Entrevista a Yuko Morimoto, por Daniel Lumbreras Martínez

Profesora Titular de Lengua Española en la Universidad Carlos III, anteriormente en la Pontificia de Comillas. Es originaria de Japón, donde se licenció en Letras (Estudios Hispánicos) por la Universidad Sofía de Tokio. Becada por el Ministerio de Asuntos Exteriores de España se doctoró en la Universidad Complutense de Madrid con una tesis sobre los verbos de movimiento en español. A lo largo de su trayectoria docente, se ha dedicado tanto a la enseñanza de español como de japonés; y además ha impartido numerosos cursos de traducción entre ambos idiomas. Se dedica principalmente a investigar sobre Lingüística teórica, Gramática española y Teoría del léxico. Participa activamente en conferencias y congresos internacionales. Su última monografía es El artículo en español (Castalia, 2011).

¿Alguna vez se ha sentido minusvalorada como profesora de español por el hecho de ser japonesa?

Esto sí que es ir al grano… Pues, soy consciente de lo inusual que resulta encontrar casos como el mío, al menos en España. Por lo tanto, la primera reacción de quien no me conoce suele ser de sorpresa, de incredulidad, etc., cosa que entiendo perfectamente. Si hablamos de los alumnos, superado ese primer choque, digamos a los cinco minutos de la primera sesión, suelen centrarse en otras cuestiones más interesantes, que pueden o no estar relacionadas con lo que les cuento -se ríe-.

De todos modos, no negaría que pudiera haber personas que no quisieran entender que los conocimientos científicos de una lengua no guardan una relación directa con el hecho de ser hablante nativa de esa lengua. Sin ir más lejos, aquí mismo, en las universidades españolas, hay muchos profesores españoles especialistas en diversas filologías extranjeras (inglesa, alemana, italiana, etc.) y sus lingüísticas. Por otro lado, sé perfectamente que mis compañeros de área están donde están por el hecho de ser excelentísimos docentes e investigadores de la materia, y no precisamente por ser hablantes nativos del español.

¿Notó alguna diferencia al cambiar de una universidad privada a una pública?

Cada institución tiene su cultura propia, su sistema de funcionamiento, con unas normas no necesariamente explicitas; por lo tanto, al cambiar, tuve que sufrir una especie de choque cultural. Pero, para ser sincera, en aquellos momentos no pude fijarme mucho en esas diferencias, digamos, institucionales, porque de ser profesora de lengua japonesa y su traducción pasaba a ser profesora de lengua española. Aunque fue un cambio deseado, porque así lograba una mayor coherencia entre mis intereses investigadores y mis actividades docentes, reconozco que la adaptación me absorbió por completo. Por otro lado, doy mucha importancia al ambiente y funcionamiento del área, del departamento, de los cursos que imparto, en fin, de lo que me rodea directamente; y, en este sentido, me he sentido siempre muy afortunada tanto en la Pontificia Comillas como en la Carlos III.

¿A quién le cuesta menos: a los japoneses hablar español o a los españoles hablando japonés?

Si nos limitamos a lo oral, teóricamente no debería haber mucha diferencia, porque la distancia que tenemos que recorrer, me refiero a la que existe entre la lengua materna y la lengua objeto de aprendizaje, es la misma. Lo que ocurre es que para la mayoría de los japoneses, el español no suele ser la primera lengua europea que estudian, lo que nos otorga cierta ventaja, sobre todo, en la etapa inicial de aprendizaje. Además, no olvidemos que el sistema gráfico japonés es mucho más complejo que el español, debido fundamentalmente al uso del logograma kanji, de origen chino, que poseen significado léxico o, en ocasiones, gramatical. Aunque es posible representar los sonidos de la lengua japonesa mediante los alfabetos latinos, creo que sin un buen dominio de los kanji resulta bastante difícil pasar de cierto nivel inicial en el estudio de la lengua japonesa.

Cuando traducimos del japonés al español, y viceversa, ¿qué matices se pierden?

El otro día, una amiga japonesa que está estudiando español me preguntó el significado exacto de rollo y me señaló tres ejemplos con esa palabra: buen rollo; ¡Qué rollo!; Aquí cada uno va a su rollo. Obviamente, tuve que optar por una correspondencia total, de toda la expresión, pero no me sentí demasiado convencida de mi propia explicación, sobre todo porque ella quería captar el valor semántico de la palabra rollo. Entre dos lenguas tan distantes como el español y el japonés, con bastante frecuencia hemos de buscar una equivalencia en el nivel de enunciados y no de palabras ni siquiera de oraciones.

¿A qué se debe que algunos hablantes rechacen o se comporten como si no existieran los últimos cambios introducidos por la Ortografía de la RAE en 2010?

He oído en varias ocasiones comentarios del tipo “No sé cómo unos señores, por muy académicos que sean, pueden decidir qué tenemos que hacer con nuestra lengua”. Lo que pasa es que al rechazar los cambios esas mismas personas están siendo un poco “esclavos” de otras normas anteriores, probablemente formulados por otros “señores” académicos. No deberíamos asustarnos con los cambios en la norma; aun siendo discutible cualquier modificación que se proponga, debemos valorar la suerte que tenemos al contar con una serie de normas panhispánicas, de todos los usuarios de esta lengua, accesibles y claramente enunciadas. Habría que imaginar el caos que supondría carecer de ellas. Utilizando la metáfora preferida de mi maestro, D. Ignacio Bosque, sería parecido a un mundo sin normas de circulación… Las normas se pueden mejorar o adaptar a las nuevas circunstancias, pero un mundo sin normas de circulación no nos permitiría siquiera pensar en esas mejoras; simplemente, sería un caos.

¿Cuáles son los principales cambios que ha encontrado en la gramática del español en los últimos años?

Si hablamos de la gramática como disciplina, desde mi punto de vista, percibo una clara tendencia integradora. En este sentido, tiene un valor incalculable el esfuerzo realizado por la asociación de academias de la lengua española, que logró que la Nueva gramática sea una obra consensuada por las 22 academias de la lengua, con todo lo que implica…

¿Existen leyes lingüísticas comunes a todos los idiomas?

Todas las lenguas pueden considerarse manifestaciones concretas de la capacidad humana llamada lenguaje y, como tales, a pesar de las diferencias existentes entre sí, deben compartir una serie de reglas o principios comunes. La búsqueda de los universales forma parte fundamental de las tareas de la Lingüística General.

¿Se ha conseguido describir por completo la gramática del español?

No sé si entiendo bien la pregunta. ¿Te refieres a si es necesario seguir estudiando la gramática después de unas obras tan completas como la Gramática descriptiva de la lengua española (1999, Espasa-Calpe) y la Nueva gramática académica (Nueva gramática de la lengua española, 2009, Espasa-Calpe)? La respuesta es claramente afirmativa y no solo porque el objeto de descripción es algo que evoluciona a lo largo del tiempo, sino también, y diría fundamentalmente, porque la teoría gramatical y sus instrumentos de análisis, como en cualquier disciplina científica, se desarrollan de forma constante, de modo que siempre habrá nuevos intereses, nuevas dudas y nuevas formas de entender los fenómenos gramaticales.

¿Se perdió el arte de la conversación con la popularización de Internet y el lenguaje SMS?

No hay que ser alarmistas, creo. No me parece preocupante que aprovechemos los avances tecnológicos para una búsqueda de información más rápida y eficaz ni que utilicemos un código especial para comunicarnos por el teléfono móvil. Lo que sí me choca es observar, con cierta frecuencia, parejas o, incluso, familias enteras con sus miembros totalmente embebidos en sus respectivos dispositivos electrónicos. Aunque este fenómeno tenga la ventaja de aportar un poco más de silencio en algunos lugares públicos como los vagones de tren, resulta un poco triste que dejemos de apreciar la comunicación directa, presencial, en el “mundo real”.

¿Hacia dónde va el español?

No me considero autorizada a contestar a esta pregunta.

Pero sí puedo señalar algunos factores que pueden ser determinantes para que el español siga gozando de la misma o, incluso, de mayor potencia, desde el punto de vista de su enseñanza como lengua extranjera. La primera sería cuidar mucho la producción y divulgación cultural: no olvidemos que son numerosas las personas que deciden estudiar español atraídas por las múltiples manifestaciones de la cultura hispanoamericana, de España y de América. También sería deseable que el español no pierda su fuerza como lengua de comunicación científica. En la mayoría de las disciplinas, el inglés se considera como lengua franca y no tengo nada en contra de este hecho; no obstante, creo que deberíamos intentar no dejar de producir trabajos científicos en español, a pesar de que en las universidades españolas parecen premiar más el hecho de publicar en inglés. Sería bueno que los trabajos más citados sobre los adjetivos calificativos en español, por ejemplo, puedan consultarse en español, lo cual motivaría a los investigadores no nativos a aprender e, incluso, publicar en esa lengua.

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