UNIVERSITAT JAUME I

El establecimiento de un vínculo afectivo adecuado con uno o más cuidadores en la primera infancia, de 0 a 3 años, es fundamental para un correcto desarrollo del bebé tanto a nivel emocional como neurocognitivo, según ha destacado la profesora del Departamento de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universitat de València Lola Gil durante el curso de verano de la Universitat Jaume I «Humanización en la asistencia a la mujer y la primera infancia».

Gil ha comenzado el curso destacando que «el desarrollo social y el afectivo son indisolubles, interacciones y emociones son dos caras de la misma moneda». A pesar de que se tienda a pensar que lo más importante para un bebé son los cuidados básicos como la alimentación o la higiene, resulta igual de importante el establecimiento de lazos afectivos adecuados para su desarrollo emocional y neurocognitivo. En este sentido, Gil ha explicado que los bebés no tienen capacidad para regular sus emociones, por lo que necesitan de un adulto que las reconozca y responda a ellas de forma adecuada «para poder recuperar el equilibrio emocional. Eso le va a dar tranquilidad para poder observar, favoreciendo su desarrollo cognitivo. El vínculo le da la posibilidad de sentirse seguro y entonces está preparado para conocer el mundo».

Cuando el vínculo afectivo no se establece de forma correcta se genera una «situación tóxica» que puede afectar a lo largo de toda la vida e incluso transferirse posteriormente a los hijos. En la conocida como época crítica, de 0 a 3 años, se estructura una forma de entender el mundo, el denominado modelo operativo interno, que afecta a la forma en la que se establecen las relaciones de adulto, la capacidad para mantener apego con otros y para que una persona sienta que merece ser querida. No obstante, Lola Gil ha hecho hincapié en que, a pesar de la importancia en el desarrollo futuro, la ausencia de un apego adecuado no tiene por qué ser determinante.

El apego entre el cuidador o cuidadores principales y el bebé no depende tanto de la personalidad y el carácter de cada uno, sino de la capacidad de comunicación con el bebé, de saber interpretar sus sentimientos y necesidades y darles una respuesta adecuada. Gil ha explicado que la falta de respuesta genera una situación de estrés que, si es breve y poco profunda, no tienen por qué ser negativa, ya que también enseña al menor a adaptarse a situaciones como que su madre deje de estar y después vuelva y le ayudan a autorregularse. Los problemas se presentan cuando nunca existe respuesta o cuando ésta es inconsistente, de forma que el bebé no sabe si va a obtenerla o no. Un caso más grave todavía es el que a veces genera respuestas positivas y otras de temor. El tipo de apego establecido marcará en gran medida, aunque no de forma determinante, la personalidad futura, de ahí la importancia de generar vínculos afectivos adecuados con los bebés.

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