UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

La apertura del curso universitario 2012-2013 en la UPV/EHU fue un acto cargado de emotividad y buenas noticias (que por cierto, en esta época, no vienen nada mal). Seguimos las intervenciones institucionales con atención. El Lehendakari, el Rector, la Consejera y la Secretaria General hacían balance del progreso y avance de la Universidad en los últimos cuatro años; la investigación, el ranking de Shanghái, la excelencia, la internacionalización, la magnífica gestión económica… Con esos datos, no cabe duda de que más de uno apostaría porque el próximo Gobierno Vasco estuviese dirigido por la comunidad universitaria.

Sin embargo, y sin menospreciar la enorme labor realizada por todos los agentes que hacen posible el desarrollo de nuestra Universidad, queremos mostrar nuestra inquietud ante la inacción de los máximos dirigentes ante problemas que nos preocupan, y mucho, al alumnado universitario.

Personas y valores

Hablan ustedes de investigación, inversión en maquinaria, infraestructuras, rankings, porcentajes… ¿Dónde quedan los valores? Queremos recordarles que la brutal crisis que estamos padeciendo tiene un único origen: la ausencia de valores; una ausencia de valores que ha contribuido a formar monstruos y no personas; monstruos que buscan maximizar los beneficios a cualquier precio. La avaricia. La falta de transparencia. La mentira. La falta de solidaridad.

Sin embargo, el tiempo pone a cada uno en su sitio, y ahora nos toca pagar los platos rotos. La investigación es imprescindible. También estar presentes en el mundo. Pero mucho más importante es que las y los estudiantes e investigadores tengamos una educación de calidad basada en valores que nos permita realizar nuestra labor por el bien común, con ética y responsabilidad.

Recortes

Todos somos conscientes de que tenemos que apretarnos el cinturón. Y por ello, queremos que sean transparentes y sinceros con nosotros. Puede que discrepemos y que no estemos de acuerdo en la política de recortes, pero no nos engañen llamándolo “ajustes”. Por favor. El precio de las matrículas sí ha subido (un 30% de media y hasta un 70% en la segunda matrícula de algunas carreras). Las becas llevan congeladas tres años y su acceso se ha endurecido sin un mínimo análisis que lo justifique. Ustedes garantizan que “menos que a nivel estatal”, y no lo negamos; pero los recortes, también han llegado a Euskadi y afirmar lo contrario simplemente no es verdad.

La universidad no es una isla

En el primer punto hablábamos de las mejoras que ha realizado UPV/EHU en diversos campos; impulso de la innovación docente, más oferta de postgrado, más investigación…Pero queremos recordar, a quien corresponda, que si no podemos acceder a ella (no sólo por el precio de las matrículas), de nada sirve; de nada sirve tener un diamante en una caja fuerte si no se puede sacar a relucir. Las condiciones de transporte y de vivienda relacionados con la universidad no han mejorado; no existe una política de aparcamiento definida y coherente con el fomento del transporte público del que tanto se habla en los discursos. Y precisamente porque no la hay, nos vimos obligados el año pasado a que el Consejo de Gobierno de la UPV/EHU se pronunciase aceptando nuestra propuesta de fomentar el coche compartido. Hay que apostar porque el aparcamiento no sea para el personal universitario sino para aquellos que no tienen la oportunidad de utilizar el transporte público independientemente de si es personal o estudiante. La necesidad de abordar el transporte intercampus es también una cuestión urgente donde las instituciones deben intervenir sin más dilación. Pero no sólo tenemos carencias en materia de transporte; tampoco contamos con viviendas a precios razonables para estudiantes que lo necesitan. Centrémonos en ofrecer estos servicios y no nos obsesionemos con la investigación y con entrar en rankings donde la docencia no se valora lo suficiente ¿Acaso nuestra universidad será peor porque el próximo curso no esté en el ranking de Shanghái? Yo creo que la universidad debe medirse por la calidad de los valores que transmite y no sólo por la posición en un ranking u otro.

Internacionalización

Por último, no queremos dejar pasar la oportunidad de hablar del concepto de la “internacionalización”; manido como pocos en la última época, se esconde tras ella una realidad peligrosa. La internacionalización vuelve a ser un concepto que generalmente (a nivel universitario) se relaciona con la investigación y en el mejor de los casos con la formación en postgrados. Sin embargo, la internacionalización de las universidades debe entenderse de una forma global; favoreciendo el intercambio de todo el personal – PAS y PDI- y por supuesto del alumnado; colaborando en materia docente, investigadora y de gestión.

Los programas de intercambio para grado y máster deben ser un pilar básico en la internacionalización y donde a día de hoy queda mucho por invertir. No sólo es la firma de convenios con otras universidades. Es necesario mejorar notablemente la deficiente política de ayudas y becas. En un mundo globalizado, es imprescindible salir, conocer mundo, aportar al mundo…Pero creemos que las políticas actuales no promueven la internacionalización en su definición más global, sino que en muchas ocasiones suponen la pérdida de talento en origen. Nosotros, jóvenes, nos vemos abocados a huir de nuestro país ante la imposibilidad de encontrar empleo. Nuestras empresas se están implantando en el exterior y nos vemos obligados a emigrar. La internacionalización debe servir para acudir a otros lugares de los que aprender (lo que bueno es y no tanto) para volver y aplicarlo. Sólo así conseguiremos que la internacionalización cumpla su objetivo; y para ello exigimos la implicación integral de nuestras universidades.

Empleabilidad

Las Universidades tradicionalmente se han centrado en la formación académica. Una formación muy teórica donde la práctica era muy limitada. Los tiempos han cambiado y la Universidad también debe hacerlo. La Universidad debe ser el eslabón que conozca de primera mano de dónde viene el alumno y a dónde se dirige. Es la única forma de adaptar su oferta a lo que demanda las empresas y la sociedad. En definitiva, debe ser flexible. Parece que en los últimos años se ha potenciado este aspecto. Aún así, queda mucho por hacer. Nuestra Universidad debe establecer una estrategia global de modo que el tránsito entre la etapa universitaria y la postuniversitaria no sea traumático. Al fin y al cabo ya hablamos de “educación a lo largo de la vida” que no es más que reglamentar lo que ya se hace desde mucho tiempo atrás; adaptarnos desde un punto de vista formativo a las exigencias sociales. Pero para esto las instituciones públicas deben estar a la altura de las circunstancias. Ese es el reto que queda por delante.