UNIVERSIDAD MIGUEL HERNÁNDEZ DE ELCHE

Un estudio coordinado por el catedrático de Farmacología de la Universidad Miguel Hernández (UMH) de Elche, , demuestra que el maltrato en la infancia, sea cual sea su forma, produce cambios funcionales en el cerebro que aumentan la vulnerabilidad a la hora de consumir alcohol cuando se llega a la adolescencia. Los resultados determinan que el cerebro de algunos jóvenes maltratados percibe el consumo de sustancias de forma positiva y no son capaces de percibir los riesgos que conlleva esta conducta adictiva.

Jorge Manzanares ha comprobado mediante el estudio animal que “a mayor estrés en la infancia, mayor es el afecto hacia el alcohol durante la adolescencia”. El investigador atribuye esta predisposición de los adolescentes para consumir alcohol a factores como el estrés y la alteración en la neuroplasticidad cerebral.

El profesor Manzanares ha explicado que “a causa de este estrés, el nivel para experimentar placer está muy reducido y los individuos sometidos a estrés necesitan estímulos externos a los propios naturales. Estas vías nerviosas del placer se estimulan por factores naturales como la música, el chocolate o el sexo y puede que estos no sean suficientes para los individuos con los genes alterados y por eso tengan que recurrir a estímulos adicionales como el uso de sustancias”.

Este trabajo es un estudio conjunto de la UMH y la Universidad Complutense de Madrid y está financiado por el Plan Nacional de Drogas con 140.000 euros. La UMH es la encargada de la coordinación del estudio, a través del profesor Jorge Manzanares, quien, también, desarrolla la investigación animal. La otra parte del estudio la desarrolla el psiquiatra Gabriel Rubio del Departamento de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, responsable del estudio clínico con los jóvenes consumidores.

Según este trabajo, de 660 jóvenes entrevistados de 16 a 18 años, 330 consumen alcohol y, de éstos, el 60% han sido maltratados de alguna forma en la infancia. El psiquiatra ha señalado que el consumo debe ser una alerta para que el médico pueda detectar estos abusos y administrar un tratamiento preventivo.

El profesor Jorge Manzanares ha explicado que “la alteración temprana del circuito del estrés a causa del maltrato condiciona cómo las personas reciben las situaciones”. Asimismo, Manzanares ha señalado que “el consumo de una sustancia de manera problemática se debe a un efecto alterado entre la genética de la persona y su medio ambiente. Por eso, se sabe que las personas que proceden de familiares alcohólicos y, además, son maltratados tienen todavía más vulnerabilidad a padecer trastornos por consumo de sustancias”.

Por su parte, el psiquiatra Gabriel Rubio ha apuntado que “el maltrato sufrido durante la infancia predispone al adolescente al consumo de sustancias porque se activan mecanismos y circuitos cerebrales que les motiva a probar más y a valorar menos el riesgo”. Rubio ha explicado que “la secuencia de este proceso empieza en el maltrato que es el culpable de activar los mecanismos del estrés y al mismo tiempo de provocar un cambio en los circuitos cerebrales, que predispone al adolescente a adoptar una conducta de consumo y finalmente a engancharse”.

Los resultados de esta investigación apuntan que es necesario elaborar programas y estrategias de prevención para que los jóvenes maltratados aprendan a valorar las situaciones de riesgo en un contexto diferente al resto. Los investigadores hacen hincapié en la elaboración de una terapia preventiva para intentar que adquieran esa conciencia de riesgo que se distorsiona cuando son maltratados y así conseguir que eviten la apetencia hacia el alcohol.