UNIVERSIDAD DE LAS PALMAS DE GRAN CANARIA

Un investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria ha liderado un estudio realizado en Belfast (Irlanda del Norte, Reino Unido) que analiza la disposición a practicar estilos de vida más saludables por parte de población en mayor riesgo de sufrir accidentes cardiovasculares. El trabajo concluye que efectivamente, los individuos están dispuestos a mejorar sus hábitos alimenticios y aumentar el ejercicio moderado si son correctamente informados de los riesgos en los que incurren. El estudio demuestra, además que las personas con sobrepeso prefieren hacer ejercicio en lugar de seguir una dieta.

, del Departamento de Análisis Económico Aplicado y del Instituto TIDES, ha colaborado con investigadores de la School of Biological Sciences de la Queen’s University de Belfast y, fruto de ese trabajo, es la publicación de un artículo de investigación titulado “Disposición a cambiar de estilo de vida: dieta, ejercicio físico y el riesgo de sufrir ”.

El artículo ha sido publicado en la revista internacional Social Science & Medicine, una de las más importantes en el ámbito de la salud y las ciencias sociales, con un índice de impacto 3,66 y que cuenta con cuatro estrellas (el grupo de más categoría) en la guía de calidad de publicaciones de la Asociación de Escuelas de Negocios – ABS, en sus siglas en inglés.

El artículo analiza, a partir de una encuesta realizada en Irlanda del Norte, la disposición a practicar estilos de vida más saludable en individuos situados en un rango de edades entre 40 y 65. Usando la técnica conocida como preferencias declaradas, se les ofrecieron escenarios hipotéticos con diferentes estilos de vida. Cada opción se describió en términos de dieta y ejercicio físico e implicaba una disminución del riesgo real de sufrir un ataque al corazón. Inicialmente se estableció el status quo del sujeto a partir de su información clínica. Siguiendo un algoritmo especial, conocidos sus hábitos alimentarios, fue posible diseñar, para cada individuo una modificación de estos hábitos, reduciendo la ingestión de grasas e incrementando el ejercicio de forma moderada, estableciendo así una reducción hipotética de su riesgo cardiovascular.

Los sujetos eligieron, sobre el papel, si están dispuestos a cambiar de vida a cambio de obtener estos beneficios en términos de salud, materializados en una reducción del riesgo porcentual de sufrir un ataque cardiaco.

El individuo partía con el conocimiento real de su riesgo, y este nivel se reduce si es capaz de cambiar de tipo de vida. Como el experimento incluye determinado coste (se supone que debe aumentar la ingesta de frutas y verduras frescas y aumentar la actividad física también puede conllevar cierto coste) los resultados incluyen la disposición a pagar por cada atributo del experimento (ejercicio, dieta, reducción del riesgo).

Los resultados muestran que los individuos prefieren hacer ejercicio antes que modificar sus hábitos de alimentación, aunque también están dispuestos a reducir determinados elementos de su dieta que resultan especialmente dañinos. Las mujeres son más proclives a la dieta que los hombres, más favorables al deporte.

Esta investigación es muy novedosa por la forma en la que se obtuvieron los datos: información real sobre la dieta del sujeto y su riesgo real de sufrir enfermedades cardiovasculares, lo que hace que el experimento sea muy realista y, además, es la primera vez que se plantea un experimento de este tipo, ya que normalmente los experimentos que usan preferencias declaradas para evaluar el riesgo en los hábitos alimenticios plantean una elección entre diferentes variaciones de un mismo bien (por ejemplo, leche natural y leche de vacas genéticamente alteradas). En esta ocasión el riesgo está tratado ad hoc por individuo, a partir de los datos de su historial clínico. El modelo generaba automáticamente una dieta basada en sus datos de consumo real.