UNIVERSIDAD DE NAVARRA

Sancho Guindano, alumno de 4º de Educación Primaria de la Universidad de Navarra, ha hecho prácticas este verano en la India

“La educación es un arma letal, es la puerta a una vida digna”. Así resume el navarro Sancho Guindano, estudiante de 4º de Educación Primaria de la Universidad de Navarra, sus dos meses de prácticas este verano en Ankleshwar, una misión de los Padres Jesuitas en el Estado de Gujarat, al Noroeste de la India.

Sancho Guindano, natural de Javier, explica cómo los Jesuitas educan a esos niños para que en un futuro puedan conseguir un trabajo digno. “La misión cuenta con una escuela y un internado. En total hay unos 600 niños y niñas de los que en la India llaman ‘intocables’, la casta más baja: las tribus adhivasis. En su mayoría son hindús y musulmanes, y una pequeña minoría de católicos. La religión no es un impedimento para ingresar en el colegio”.

Allí se habla gujarati, una lengua indo-aria que tiene un alfabeto distinto. “Me topé con la dificultad del idioma -sigue Sancho-, por eso impartir las clases que pretendía fue todo un reto”. A los pocos días de llegar allí se encontró con unas baterías que estaban inservibles y una guitarra. “Tenía material suficiente para organizar un Aula de Música a la que se apuntaron 20 alumnos”. El primer día lo dedicaron a recomponer los bombos y las cajas. “Tienen otro ritmo -asegura Sancho-. Les enseñé coordinación de las dos manos y a llevar el tiempo”.

Sancho ha regresado a Pamplona con muchas ganas de volver a Gujarat, y con el convencimiento de que ahora ve las cosas de otra manera. “Lo material no da la felicidad. Esos niños no tienen nada, muchos no tienen ni zapatos ni ropa interior, y comen solo dos platos al día; sin embargo, sus rostros son el espejo de la alegría. Con 100 euros podemos dar de comer y escolarizar a un chico durante un año”.