UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

El rector de la UPO y el presidente del Parlamento andaluz presentan el estudio “El perfil del poder. Radiografía de los parlamentarios andaluces (2008-2012)” elaborado por los profesores , de la UPO, y Antonio M. Jaime, de la UMA

Se trata de un trabajo pionero que se basa en una encuesta presencial a una muestra de 60 diputados autonómicos

El 84 por ciento de los parlamentarios andaluces considera que debería reformarse la , según una las conclusiones del estudio “El perfil del poder. Radiografía de los parlamentarios andaluces (2008-2012)”, elaborado por Xavier Coller, catedrático de Sociología de la UPO, y por Antonio M. Jaime, profesor de Sociología de la Universidad de Málaga, que ha sido presentado hoy en la Universidad Pablo de Olavide por el presidente del Parlamento de Andalucía, Manuel Gracia, y por el rector de la Universidad Pablo de Olavide, Vicente Guzmán.

Este estudio “contribuye a poder evaluar más acertadamente a quienes nos dedicamos en estos momentos a la política”, ha afirmado el presidente del Parlamento de Andalucía, para quien “la recuperación y el prestigio de lo público serán posibles si actuamos con transparencia, con cercanía y con la participación de la ciudadanía”.

Por su parte, el rector de la UPO ha señalado que “a través de estudios como éste la Universidad se reinvidica con investigaciones bien hechas, que tienen un valor para la sociedad a la que van dirigidas”.

Este estudio pionero se basa en una encuesta presencial a una muestra de 60 parlamentarios andaluces y que forma parte de un estudio más amplio a 589 diputados autonómicos, senadores y miembros del Congreso de los Diputados, y que intenta dar a conocer quiénes son nuestros diputados, cómo llegan al Parlamento, qué hacen allí y qué piensan sobre asuntos relevantes para la ciudadanía y la vida política andaluza y española.

El estudio ha sido editado por el Parlamento de Andalucía y consta de ocho capítulos donde se tratan aspectos como el perfil social, la selección y el reclutamiento de los parlamentarios, las motivaciones para dedicarse a la política, las formas de representación, el desarrollo de las tareas parlamentarias, la identidad colectiva, la reproducción ideológica y las explicaciones de la desconfianza hacia la política, y las relaciones con Europa.

El perfil social de los parlamentarios es el de un varón (54%) de mediana edad (47 años), casado, con al menos un hijo y nacido en Andalucía. Ha estudiado en centros públicos, tiene una carrera universitaria, suele ser abogado o docente, creyente e implicado en acciones cívicas durante su juventud. Entienden que su profesión previa les ha ayudado a manejarse en la arena política y que, también, la experiencia en la política puede ayudarles en su vuelta a la vida habitual en términos de gestión de la realidad, conocimientos legales, y una visión más global.

Los diputados suelen atribuir a los líderes regionales y locales la mayor capacidad para configurar las listas electorales, aunque también entienden que la selección que se desarrolla en los partidos suele combinar elementos democráticos y meritocráticos. La vocación política deriva fundamentalmente de la socialización familiar (el 39% tienen familiares dedicados a la política) y de experiencias personales y colectivas (como la transición o la lucha contra la dictadura) en combinación con la voluntad de servicio público y de trasformación de la realidad. A poco más de un tercio les gustaría repetir, y un 42% prefiere la vida política municipal para el futuro (especialmente entre las mujeres). Los parlamentarios resienten la pérdida de privacidad, la falta de posibilidades de conciliar la vida familiar con la parlamentaria y la intensidad de su trabajo.

Los diputados suelen tener contactos frecuentes con la sociedad civil y lo más habitual es que se les contacte por medios informáticos (correo electrónico, redes sociales) o por teléfono. En términos generales, entienden que deben tratar de descubrir lo que piensan los electores y trasladarlo a la cámara (61%), y una buena porción (58%) entiende que se debería acceder a los parlamentos por la valía personal de los individuos, no por la existencia de cuotas (58%), aunque casi la mitad (47%) entiende que las cuotas deben ser medidas temporales, reducen la subrepresentación de las mujeres (58%) e incrementan la legitimidad de los parlamentos (67%).

La mayor parte de diputados (85%) acepta la disciplina de partido aunque prefieren hacer constar su opinión discordante y, en el caso de que se decida abandonar el partido, el 98% cree que se debería renunciar al escaño para que lo ocupe otra persona. A partir de las percepciones de los entrevistados/as se comprueba que el sistema electoral proporcional basado en listas cerradas y bloqueadas tiene dos efectos principales: por un lado, genera una elevada disciplina de partido y grupos parlamentarios cohesionados; por otro, produce una forma específica de profesionalización política en el interior de los partidos con niveles relativamente bajos de especialización legislativa (“amateurismo legislativo”), como consecuencia de la alta tasa de rotación parlamentaria en las carreras políticas.

No hay duda de que los diputados se sienten españoles y andaluces (83%), ilustrando una identidad dual poco reconocida por el nacionalismo. Para la gran mayoría (83%), ser andaluz es algo especial, particularmente para los más jóvenes, y este “ser especial” se concreta en una cultura, un sentimiento de pertenencia, una identificación con un colectivo en combinación con sentimientos de orgullo y satisfacción. El nacionalismo andaluz es más bajo (2.99 de media) que el español (4.59), aunque lo que impera es un cierto regionalismo (5.76) que casa con la identidad dual. Hay un cierto agravio histórico que no empuja hacia una reivindicación de más competencias entre los diputados, aunque sí un cierto descontento con el nivel de financiación (67%).

La Cámara andaluza tiene una media ideológica del 4.37. Aunque hay diferencias por partidos, como es de esperar (IU 2, PSOE 3.2 y PP 5.7), existe congruencia entre la ideología media de los diputados de un grupo y la que atribuyen a su partido. La ideología de los diputados está estrechamente vinculada a la de sus familias, lo que permite hablar de una cierta reproducción ideológica. Hay una cierta coincidencia en las causas del desprestigio de la política, que la achacan a la corrupción de algunos políticos, la crispación de la vida política cotidiana y las críticas de los medios de comunicación. Estos factores también son referidos como los más importantes para explicar la desconfianza hacia los partidos, en combinación con la acusación de la falta de contacto con los problemas reales de la gente.

La gran mayoría de los parlamentarios (84%) cree que debería reformarse la Constitución, especialmente en lo que se refiere a la Corona (sucesión), la organización territorial del Estado y el Senado. Más de tres cuartas partes de los diputados creen que el Senado debería convertirse en cámara de representación territorial, aunque más de dos tercios creen que deberían ser elegidos por el sistema actual o uno similar.

Europa es la asignatura pendiente de los diputados andaluces. España es uno de los grandes receptores de las ayudas comunitarias en Europa. De la misma manera, tanto el Estado central como los representantes de las comunidades autónomas están muy presentes en las instituciones comunitarias. Sin embargo, apenas hay indicios de este proceso de “europeización” entre los diputados. Dichos representantes colaboran poco con sus homólogos extranjeros. Además, pocos perciben las instituciones de la Unión Europea como una posible salida laboral. A la postre, la mayoría de sus señorías se muestra muy pesimista en cuanto al papel de los parlamentos españoles en la esfera europea. A fin de cuentas, la buena imagen de la que goza la integración europea en España parece más motivada por un cierto desconocimiento que por un interés real.