UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Un proyecto europeo desvela que para preservar las especies es necesario apostar por infraestructuras ecológicas que ayuden a fortalecer los ecosistemas y frenen la pérdida de especies

Sin la puesta en marcha de medidas adicionales, tales como muros de piedra, arroyos o líneas de árboles, por ejemplo, la , por sí sola, no supone grandes ventajas a la hora de mantener la de las zonas rurales. Además, las especies extras que albergan estas parcelas manejadas biológicamente proceden, casi exclusivamente, de los márgenes de los cultivos. Es una de las conclusiones que se desprenden del proyecto europeo Bio-bio, coordinado en España por el Grupo de Investigación Forestal de la Universidad de Extremadura.

Uno de los investigadores de la UEx que ha trabajado y, además, ha dirigido la parte española de esta investigación financiada por la Unión Europea, Gerardo Moreno, ha explicado algunos aspectos concretos. Entre otros, que el estudio ha permitido conocer que “la ganancia en biodiversidad de la agricultura ecológica es limitada, mucho menos beneficiosa de lo que cabría esperar inicialmente, al limitarse casi exclusivamente a las parcelas cultivadas y no traduciéndose en una mayor biodiversidad a escala de finca o paisaje”.

Por eso, según ha explicado el experto, este trabajo ha demostrado que “necesitamos medidas adicionales como el mantenimiento de hábitat no productivos o marginales, dentro de los sistemas agrarios, donde se desarrolla un gran número de especies diferentes. No basta con un manejo ecológico”.

Al comparar el número de especies en estas fincas ecológicas con las de manejo intensivo, los expertos no han encontrado una gran diferencia en el número de especies. En general, se hallaron más variedades de plantas y abejas en las fincas ecológicas, pero las diferencias para otros grupos como las arañas y lombrices de tierra han sido casi inexistentes.

De ahí que los científicos que han realizado esta investigación aconsejen la creación, en los propios sistemas agrícolas, de infraestructuras ecológicas o también llamadas verdes, que permitan la preservación de hábitats ricos en especies.

Es preciso, ha asegurado Gerardo Moreno, promover el conocimiento de los agrosistemas, en la medida en que su manejo y su estructura afecta al biodiversidad en sí y al territorio en su conjunto. “Incluso, es importante que sean conscientes de ello los agricultores que poseen parcelas privadas, pues lo que a título particular realizan en sus fincas puede ser crucial para el mantenimiento de los suelos, para evitar la degradación o pérdida de productividad” ha dicho Moreno.

Pérdida de especies y de genética

Los investigadores que han trabajado en esta investigación estaban particularmente interesados ​​en la escala de explotación, esto es, en abordar si las fincas ecológicas albergan más especies que sus vecinos no-orgánicos.

En este sentido, según subrayan los expertos, la situación es de gran alarma e inquietud para la comunidad científica. De hecho, en opinión del profesor Moreno los campos europeos están asistiendo a una pérdida progresiva de productividad. “Está bajando tanto la variedad de especies como la diversidad genética que afecta, también, a la dispersión de semillas, a la polinización, al reciclado de la materia orgánica y, finalmente, vamos creando sistemas agrarios menos vivos y, por tanto, más dependientes de los aportes del hombre, más dependientes de los fertilizantes, de los riegos, de la energía, etc.”, por lo que creen necesario la puesta de sistemas capaces de integrar estas otras medidas que apoyan la sostenibilidad.

Estos resultados se han obtenido en el marco de un proyecto europeo liderado por Agroscope en Suiza y en el que ha participado la Universidad de Extremadura. Además, los resultados obtenidos entre 2010 y 2013 han sido publicados recientemente en la revista científica Nature Communications.

El estudio ha permitido investigar las fincas en doce regiones con diferentes sistemas de producción. Concretamente, en Extremadura, se estudiaron los olivares extensivos de Tierras de Granadilla, junto con otros olivares de Túnez (región del Sahel), viñedos de Italia, y explotaciones agrícolas y mixtas de diferentes países de Europa Central. Concretamente en cada región, se seleccionaron una media de entre doce a veinte fincas al azar, la mitad de ellos con certificación ecológica durante al menos cinco años.

El proyecto BioBio

El proyecto de investigación BioBio, perteneciente al Séptimo Programa Marco de la Unión Europea, ha tenido como objetivo desarrollar un método para cuantificar la biodiversidad en diferentes tipos de explotaciones de agricultura ecológica. El consorcio internacional liderado por Agroscope en Suiza, con la participación de la UEx, ha desarrollado un conjunto de indicadores de biodiversidad aplicables al conjunto de Europa, así como relevante y de gran utilidad para los agricultores y otros grupos de interés.

Así se ha evaluado la diversidad genética y específica, la diversidad de hábitats y el manejo agrícola. Además y con el fin de medir estos indicadores, los diferentes hábitats de cada finca se han monitorizado siguiendo un protocolo estandarizado. En cada parcela seleccionada, todas las plantas, lombrices, arañas y abejas han sido muestreadas y cuantificadas las diferentes prácticas agrícolas.

Más información: www.biobio-indicator.org

Referencia bibliográfica

Schneider M.K. et al. (2014): Gains to species diversity in organically farmed fields are not propagated at the farm level, Nature Communications 5:4151 doi: 10.1038/ncomms5151