UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

“Convivir en sociedad no significa que la persona deba estar sometida a una vigilancia continua”, concluye en su tesis Désirée Barinas, doctorada en la UPV/EHU

Las nuevas tecnologías pueden mejorar la vida de las personas y facilitar las relaciones sociales, potenciando la capacidad de comunicación a distancia e interacción de los individuos, pero también pueden llegar a violentar la vida privada de las personas. Désirée Barinas Ubiñas, doctora en Derecho por la Universidad del País Vasco, ha investigado este tema en su tesis titulada “Protección jurídico penal de la vida privada frente a las tecnologías de la información y de la comunicación”.

En esta investigación Barinas se ha centrado en el estudio de los dos sistemas jurídicos más importantes en el mundo occidental: el romano-germánico (común en los países de Europa y Latinoamérica) y el del common law ( utilizado en los territorios que tienen influencia anglosajona) y, muy particularmente, en el Derecho angloamericano. Si bien el Derecho angloamericano y el Derecho romano-germánico tienen sus diferencias, comparten la problemática de definir el alcance del derecho a la vida privada.
El concepto de vida privada es muy amplio. Podría decirse que es un espacio donde el ser humano tiene la libertad de desarrollar su personalidad y tomar decisiones sobre sus asuntos privados y personales. Además el derecho a la vida privada es muy importante no sólo para el individuo, sino también para el tipo de sociedad que ayuda a construir, una sociedad en la que cada persona tiene el derecho a ser y determinarse a sí mismo sin estar influenciada o condicionada.

La amenaza de las nuevas tecnologías

En la sociedad actual van surgiendo nuevas amenazas que moldean lo que es el derecho a la vida privada. Se van desarrollando tecnologías que llaman a la captación de información y su manipulación, tecnologías que pueden resultar “intrusivas y no necesariamente justificadas”, dice Barinas. Esta infraestructura tecnológica actual responde a un esquema de vigilancia y trazabilidad prácticamente total y continua. “Hoy en día se habla de video vigilancia, biometría, geo-localización y nanotecnología y somos testigos de que cada vez más nuestros pasos son registrados”, afirma Barinas.

Se resalta así que, dentro de este mundo virtual, existen dos características de la vida privada que se magnifican: por una parte, el hecho de que para defender la vida privada necesariamente hay que proteger las informaciones relacionadas con las personas y, por otra parte, la salvaguardia de la autodeterminación personal como un elemento esencial de la vida privada, que en el mundo virtual se traduce en minimizar la manipulación y clasificación de la información como medio para condicionar a las personas.

Este cambio viene como consecuencia de que en la era digital la recolección y tratamiento de los datos se masifica y toda esa información se encuentra disponible en línea de forma permanente. Los Estados, como garantes de los derechos, buscaron establecer un marco de protección efectivo para la vida privada, adaptando su legislación a ello. Surgen así, junto a la clásica protección del domicilio, la correspondencia y los “secretos”, la tutela de las palabras y la imagen, los delitos informáticos y la legislación sobre el tratamiento de los datos personales. Sin embargo, Désirée Barinas señala que “la respuesta del legislador ha sido tardía, condicionada e insuficiente. Tardía, porque los daños a la privacidad ya han sido producidos de forma irremediable; condicionada porque reacciona ante los casos puntuales intentando “enmendar” situaciones y enfrentar “peligros” ya frecuentes, e insuficiente, porque las soluciones encontradas no parten de un análisis real de la causa raíz que las produce, sino que busca “corregir” situaciones que muchas veces son impuestas por la misma estructura del mundo virtual. La pregunta clave sería: ¿Quién dice que la infraestructura tecnológica debe responder a criterios de vigilancia y trazabilidad continuos y ubicuos?”

Para ello se habla de la filosofía de la privacy by design, que es un adelanto ya que ayuda a construir un entorno protector de la privacidad. Pero esto no es suficiente, debe ir acompañada de una concienciación de las personas de cómo protegerse y de las consecuencias de sus elecciones y del apoyo estatal para que se equilibren los intereses en juego. Barinas destaca que se trata pues de navegar no tan sólo protegidos, sino “seguros”, seguros de nuestras elecciones, de que nuestros derechos serán respetados, de que nuestra privacidad no será violada, seguros de ser y de nuestra facultad de autodeterminación personal y del respeto de nuestro espacio privado, más allá de su carácter corporal o incorporal.

Además habla sobre la importancia de la neutralidad tecnológica: “Las normativas no deben discriminar entre tecnologías”. Y propone así, recontextualizar este concepto, que debería permear todas las ramas del Derecho, sobre todo del Derecho Penal. Désirée Barinas concluye con un reto: “Debemos ser lo suficientemente cuidadosos para vislumbrar cuál es la amenaza, tener claro qué es lo que queremos proteger y de qué y no confundir el medio con el fin”.

“La tecnología puede ir a proteger el derecho y también el derecho, a proteger a la tecnología”, subraya y mantiene que queda reflexionar sobre la posibilidad de que el Derecho Penal, sin olvidar su carácter de racionabilidad y proporcionalidad, sancione a aquellos sistemas y tecnologías que no tomen la privacidad dentro de la conformación misma de su diseño y estructura.

Sobre la autora

Désirée Barinas Ubiñas (Santo Domingo, 1981) es doctora en Derecho Summa Cum Laude (J.D.) por la Universidad Iberoamericana (UNIBE). En 2005, realizó sus estudios de Máster en la Universidad Panthéon-Assas, en Paris, especializándose con mención de honor en Derecho de Multimedia e Informática. En 2012 obtiene el doctorado en Derecho (Ph.D.) por la Universidad del País Vasco, con los máximos honores. Actualmente trabaja en la firma LexGeo como gerente de proyectos. Además es coordinadora académica de maestría en la Universidad Iberoamericana (UNIBE) y docente en esta universidad y en la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM).