UNIVERSIDAD POLITÉCNICA DE MADRID

“Por un ambiente más tranquilo, controla tu ruido” es el lema del Día Internacional de la Concienciación Frente al Ruido 2014, que se celebra el 30 de abril, con el objetivo de sensibilizar a la población.

Por CÉSAR ASENSIO

Sí, efectivamente, el ruido afecta a la salud de las personas de diferentes maneras. Las más obvias se refieren a la audición. Quien más y quien menos tiene la idea clara de que exponerse a niveles de ruido elevados puede provocar una sordera. Esto pasa en determinados ambientes laborales, donde el trabajador está expuesto durante toda su jornada, día tras día, a niveles de ruido que superan los 80 dBA. También puede pasar, de alguna manera por la sobreexposición al ruido que puede provocar un uso inadecuado de auriculares o cascos. Sin embargo, este riesgo no es habitual cuando nos referimos al ruido ambiental que invade nuestras calles.

¿Cómo nos afecta el ruido ambiental? Para intentar explicarlo, me gustaría realizar una distinción entre dos conceptos diferenciados, que a menudo se confunden con una sola palabra: “ruido”.

Ruido agresor

El primer concepto, lo denominaré “ruido agresor”, y es lo primero que se le viene a cualquiera a la cabeza al hablar del ruido ambiental. Con esta idea me refiero a ese claxon, a los taconazos o martillazos de los vecinos, a los ladridos de perros…, en fin, todo ese sonido que nos ha fastidiado una siesta, o nos agobiado cuando intentábamos estudiar. Sus efectos suelen producirse en el corto plazo y tienen una gran componente subjetiva, por lo que sólo el que lo sufre de forma continuada sabe realmente el sufrimiento que puede producir. El ruido agresor puede convertirse en un problema de salud para personas concretas, con nombres y apellidos, y por lo general también está originado por un foco fácilmente identificable. En los últimos meses, el ruido agresor más famoso de nuestro país, ha sido sin duda el sonido de un piano.

En muchas ocasiones el ruido agresor está íntimamente ligado a problemas de convivencia y civismo. Cuando el tema llega a mayores, el sonómetro y los decibelios se convierten en jueces, dirimiendo las diferencias entre agresor y agredido.

El ruido agresor puede llegar a ser insufrible provocando molestias, pérdida de sueño, nerviosismo o estrés. Estos efectos directos, a su vez, pueden desencadenar con el tiempo efectos indirectos de mayor gravedad para la salud. Afortunadamente, el ruido agresor afecta a una parte muy pequeña de la población, y cada día más, la administración habilita mecanismos para solucionar este problema (licencias y horarios de apertura, inspecciones de ruido en viviendas y vehículos, exigencias de aislamiento acústico, etc).

El segundo concepto al que me refiero en este artículo es la contaminación acústica. La contaminación está presente, en mayor o menor medida, en nuestras casas, nuestros parques, nuestras calles… Pero, a pesar de ello, y al igual que ocurría hace décadas con la contaminación del aire, no existe una clara concienciación de la población y las administraciones respecto de la amenaza que supone la contaminación acústica.

La contaminación acústica produce pérdida de bienestar en la ciudadanía, pero también afecta a la salud. No se trata de efectos inmediatos, sino efectos provocados por la exposición al ruido en el largo plazo. En muchas ocasiones, ni siquiera somos conscientes de los efectos que el ruido nos provoca, pero suponen un problema de salud pública, que van más allá de la subjetividad de cada una de las personas expuestas.

La contaminación acústica puede producir efectos nocivos para la salud, incluso aunque no nos percatemos de la presencia del ruido. Un ambiente menos silencioso de lo necesario en el descanso, en el ocio o en el trabajo, día tras día, puede provocar, entre otros efectos, estrés o deterioro del descanso (asociado a la reducción del número de horas de sueño, o a la pérdida de calidad del mismo). Existen múltiples evidencias científicas que establecen la relación entre la contaminación acústica y distintos tipos de enfermedades (cardiovasculares, respiratorias, deterioro cognitivo, etc).

En algunos casos puede ser complicado discernir entre ruido agresor y contaminación acústica, o incluso pueden existir situaciones en que el mismo foco se ajuste a ambas descripciones. Sin embargo las luchas contra la contaminación acústica y contra el ruido agresor requieren enfoques diferenciados.

Aunque, en determinadas circunstancias, también podríamos considerar parte del ruido que genera el ocio como contaminación acústica, la industria y el transporte son los principales causantes de la contaminación acústica, y es por eso que, frente a los aspectos meramente acústicos, deben contraponerse otros como la movilidad, el empleo, la economía… El ruido no puede eliminarse sin mas, y resulta imprescindible gestionarlo.

La gestión del ruido, tal y como se definió en la Directiva Europea del Ruido (2002), se inicia con una diagnosis del problema mediante mapas estratégicos de ruido (MER). Los MER son mapas de colores que describen el ruido existente en una ciudad o una infraestructura del transporte. Gracias a ellos resulta factible analizar los niveles sonoros (decibelios) en relación a los usos del suelo, identificar zonas de conflicto, determinar el número de personas afectadas, y definir prioridades de actuación.

Los MER no permiten luchar contra el ruido agresor, y es por eso que, en determinados foros, resultan hasta cierto punto denostados. Tampoco contribuye a prestigiarlos el uso que hacen determinadas administraciones de los mismos, confundiendo las capacidades y objetivos de los MER, con otros para los que no están diseñados (ruido agresor). Debe tenerse presente que una radiografía no cura.

Tras la diagnosis, debe adoptarse un tratamiento. Los planes de acción deben definir medidas concretas, y marcar las estrategias de los ayuntamientos y los gestores de las infraestructuras del transporte para conseguir una reducción efectiva de la contaminación acústica.

En todo este camino, la estrategia de la concienciación ciudadana, con medidas como este “Día Internacional de la Concienciación sobre el Ruido”, debe jugar un papel muy importante, cuyos efectos se percibirán dentro de un par de décadas.

César Asensio es profesor del Grupo de Investigación en Instrumentación y Acústica Aplicada (I2A2) de la Universidad Politécnica de Madrid.