UNIVERSIDAD DE DEUSTO

El ‘ministro’ de Cultura del ha señalado que la ciencia y la religión tienen necesidad la una de la otra para completarse en la mente de un hombre que piensa seriamente

El obispo de Bilbao ha ejercicio de padrino y ha ofrecido la ‘laudatio’ en la que ha destacado la importancia de desarrollar el pensamiento en la perspectiva de la complejidad

El Rector ha agradecido al nuevo doctor su capacidad de abrir puertas y ser creativo en la forma en la que la Iglesia está presente en el mundo

La Universidad de Deusto ha nombrado hoy, día 4 de marzo, por la Facultad de Teología al , Presidente del Pontificio Consejo de la Cultura. Su relevante contribución a la potenciación del diálogo entre la fe y la cultura, muy específicamente a través de la difusión internacional del Atrio de los Gentiles, un foro de diálogo entre creyentes y no creyentes que ha tenido y tiene un grandísimo eco social, cultural, eclesial y mediático en las ciudades en las que se ha celebrado, son las razones principales por las que se le ha otorgado este honor.

El Obispo de Bilbao Mario Iceta ha ejercido de padrino y ha sido el encargado de hacer la “Laudatio” del ‘ministro’ de Cultura del Papa Francisco, un texto en el que ha hablado sobre la importancia de desarrollar el pensamiento en la perspectiva de la complejidad. A su juicio los distintos conocimientos están en permanente expansión y esa provisionalidad es la que los agranda constantemente. De ahí, el valor del pensamiento del Cardenal Ravasi que se ha sentido llamado a abrir el diálogo fecundo y creador de nuevos espacios de encuentro con las manifestaciones múltiples del conocimiento.

Citando a pensadores e intelectuales, el Obispo de Bilbao ha destacado la necesidad de preparar la mente humana para pensar diversas disciplinas, alcanzando una mente sintética y creativa que facilite una inteligencia respetuosa con la diversidad. Asegura que para ello se necesita una actitud nueva que cree que el Cardenal Ravasi ha demostrado sobradamente.
Tras el Obispo de Bilbao, ha tomado la palabra Gianfranco Ravasi quien se ha mostrado muy agradecido por el honor de pertenecer a la Universidad de Deusto, que cuenta entre sus miembros más insignes con el Beato Hermano Gárate, el humilde portero que desde aquella alta cátedra impartió las mejores lecciones de vida.
Su intervención ha versado sobre los desafíos que los nuevos y espectaculares avances de las ciencias, especialmente los que atañen directamente al hombre, plantean a la teología y a la vida cristiana. Al respecto, ha señalado que la tendencia actual es, cada vez más, a que la ciencia y la religión se muevan según un respeto recíproco y coherente: la ciencia se dedica a los hechos, a los datos, al «cómo»; la metafísica y la religión se consagran a los valores, a los significados últimos, al «por qué», según protocolos de investigación específicos. Y ha defendido que entre ambos campos tiene que haber un diálogo que tiene que continuar y progresar en profundidad y amplitud.
Según su opinión, este diálogo se tiene que hacer sin miedo y aislamiento, para que cada disciplina se enriquezca, nutra y provoque a la otra a ser plenamente lo que debe ser y contribuya a una visión de lo que somos y hacia dónde vamos. Distinción, pero no separación, pues, entre ciencia y fe. Y es que, como ha defendido, la ciencia y religión no están en contraste, sino que tienen necesidad la una de la otra para completarse en la mente de un hombre que piensa seriamente. Se trata de un diálogo epistemológicamente riguroso y respetuoso, incluso necesario.
El último en intervenir ha sido el rector José María Guibert, muy satisfecho por la celebración de este acto académico que se celebra en el contexto del recién concluido Año de la Fe y la celebración del 50º aniversario del inicio del Concilio Vaticano II. En memoria de ese concilio importante, Deusto quiso realizar un gesto que se ha concretado en conceder el máximo grado académico a una de las personas que con mas inteligencia y decisión se ha consagrado a una de las intuiciones que sobresalieron en dicho concilio: el dialogo entre la Iglesia y el mundo.
Monseñor Ravasi tiene además, desde hace casi siete años, el encargo de presidir el Pontificio Consejo de la Cultura, un Consejo que fue creado en 1982 con la finalidad de promover los grandes objetivos que el Concilio Ecuménico Vaticano II se ha propuesto sobre las relaciones entre la Iglesia y la cultura.

Uno de los grandes eruditos católicos del diálogo entre fe y cultura, teólogo y biblista, el Cardenal Ravasi ha llevado por diversas capitales de Europa el llamado “Atrio de los Gentiles”. Este movimiento aboga por un diálogo, respetuoso e inteligente, que invita a que los no creyentes conozcan mejor la cultura cristiana; y también pide que los católicos sean más rigurosos al debatir con la cultura plural y posmoderna actual. En palabras del Cardenal, no se trata de un “duelo” entre creyentes y no creyentes, sino mejor un “dúo”, en el que “las voces pueden pertenecer a las antípodas sonoras, como un bajo y un soprano, y sin embargo logran crear armonía”.

El Rector Guibert también ha hablado en su discurso sobre la renovación de la Compañía de Jesús y de cómo los jesuitas se decidieron hace unos años por entender su identidad y misión desde la defensa de la fe y la promoción de la justicia. Una misión que, en los años noventa, introdujo la dimensión cultura e inculturación, y la dimensión diálogo, diálogo interreligioso. Estos conceptos quieren decir que no se puede entender el promover la fe sin promover la justicia, y éstas, sin promover el diálogo cultural y religioso.

Estas intuiciones también se recogen en el proyecto de UNIJES que dice que la misión de los centros superiores de la Compañía de Jesús es inculturar el evangelio y participar en los debates fronterizos de nuestro tiempo y, de manera especial, en el debate fe-ciencia fe-justicia, diálogo interreligioso e intercultura. Y es que incidir en la cultura es lo propio de la actividad universitaria. Por todo ello, el Rector ha querido agradecer a Monseñor Ravasi su dedicación a la fe y a la cultura y su capacidad de abrir puertas y ser creativo en la forma en la que la Iglesia está presente en el mundo.

Las últimas palabras de José María Guibert las ha dedicado a la Facultad de Teología de la Universidad que, en los últimos años, ha creado varios programas nuevos, colaborando con otros centros de la universidad, de la diócesis o de otras universidades, y se ha introducido en la modalidad online con mucha decisión logrando así cientos de alumnos.

Su discurso ha cerrado la ceremonia académica de mayor rango universitario y en la que no ha faltado la tradicional imposición de los atributos universitarios que son: la medalla como distintivo y muestra de la incorporación a la Universidad de Deusto; el Anillo emblema del privilegio de firmar y sellar, y símbolo de la unión con la ciencia; el Libro en señal de la Ciencia que “os cumple difundir y adelantar”; y el birrete laureado, antiguo y venerado distintivo del magisterio y premio tradicional en la Academia por los trabajos realizados. Todos estos honores han finalizado con el abrazo de incorporación a la Universidad de Deusto, entre el nuevo doctor honoris causa y el Rector.