UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

Una tesis estudia los patrones de la redistribución de la población y las nuevas realidades residenciales y urbanísticas en el periodo 1991-2010

La tesis doctoral ‘La dispersión urbana en el País Vasco. Los patrones de la redistribución espacial de la población y nuevas realidades residenciales y urbanísticas, 1991-2010’, defendida por Roberto Torres Elizburu, mantiene que durante el ciclo económico expansivo muchos ayuntamientos vascos se aprovecharon de las estrategias de reequilibrio favorables de las Directrices de Ordenación Territorial y, aplicando los mecanismos de cuantificación residencial, revisaron el planeamiento con visiones muy desarrollistas. Ahora, con la reversión del ciclo económico, la actividad inmobiliaria ha disminuido notablemente, dejando al descubierto la sobreoferta residencial propiciada en esos años.

La tesis, que obtuvo la calificación de sobresaliente cum laude, ha estado dirigida por Mª José Ainz, del Departamento de Geografía, Prehistoria y Arqueología de la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea. El tribunal estuvo compuesto por Joseba Juaristi, catedrático de Geografía Humana de la UPV/EHU, Pedro Arriola, profesor titular de Geografía Humana jubilado de la UPV/EHU, Juan Ignacio Plaza, catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Salamanca, Mª Jesús González, profesora titular de Geografía Humana de la Universidad de León, y Carmen Gil de Arriba, profesora titular de Geografía Humana de la Universidad de Cantabria.

La investigación parte de la hipótesis de que la dispersión urbana, proceso que ha afectado a las sociedades avanzadas durante las últimas décadas, también ha cobrado fuerza y se ha impuesto en el País Vasco, transformando en pocos años el panorama urbanístico. Esta dispersión hay que entenderla desde una triple dimensión, la socio-demográfica (reconfiguración de los movimientos migratorios internos de la población), la residencial (desarrollo y transformaciones del parque de viviendas) y la urbanística-territorial (expansión del suelo residencial clasificado y consolidación de nuevas realidades urbanas). Todos ellos constituyen procesos concatenados con gran trascendencia desde el punto de vista espacial y de la ordenación del territorio.

Así, los procesos socio-espaciales propios de la dispersión urbana se han afianzado durante las dos últimas décadas en el País Vasco, impulsados por el ciclo económico expansivo. Pero la dispersión urbana no ha tenido lugar de forma espontánea o en un vacío normativo, puesto que las Directrices de Ordenación Territorial han jugado un importante papel dirigiendo y canalizando el fenómeno. “Durante el ciclo económico expansivo muchos ayuntamientos se aprovecharon de las estrategias de reequilibrio del sistema de asentamientos de las Directrices de Ordenación Territorial y, aplicando los mecanismos de cuantificación residencial, revisaron el planeamiento con visiones muy desarrollistas”, explica Roberto Torres. Y añade, “el emplazamiento y las características de partida de los ámbitos receptores han canalizado la llegada de distintos grupos sociales y se ha traducido en entornos residenciales diferentes, desde los más banales o estandarizados en los espacios más expuestos a las presiones urbanas, hasta los más selectos y exclusivos en ámbitos ambientalmente privilegiados”.

Pero con la reversión del ciclo económico muchas de estas dinámicas se han paralizado, dejando al descubierto la sobreoferta residencial proyectada durante los años pasados en muchos municipios (Txorierri, Llanada Alavesa…). Además, la Modificación de las Directrices de Ordenación Territorial aprobada en el año 2012 asume la necesidad de reconducir estos procesos y apuesta por recuperar modelos urbanos más densos y concentrados. Según esta tesis, será muy probable que mientras perdure la recesión, sean las propias fuerzas de mercado las que actúen de contención a la dispersión urbana.

Algunos ejemplos

El estudio de la dispersión urbana en el País Vasco revela que durante las dos últimas décadas la población vasca se ha desconcentrado por el territorio, ya que se ha producido un trasvase demográfico desde los municipios mayores de 10.000 habitantes hacia los menores. Las familias vascas se han reasentado en municipios de menor tamaño localizados tanto en las orlas colindantes con los municipios centrales tradicionales más densamente urbanizados (Txorierri, Uribe Costa, Mungialdea, Llanada Alavesa, eje costero guipuzcoano entre Zumaia y Hondarribia), como en municipios más alejados o periféricos. Estos últimos municipios más excéntricos del territorio vasco han ganado atractivo poblacional a partir de mediados de la década de 1990 y hacia ellos se ha dirigido un flujo demográfico más reducido y selecto formado por familias de mayor nivel de renta, que han buscado las amenidades paisajísticas y ambientales de los entornos menos intervenidos.

De forma paralela, todos esos nuevos entornos receptores de población han conocido un importante dinamismo inmobiliario, que se intensifica en el periodo 2001-2006, en el cual tuvo lugar un significativo repunte inmobiliario. Durante este quinquenio expansivo en el País Vasco se duplicó la tasa de construcción de nueva vivienda respecto a la registrada una década antes, pero con una intensidad desigual dependiendo de los Territorios Históricos. Mientras en Gipuzkoa el despegue inmobiliario fue más tenue y gradual, en Álava el repunte fue más tardío pero repentino, mientras en Bizkaia fue temprano y ha tenido gran incidencia en los municipios ubicados al noreste del eje metropolitano del Nervión.

A lo largo del periodo estudiado (1991-2010) y alimentado por el recalentamiento de la economía y la burbuja inmobiliaria, el dinamismo inmobiliario se fue propagando por todo el territorio vasco, afectando cada vez con mayor intensidad a municipios pequeños y periféricos que hasta pocos años atrás habían tenido un dinamismo tenue. “Procedieron a importantes reclasificaciones de nuevo suelo residencial, de manera que durante la primera década del nuevo siglo el suelo calificado para usos residenciales aumentó un 23,8%, frente al tenue incremento del 3,7% de la población”, incide Roberto Torres. Así, se ha podido constatar que la dispersión urbana ha tensionado al conjunto del territorio vasco, si bien es preciso matizar que no ha alcanzado la envergadura que ha tenido en otras regiones españolas.