Entrevista a Emilio Olías Ruiz, por Daniel Lumbreras Martínez

Catedrático de Tecnología Electrónica desde 1994. Se doctoró con una tesis sobre la , campo en el que es un gran experto. Trabajó como ingeniero de sistemas en la empresa pública Bull durante 5 años. Fue también un carismático Director de la Escuela Politécnica Superior durante dos mandatos consecutivos, de 2004 a 2012. Gran aficionado a Twitter y muy comprometido con la política educativa, sobre todo en el ámbito municipal.

¿Lo mejor y lo peor de su etapa como Director?

Lo mejor siempre está por venir y lo peor nunca se debe decir. Han sido unos años intensos, en los que he tenido oportunidad de conocer en profundidad a muchas personas vinculadas o no con la Universidad Carlos III de Madrid y con su Escuela Politécnica Superior, y entre todos y todas hemos vivido cambios profundos en muchos sentidos.

Lo mejor, sin duda, ha sido poder resolver algunas cosas. A veces pequeñas, a veces no tan pequeñas. Al resolverlas se han podido eliminar ciertos obstáculos que impedían el normal desarrollo de personas que merecían avanzar en el sentido que se habían propuesto.

Lo peor es no poder haber atendido todas las peticiones que han llegado y no haber tenido capacidad de resolver todos los problemas que han surgido. Nunca hay que estar satisfecho con esta situación. Siempre hay que pensar que se puede hacer mejor. Que se puede y que se debe mejorar.

En este sentido, considero que los planes de estudios adaptados al modelo de Espacio Europeo de Educación Superior, EEES (más conocido como modelo “Bolonia”) deben revisarse, porque se tomaron las decisiones con excesiva precipitación. El afán de querer ser los primeros nos obligó a dejar algunas consideraciones importantes en el camino. Ahora que tenemos los primeros titulados y podemos analizar cómo van a ser aceptados en la sociedad civil, tendremos una información muy valiosa para tratar de mejorar.

La Universidad debe tener la mejora continua en su pensamiento individual y colectivo. A pesar de las dificultades, que existen, hay que mantener el mejor estado de ánimo posible y trabajar para tratar de estar entre los mejores. Nuestros actuales y futuros estudiantes nos agradecerán esta actitud.

¿Cómo se puede compatibilizar la militancia en un partido político con ejercer un cargo de gestión en la universidad?

Tenemos una sociedad civil muy poco madura y, por tanto, se lleva mal. No es nada fácil, porque no hay tradición de compromiso político, en general, en la sociedad española. Llevamos muy pocos años en democracia y el lenguaje universitario es muy complejo, nada directo y poco dado a los mensajes claros y concretos. Si, como es mi caso, mi opción está en la militancia de base, todavía es peor. Yo tomé la decisión de solicitar afiliación política en la Agrupación del Partido Socialista Obrero Español en Leganés y llevo pocos años de militancia oficial.

Me costó mucho, personalmente, tomar esta decisión y cuando la tomé para mí fue una gran alegría. Salí de una indefinición de décadas para asumir un compromiso concreto con mis compañeros y compañeras socialistas de Leganes. Cuando esta decisión se toma, como fue mi caso, con 50 años, las expectativas de futuro político se complican.

Sin embargo, tras unos años de militancia activa, el balance es claramente positivo. He conocido personas fantásticas, con un grado de generosidad e implicación enorme, que nada tiene que ver con las noticias que nos sirve la prensa. Estoy arrepentido (y ya sin remedio) de no haber tomado esta decisión antes. He perdido la fuerza de la juventud, tan importante y necesaria para afrontar políticamente posturas individuales y colectivas.

También quisiera decir que he procurado distinguir muy claramente mi posición como Director de la Escuela Politécnica Superior de la Universidad Carlos III de Madrid, en el periodo que va desde 2004 hasta 2012, de mis planteamientos personales, procurando atender todas las cuestiones desde una posición racional y sensata.

Y también he conocido y apreciado lo que la ciudad de Leganés representa para la Universidad Carlos III de Madrid y lo que la Universidad Carlos III de Madrid representa para Leganés.

Vivir esas experiencias en primera persona ha sido todo un privilegio, del que me quedan muy buenos recuerdos y también muy buenos amigos.

El polémico periodista Salvador Sostres ha afirmado que el problema de la Educación en España es que “está en manos de la izquierda”. ¿Nos enfrentaremos siempre a esta politización de la Educación?

Aunque no comparto la mayoría de los razonamientos del Sr. Sostres, ni tampoco sus provocadoras formas de expresión, tengo que reconocerle parte de razón en su planteamiento.

No es cierto que la Educación esté en manos de la izquierda. Pero sí lo es que, cada vez que un partido político, sea de centro, de derechas o de izquierdas, ha conseguido mayoría absoluta en el periodo de convivencia democrática actual, ha planteado en el Parlamento del Estado una Ley educativa, que reformaba las bases de la anterior. Esto va camino de ocurrir por siete veces en menos de 40 años y éste y no otro es el verdadero problema de fondo.

La Educación, así con mayúsculas, debiera ser un ámbito propiedad de la sociedad civil y no de los gobernantes, cuyo horizonte suele ser el de una legislatura, periodo para el que han sido elegidos y no parecen tener la posibilidad de realizar sus actuaciones de gobierno más allá de este periodo de cuatro años.

No hay sociedad que aguante reformas y contrarreformas constantes. No es posible, con ellas, mantener lo que funciona bien y corregir lo que funciona mal, porque, cuando se busca una posición que resulte socialmente aceptable, se pierden todos los enfoques propiamente educativos y se entra en consideraciones que buscan votos y no tanto valores.

Politizar la Educación es un error. Al menos, y por si acaso estoy en lo cierto, se podría plantear un compromiso entre los políticos para proponer y trabajar por una Ley de la Educación que no se modificase en, digamos 25 años, para que pudiese cubrir todo el ciclo formativo completo y básico de, al menos, una generación. Sinceramente, no me parece descabellado y apuesto a que sería bastante mejor que cambiar los modelos educativos con cada mayoría absoluta.

¿Qué salvaría de la polémica o “Ley Wert”?

Salvaría la intención, que quiero suponer buena. Pero a este Gobierno y a cualquier otro le pediría insistentemente un proyecto educativo consensuado, para no ser modificado en un plazo de tiempo grande. Los partidos de la oposición, salvo alguna excepción, han declarado que, en cuanto tengan ocasión, la revocarán. Y lo creo. Es lo que ha pasado en las últimas décadas. Por eso no puedo apoyar el proyecto de la LOMCE. Porque nace desde la perversión para los modelos educativos que ya conocemos suponen las mayorías absolutas y porque no surge fruto de un acercamiento de posiciones, ni busca un consenso, ni modelo a medio o largo plazo. Más que responder a su pregunta, detallando asuntos que pudieran ser salvables, me temo que tendré que dedicar mis esfuerzos personales y muchos esfuerzos colectivos a salvar a las víctimas de este nuevo cambio de rumbo, sin saber a dónde se quiere ir. Basta leer los documentos firmados por los Rectores de la inmensa mayoría de las universidades españolas, para entender que ellos tampoco están satisfechos con la LOMCE, porque, entre otras cosas, no se les ha consultado apenas nada.

¿El futuro de los nuevos ingenieros pasa inevitablemente por Alemania?

No, en absoluto. El futuro de los nuevos ingenieros es inquietante, pero no hay que dejarse llevar por cantos de sirenas, que es lo que son algunas veces las llamadas que se producen. Esta situación no es más grave para ingenieros en comparación con otras profesiones. De hecho la demanda de ingenieros sigue siendo muy alta, ocupando los primeros puestos de las demandas de empleo en los últimos años.

Si queremos ser realistas en la respuesta, también hemos de considerar que España ha perdido capacidad industrial y tejido empresarial asociado, en las últimas décadas, de manera yo diría que dramática. Si no hay industria, no hay empleo directo para muchos ingenieros. Pero es que, además, los empleos indirectos también se resienten.

Apostar por ser un país de servicios, con todo respeto para quienes lo proponen, nos va a llevar a consolidar a nuestros jóvenes titulados como unos excelentes camareros y asistentes turísticos y de ocio; porque divertirnos, a pesar de la situación de crisis económica que padecemos, todavía lo sabemos hacer bastante bien.

Hay que volver a recuperar sectores industriales propios, competitivos y con proyección de futuro y hay que transmitir experiencias de éxito en estos sectores a nuestros jóvenes para que se animen a estudiar ingenierías y para que, posteriormente, sean líderes en las empresas y organizaciones en las que trabajen.
Mientras tanto, el dominio del español, del inglés y también del alemán, chino, árabe… no deben quedar fuera de las inquietudes de un joven actual tanto si es ingeniero como si no lo es. Además, debemos ser conscientes de que la formación de un titulado universitario tiene unos costes que son asumidos en buena parte por las familias del estudiantes y, en los casos de las universidades públicas, por la sociedad en su conjunto, a través de los impuestos. Estos costes sociales deben tener su posterior recuperación. Si formamos titulados para que salgan fuera estamos regalando lo mejor de nuestro patrimonio, que son nuestros jóvenes bien formados, sin pedir nada a cambio. Es sencillamente absurdo.

¿Un consejo para quienes quieran estudiar ?

Que disfruten aprendiendo desde el primer minuto. Que tengan siempre hambre de saber más y más y no piensen en conformarse simplemente con superar el listón. Afán por querer ser mejor cada día. Sin pensar en competir con los demás. Compitiendo con uno mismo. Es un conjunto de consejos que a mí me han funcionado bien y conozco mucha gente que los ha aplicado con éxito.

Científicos de su universidad han diseñado unas gafas inteligentes para profesores. ¿Qué aplicaciones pueden tener?

Cuidado con estas cosas. Las gafas inteligentes requieren profesores inteligentes; que las sepan aplicar, desarrollando todo su potencial. Las nuevas tecnologías, en general, ayudan a conseguir un mejor acceso a la información, pero hay que ser cuidadoso con esto, porque el estudiante está muy limitado cuando accede a la información. Normalmente no va más allá de lo que se le entrega y pone a su disposición. No toma iniciativa para ampliar conocimientos en libros o a través de trabajos prácticos. Y esto no se resuelve con unas gafas inteligentes para profesores inteligentes. Se resuelve con motivación y atención.

A mí personalmente me preocupa más el fondo de la transmisión de conocimientos que la forma. Mi apuesta va más por una enseñanza más individualizada y personalizada. A veces, tanto uso de las redes sociales y las tecnologías de comunicación nos aísla más de lo que nos conecta, porque pensamos que con ofrecer la información es suficiente y no nos fijamos en las especiales, únicas y particulares características de todas y cada una de las personas que están al otro lado de nuestra pantalla de ordenador, móvil, tableta, o lo que sea.

¿Qué potencialidades tiene España en energía solar fotovoltaica?

Sol y playa se suele decir. Por algo será. Sol hay mucho. Medido y contrastado, que nos hace poder aprovechar su energía durante un número de horas al año muy alto. Entre los más altos de la Unión Europea. Además, en las últimas décadas, se han desarrollado productos de tecnología española que se han comercializado en todo el mundo. Hay grupos de investigadores muy potentes, que tratamos de realizar nuestras aportaciones a escala internacional. En resumen, mucho Sol y mucha necesidad de energía, junto con una buena capacidad para atender y resolver cuestiones concretas y presentar al mundo soluciones ventajosas para las próximas décadas.

¿Puede España ser energéticamente independiente?

Cada día lo va siendo más. No es preciso llegar a los extremos, porque es muy importante garantizar la oferta energética y se podría entrar en riesgo muy alto si se apuesta sólo por un reducido número de elementos en la oferta de energía. Pero con sol, agua y viento se está cerca ya de conseguir que el 50% de la energía consumida pueda ser de origen renovable y con tecnología contrastada como válida para su aplicación. El otro 50 % todavía depende del exterior y hay que tener esta situación muy presente.

¿Qué es el “déficit tarifario” del que tanto se habla, y cómo podemos combatirlo?

Hay quien dice que pagamos la energía eléctrica a un precio más bajo que el que cuesta producirla. Eso se entiende bien. Si un litro de leche, producida en Asturias, por ejemplo, costase 90 céntimos de euro y lo tuviésemos que vender, por imperativo legal, a 60 céntimos, estaríamos perdiendo 30 céntimos en la venta de cada litro de leche. Pero hay quien opina que esto del déficit tarifario es un invento de las compañías eléctricas españolas para estar siempre presionando a los gobiernos y forzar una subida de tarifas eléctricas, que mantenga una situación de práctico oligopolio en el sector, sin competencia en los precios, con beneficios importantes para los accionistas y sueldos interesantes para los miembros de los Consejos de Administración; por cierto, llenos de políticos de primera, segunda y tercera filas, que cuando dejan el cargo político ven en el sector eléctrico un futuro profesional muy apetecible.

Mi posición al respecto es bastante crítica, porque encuentro argumentos muy poco claros respecto a esto que hemos llamado “déficit tarifario”. Por ejemplo, no entiendo bien cómo una empresa puede tener un “déficit” tan aparentemente grande y luego dar dividendos a sus accionistas. No tener expedientes de regulación de empleo. No tener que cerrar ninguno de sus centros de producción o distribución y contratar a expresidentes del Gobierno de España para que les asesoren y apoyen en sus actividades nacionales e internacionales con unos sueldos estupendos. No me parece creíble el “déficit tarifario” si contrasto lo que veo. Me parece más una situación de abuso hacia el consumidor, que es quien siempre acaba pagando estas decisiones, como vamos viendo a lo largo de los años, con subidas enormes del precio de la energía eléctrica, que parecen no tener fin.

¿Cuándo los productos de electrónica serán accesibles para todo el planeta?

Cuando existan personas que valgan porque ganan poco dinero. Mientras que las tecnologías se asocien a fortunas, no hay mucho que hacer. Y mientras que nos preguntemos por electrónica accesible para todo el planeta, cuando no hay agua accesible para todo el planeta, tampoco.

¿Recomendaría a todos sus colegas docentes abrir una cuenta en Twitter?

Más que recomendar, sugeriría que, con toda libertad, decidiesen si quieren hacerlo o no. Las redes sociales, si se quieren utilizar activamente, requieren dedicación y tiempo, que no siempre se dispone o que hay que quitar de otras cosas, también importantes. En mi caso, me ayuda mucho ser usuario habitual del transporte público y dormir a 60 kilómetros de donde trabajo y vivo. En estos trayectos, aprovecho para conocer información, que, en Twitter por ejemplo, en forma de mensajes cortos, puede ser muy dinámica y transmitir una visión panorámica de la situación social en la que uno vive. También es muy útil en determinados ámbitos. Con amigos, en aspectos culturales, políticos, médicos… Hay muchos grupos de trabajo con los que intercambio información y opinión a través de las redes. Es una cada vez menos nueva forma de comunicación, que nunca cambiaré por una mirada directa a los ojos de mis interlocutores.

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