UNIVERSIDAD DE GRANADA

La obra, recopilada por José F. Lorenzo Rojas, forma parte de la colección “Textos escritos en Andalucía”, que dirige la profesora María Isabel Montoya Ramírez

El profesor e investigador José F. Lorenzo Rojas da cuenta en “Cartas de eclesiásticos enviadas al geógrafo real Tomás López (1770-1798)” de sus trabajos de investigación recopilados en el II volumen del CD publicado por la (), en la colección “Textos escritos en Andalucía”, que dirige la profesora María Isabel Montoya Ramírez.

Según la directora de la colección, “los historiadores señalan los años finales del siglo XV y los de principio del XVI como fundamentales en el tránsito de la Edad Media a la Edad Moderna española; muchos son los cambios que se produjeron, no solo en el aspecto material sino en el mundo de las ideas, cambios que afectaron, por ejemplo, a las relaciones laborales, permitiendo, entre otras cosas, la desaparición de algunos oficios artesanales y la aparición de otros”.

En el Siglo XVIII, Andalucía, la zona geográfica más poblada y extensa de España, sigue con muy poco peso en el Estado, sobre todo, por la escasa presencia de andaluces en los Consejos -léase Consejo de Castilla, Consejo de Estado, etc.-. Su territorio se vio debilitado por la pérdida de Gibraltar. Igualmente, las tropas enviadas a Flandes fueron reclutadas principalmente entre los súbditos andaluces, por lo que la escasez de mano de obra agrícola originó un descenso en la producción de las cosechas, y el hambre, el frío y las epidemias se apoderaron de los habitantes, especialmente de las ciudades.

Así, la diferencia con el resto de las regiones españolas sigue siendo grande y la monarquía borbónica solo es capaz de paliar con pequeños retoques las grandes desigualdades y contrastes de la sociedad andaluza: poca burguesía urbana, pero poderosos y abundantes latifundios en las zonas rurales. Fue entonces cuando comenzó el cerramiento y adehesamiento de las fincas, la consolidación de las grandes propiedades agrícolas, la intensificación de cultivos de explotación y algunos otros movimientos rurales. Sin embargo, la región no disponía de buenas redes de caminos, por lo que el tráfico comercial, tan importante para la economía andaluza, se vio muy perjudicado.

Granada, anclada

“La provincia de Granada -asegura el autor de la investigación- seguía anclada en el siglo pasado, solo los cultivos del lino y del cáñamo en la vega de la ciudad y el comercio del pescado y alguna industria del azúcar en las localidades de Motril y Almuñécar proporcionaban un nivel de vida aceptable a los habitantes de esas zonas. La otrora industria sedera ya se encontraba en declive provocada por la expulsión morisca, por el peso impositivo sobre este cultivo, la baja calidad manufacturera y la negativa del comercio gaditano a su tratamiento en beneficio del lino. Así pues, la industria del lino y del cáñamo, auspiciada por las propias Fábricas Reales, llevó prosperidad a la zona de la vega. Esa relativa prosperidad en determinadas localidades, originada por las denominadas fábricas bastas y su comercio con Cádiz, Córdoba, Antequera y Écija, no puede hacernos ignorar que la mayor parte de los habitantes de la provincia de Granada se dedicaba a las penosas labores del campo, y que su vivir diario era de subsistencia, a lo que se añadían la carencia de vías de comunicación adecuadas y la ausencia casi total de correo, de prensa y de escuelas”.

En este contexto histórico-social es donde se enmarca la figura y la obra del insigne geógrafo real Tomás López (1730-1802), especialmente su obra cartográfica, de la que en este volumen se destaca su inconcluso Diccionario Geográfico Histórico de España, el apartado correspondiente a la provincia de Granada, objeto de esta edición.

Esta publicación es resultado de las investigaciones llevadas a cabo dentro del Proyecto de Investigación de Excelencia (HUM 1240) “La vida cotidiana andaluza a través de los documentos historicolingüísticos y dialectales”, concedido por la Consejería de Innovación, Ciencia y Empresa de Andalucía.