UNIVERSIDAD DE BARCELONA

· El análisis genético apunta a una vía de difusión marítima del en Europa a través de Chipre y Creta

Un equipo científico ha secuenciado por primera vez el mitocondrial de los primeros agricultores del Próximo Oriente, como refleja un nuevo estudio publicado en la . Los expertos han analizado muestras de tres yacimientos situados en la cuna de las primeras prácticas agrícolas del Neolítico: el valle medio del Éufrates y el oasis de Damasco, situados en el territorio actual de Siria y datados hace unos 8.000 años antes de Cristo.

El nuevo trabajo científico está firmado por Daniel Turbón y Alejandro Pérez Pérez, del Departamento de Biología Animal de la UB; Eva Fernández, (Universidad John Moores de Liverpool); Cristina Gamba, Eduardo Arroyo Pardo y Pedro Cuesta (Universidad Complutense de Madrid), Eva Prats (CID-CSIC), y Josep Anfruns y Miquel Molist (UAB). El trabajo se centra en el estudio del ADN mitocondrial —un material genético que se transmite por línea materna y de forma no mendeliana— de los primeros agricultores del Neolítico, a partir de muestras obtenidas por el equipo de la UAB y procesadas inicialmente por el equipo de la UB.

El Neolítico: una gran revolución en las sociedades humanas

Hace unos 12.000 años, en la región del Creciente Fértil del Próximo Oriente, se iniciaron las primeras prácticas agrícolas y ganaderas. Este conjunto de procesos, conocido como Neolítico o revolución neolítica, originó una profunda transformación social, cultural y económica en la estructura de las poblaciones humanas: producción agrícola, sedentarismo, origen de las primeras ciudades y las sociedades modernas, etc.

Tal como explica Eva Fernández, primera autora del artículo y doctorada por la UB, «la revolución neolítica se expandió rápidamente a otras regiones, donde los nuevos patrones de subsistencia se impusieron al modelo cazador-recolector dominante hasta el momento». «Conocer la naturaleza del proceso de difusión —continúa— es decir, si fue un proceso de migración poblacional o de asimilación cultural, ha sido el centro de un intenso debate científico en los últimos cincuenta años, con múltiples contribuciones de varios campos de investigación, como la arqueología, la antropología física, la lingüística y, más recientemente, la paleogenética de poblaciones humanas».

La genética desconocida de los primeros agricultores del Próximo Oriente

La composición genética de las primeras poblaciones neolíticas era hasta hoy una incógnita científica, pese a los adelantos científicos de la última década sobre la genética de varias poblaciones neolíticas europeas. Tal como explica el catedrático Daniel Turbón, «estos son los primeros resultados publicados hasta ahora sobre los primeros agricultores del Próximo Oriente, es decir, lo que se consideraría el stock genético neolítico original». Ahora bien, el propio experto recuerda que existen otros datos publicados sobre los primeros agricultores en Europa, en concreto para las regiones de Cataluña (trabajo de Cristina Gamba y colaboradores, 2012), el País Vasco (Hervella y colaboradores) y Alemania (Wolfgang Haak y otros, 2010 y Brandt y otros, 2013). «Las conclusiones de estos estudios previos —prosigue Turbón— se basan en la comparación con poblaciones actuales del Próximo Oriente; puesto que la información genética de las primeras sociedades agrícolas era hasta ahora desconocida».

Del Próximo Oriente a Europa

El nuevo estudio publicado en proporciona un nuevo marco de referencia adecuado para interpretar resultados de otros estudios sobre población neolítica europea, apuntan los autores. Según las conclusiones, el ADN mitocondrial recuperado de estas poblaciones neolíticas presenta afinidades genéticas con el ADN de los primeros agricultores de Cataluña y Alemania. Este hecho sugiere que el proceso de difusión del Neolítico se produjo probablemente mediante la migración pionera de pequeños grupos poblacionales. Además, las dos rutas de migración —Mediterránea y Europea— habrían estado genéticamente conectadas. «La conclusión más significativa —indica Eva Fernández— es que los patrones de similitud genética encontrados entre las poblaciones del Creciente Fértil y las islas de Chipre y Creta reafirman la hipótesis de que las primeras expansiones poblacionales que trajeron el Neolítico a Europa habrían tenido lugar por mar, y no por tierra a través de Anatolia, tal y como se había argumentado hasta ahora».

¿Cómo se expandió la revolución neolítica?

Otros estudios científicos habían aportado indicios de una vía alternativa de expansión poblacional del Neolítico en Europa diferente a la de Anatolia. Tal como subraya Daniel Turbón, «recientes hallazgos arqueológicos han documentado que el Neolítico llegó a Chipre hace unos 10.600 años, poco después de que la agricultura se documentara por primera vez en el Próximo Oriente». Los patrones arquitectónicos y de entierro del yacimiento chipriota muestran un paralelismo con los que se han encontrado en el valle medio del Éufrates, hecho que apunta a una colonización directa desde estos territorios. «Además —añade Turbón—, la interpolación espacial de los datos de radiocarbono de diferentes yacimientos neolíticos del Próximo Oriente y Europa sugiere también una primera oleada expansiva por vía marítima a través de Chipre». Con el fin de reafirmar estas conclusiones, el equipo científico tiene el objetivo de extender el análisis a un mayor número de muestras humanas neolíticas de otras regiones del Creciente Fértil, así como ampliar el número de marcadores genéticos estudiados en las mismas muestras.