UNIVERSITAT ROVIRA I VIRGILI

Producir alimentos que sacia más rápido y que prolonguen esta sensación para contribuir a moderar el apetito, mantener una dieta equilibrada y sana y evitar la recuperación del peso perdido tras una dieta. Este es el objetivo que persigue el proyecto SATIN, una acción financiada por el de la UE que estudia el desarrollo de nuevos productos alimenticios saciantes, con el objetivo de contribuir a una menor ingesta calórica y, por tanto, el control de peso ya la prevención de la . En esta búsqueda participan dos de los investigadores del grupo de investigación sobre , , Crecimiento y Salud Mental de la URV, Mónica Bulló y Jordi Salas.

Las personas con obesidad tienen dificultades para perder peso y, sobre todo, para no recuperar el peso perdido. Habitualmente las personas obesas y con sobrepeso no se sienten saciadas después de las comidas, en parte porque los alimentos con alta densidad calórica influyen poco en las señales hormonales gastrointestinales, que son los que activan las sensaciones de satisfacción y saciedad. El proyecto europeo SATIN trata de aprovechar el conocimiento sobre cómo se expresa el hambre,-es decir, de qué manera los alimentos que ingerimos influyen en el comportamiento a la hora de comer y en el apetito-para crear productos nuevos o bien incorporar procesos nuevos en la elaboración de productos determinados, porque estos incrementen su capacidad saciante.

“No hay en la actualidad evidencias suficientes que existan productos saciantes. Sí hay alimentos que sacian a corto plazo, pero no hay evidencias científicas que tengan efectos a la larga “explica la investigadora Mónica Bulló. Lo que se está buscando son, precisamente, estas evidencias: “Se quiere evitar que las personas tengan que medicarse y conseguir que, con los propios alimentos puedan mejorar su salud, sobre todo cuando hablamos de obesidad uno de los problemas de salud pública considerados una epidemia”.

La primera fase del proyecto pasa por crear estas nuevas maneras de procesar alimentos. Principalmente se estudian tecnologías avanzadas de procesado (tecnologías de vacío, aplicación de enzimas, emulsión, secado, congelación, tratamiento térmico, modificación proteica y encapsulación) y se trabaja en introducir extractos vegetales (productos naturales, no sintetizados en un laboratorio) en un producto determinado, como en derivados del cereal, en matrices de pescado, en zumos, en sopas y purés y en algún alimento cárnico. Una vez se hayan elaborado estos “nuevos” alimentos se probarán sus efectos sobre la salud, primero en animales y luego en humanos. Se trata de que cualquier industria alimentaria pueda incorporar nuevas técnicas en los procesos de producción. No habrá una marca que lanzará estos productos, habrá una nueva “ingeniería alimentaria” que servirá a las industrias para que puedan sacar al mercado productos con efectos saciantes.

Por otro lado, también se trabaja el aspecto sensorial de los alimentos, para conseguir que se active la sensación o las señales de saciedad. “Si se concibe un olor determinado que active la sensación de saciedad, esta propiedad nos ayudará a conseguir este objetivo”, apunta Bulló.

El estudio en humanos

Una vez se hayan seleccionado los productos se llevarán a cabo los ensayos en humanos, que tendrán dos fases. La primera estudiará si, a corto plazo, aumentan las señales de saciedad y la segunda analizará si, tras una pérdida de peso, al introducir estos alimentos saciantes no hay un rebote y la persona no vuelve recuperar el peso que ha perdido. “Perder peso no es fácil, pero aún lo es menos mantener el peso perdido” explica Mónica Bulló que co-coordina el grupo de trabajo que se encarga de estudiar los efectos de estos productos a largo plazo. Es en esta parte del proyecto en el que participa la URV, concretamente el doctor Jordi Salas y la doctora Mónica Bulló, quien, junto con un grupo de investigadores de la Universidad de Liverpool y de la Universidad de Copenhague investigarán “como frenar este ganancia de peso posterior “.

Además, el grupo de la URV también participa en la elección de productos para comprobar si estos serán comestibles y si son recomendables: “No podemos hacer un producto que sacia si es un producto que no se puede aconsejar como alimento saludable”, apunta la doctora Bulló.

Para analizar los efectos a largo plazo de estos productos, el estudio se realizará en personas obesas que hayan perdido peso. Con la posterior ingesta de alimentos saciantes se comprobará si ganan o no y sí, con el tiempo, pueden mantener el peso que han conseguido tomar. Se prevé que el estudio se hará en unos 300 individuos. Esta fase del proyecto se pondrá en marcha a finales del año próximo y tendrá dos años de duración.

Productos de calidad y asequibles

El proyecto SATIN “Innovación hacia la saciedad” cuenta con la participación de especialistas en el control de la dieta de instituciones y empresas europeas – Bélgica, Dinamarca, España, Francia, Italia, Países Bajos, Austria, Suecia y Reino Unido ( la universidad de Liverpool coordina el proyecto) – que estudian los procesos biológicos que se producen en el estómago y en el encéfalo y que tienen relación con la sensación de saciedad.