cabo a partir del Concilio de Trento, por lo que amplió su amenaza a los cristianos viejos. En este momento surgieron otros delitos relacionados con el protestantismo, la blasfemia, la corrección de la conducta sexual, etc. que, en palabras del historiador, “lanzaron a la Inquisición a la caza del disidente, de todo aquel que pudiera acabar con la unidad del sistema de la época, basado en la alianza entre Iglesia y Estado”.

A partir del siglo XVII, la Institución pasa de ser herramienta de la Iglesia a servir a la monarquía, sobre todo en temas relativos a la masonería, al liberalismo, o a la propia crítica contra la Inquisición. De hecho, la última ejecución del Santo Oficio en España fue en 1833, año de su derogación definitiva a un maestro de escuela valenciano acusado de libertad de pensamiento.

La constante violación de derechos que hoy consideramos fundamentales convierte a las víctimas de la Inquisición en perdedores indiscutibles de la Historia de España. Las denuncias secretas, las confiscaciones de bienes sistemáticas desde el primer instante, o los sambenitos que se colgaban en las casas de los procesados y que los estigmatizaban durante toda su vida fueron procedimientos muy lamentados en años sucesivos, incluso por aquellos prensadores que abogaban por la instauración de un sistema de control, esta vez sin esas connotaciones tan agresivas asociadas a la Inquisición.