UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

La danzaterapeuta Lucía Reula considera que el uso de la danza como terapia puede ayudarnos a solventar conflictos emocionales y psicológicos, así como a mejorar la integración cuerpo-mente

La danzaterapeuta Lucía Reula ha declarado que el cuerpo se expresa y tiene cosas que decirnos. “Si escuchamos al cuerpo vamos a saber de nuestras necesidades, de nuestros deseos, de nuestros sentimientos, de nuestros pensamientos y vamos a poder cuidarlo”. La danzaterapia favorece esa capacidad de atender al cuerpo, algo que está en un segundo plano muchas veces, ya que permite integrar el centro mental, el emocional y el centro de acción.

Estas declaraciones las ha realizado con motivo del curso “Arteterapia: el cuerpo sentido” que se está realizando en el marco de cursos de verano que la Universidad Pablo de Olavide organiza cada año en su sede en Carmona, y en el cual participa.

Lucía Reula define la danzaterapia como “el uso psicoterapéutico del movimiento dentro de un proceso que permite la integración psicofísica, cuerpo y mente, del individuo”. Esta disciplina, prosigue Reula, se caracteriza por el uso que hace del medio y del proceso artístico para ayudar a solventar conflictos emocionales y psicológicos de las personas. Dicha forma terapéutica, cuyo origen está en la danza en su forma más simple, como son ciertos movimientos espontáneos y naturales, se utiliza en ámbitos pedagógicos, recreativos, de rehabilitación y clínicos.

Para Lucía Reula la danza se utiliza de manera muy natural ya que es una expresión genuina del ser humano: “el lenguaje del cuerpo es muy antiguo por lo que se trata de recuperar ese movimiento primigenio para aplicarlo a las sesiones”. En esta línea, continúa la danzaterapeuta, se utilizan técnicas expresivas e impresivas; las primeras están basadas en la creatividad y en la expresividad única y personal del individuo, mientras que las segundas son propuestas guiadas por el terapeuta para lograr un objetivo concreto, explica Reula.

En cuanto a los beneficios que podemos obtener de este uso terapéutico de la danza se encuentra el hecho de que nos permite liberar dolor y sentimientos negativos. De esta manera, reflexiona Reula, “es sanador el hecho de contactar con uno mismo y expresar lo que sentimos en un entorno seguro y en contacto con otro ser humano, el terapeuta, que te acompaña y que entiende tu dolor”. Del mismo modo, para la experta la reparación se da en el hecho de transformar ese dolor en una obra de arte que no persigue ser bella, sino auténtica. El arte y la danza permiten expresar algo que nos pasa y que conocemos, o algo que nos pasa y que no sabemos verbalizar, sentencia Lucía Reula.

Otro de los beneficios del uso terapéutico del arte en general y de la danza en particular es el tema de la integración social. “El arte vincula a las personas entre sí y con su entorno social, pretende transformar la realidad y la vida de las personas; no sólo está en los museos, sino que nace del hombre y de su capacidad para crear”, aclara la experta, que considera que para que esta misión integradora tenga éxito es necesario crear espacios y actividades en los que todos puedan expresarse.

Por último, y a raíz de la capacidad integradora de la danza, Lucía Reula afirma que con dicha unión bio- psico- social y emocional podemos conseguir individuos más íntegros, con una sensación más plena de organismo único, ya que “en la realidad no existen diferentes planos en las personas, sino que todo está conectado, relacionado”, concluye la experta.