UNIVERSIDAD CEU CARDENAL HERRERA

El trabajo del director del Departamento de Economía y Empresa Enrique Lluch constata que el PIB no es un buen indicador de bienestar en aquellas sociedades en las que las necesidades básicas están cubiertas

La investigación plantea otros indicadores de “verdadero desarrollo”, como la defensa de los derechos humanos, la educación o la salud, que en los últimos 50 años no han evolucionado favorablemente

El director del Departamento de Economía y Empresa de la Universidad CEU Cardenal Herrera, Enrique Lluch Frechina, ha publicado un estudio sobre las políticas de crecimiento y sus efectos en los últimos 50 años a nivel económico global. La investigación, publicada en el último número de la revista de estudios sociales Sociedad y Utopía, constata que las políticas de crecimiento económico no mejoran siempre el y que el PIB no es un buen indicador para medir esta dimensión.

El actual cálculo del PIB ha sido recientemente cuestionado por exigir que la producción, para ser contabilizada, sea vendida en mercados formales, es decir, de una manera legal: si se produce y no se vende, o es intercambiada en un mercado informal por el que no se pagan impuestos, esta producción no computa como tal. El profesor Lluch, de la CEU-UCH, señala además en su investigación que el crecimiento del PIB tal y como es calculado actualmente “no tiene una relación directa con una mejora del bienestar social, ya que convive con el mantenimiento de altos niveles de desempleo, con el fenómeno de los trabajadores pobres con salarios insuficientes para cubrir sus necesidades básicas o con la no reducción de las desigualdades internas de los países”.

En el artículo “¿Crecimiento o decrecimiento? A propósito de los últimos 50 años”, el profesor Lluch señala que “tomar el crecimiento económico como la finalidad principal de la economía, puede considerarse como una falsa utopía. No solo es falso que mejorando la renta per cápita de la población esta tenga en general un bienestar superior, sino que además, con frecuencia, este incremento trae una serie de servidumbres que empeoran la libertad y el bienestar de aquellos que viven en estas sociedades”.

50 años ¿de desarrollo?

El profesor de la CEU-UCH apunta que el verdadero desarrollo que pretende calcularse a través del PIB debería medirse sobre la mejora de las condiciones de los que están peor: aquellos en situación de pobreza, exclusión o privación. En este sentido, los datos macroeconómicos a nivel global de las últimas 50 décadas no reflejan mejoras: “El Banco Mundial ya constataba hace diez años que el ingreso promedio de los 20 países más ricos es 37 veces mayor que el de las 20 naciones más pobres. Esta brecha se ha duplicado en los últimos 40 años”.

Por otro lado, la desregulación de los mercados financieros ha llevado a que las crisis financieras en los últimos cincuenta años sean más numerosas, más frecuentes y afecten a más países. “Estas crisis frecuentes afectan tanto al incremento de las desigualdades, como al desempleo de larga duración, a la pobreza y a la cobertura del estado del bienestar”, señala el director del Departamento de Economía y Empresa de la CEU-UCH.

El decrecimiento no es la alternativa

Frente a esta situación, el decrecimiento se ha propugnado como medio para evitar las malas consecuencias del crecimiento, planteando como objetivo una sociedad en la que se produzca y se consuma menos. Esta limitación y rebaja intencionada de la actividad económica se justifica en las limitaciones de los recursos naturales. Algunos autores indican que es necesario decrecer porque, si no se hace de una manera voluntaria, más pronto o más tarde habrá que hacerlo por las circunstancias medioambientales del planeta.

Para el profesor Enrique Lluch, “el decrecimiento no parece reflejar una idea de progreso, de que vayamos a mejor, sino que lo que queremos es retroceder, volver a vivir con menos, a estados anteriores. Es evidente que esta idea es difícil de transmitir y no parece una finalidad atractiva por sí misma para mejorar el bienestar, no aporta ningún concepto de progreso atractivo para ilusionar a las sociedades”.

Verdadero desarrollo

El profesor de la CEU-UCH concluye que el verdadero desarrollo, en línea con la idea cristiana de progreso, va más allá del crecimiento y del decrecimiento. “Es necesario evitar las crisis sociales que conducen a la exclusión y la pobreza, mejorar la formación, evitar la discriminación, mejorar la salud, superar el egoísmo y la búsqueda del bien propio como único motor de la acción en sociedades y personas, fomentar la paz y potenciar la libertad individual y de colectivos”. Para Lluch, “parece más adecuado renunciar al mero crecimiento económico para centrarse en estos aspectos como finalidad del progreso, más allá del crecimiento que el PIB puede llegar a medir”.

El profesor de la CEU-UCH Enrique Lluch Frechina ha dirigido diversos estudios multidisciplinares sobre la situación de desarrollo de regiones en países pobres, especialmente en la Cuenca del rio Zambeze y en Togo. Es además fundador del Observatorio de Investigación sobre Pobreza y Exclusión en la Comunidad Valenciana de la CEU-UCH, en colaboración con Caritas y la Fundación Foessa, dedicado al análisis de las situaciones de pobreza y privación de las personas más desfavorecidas en España.

Referencia del artículo:

“¿Crecimiento o decrecimiento? A propósito de los últimos 50 años”, en Sociedad y Utopía. Revista de Ciencias Sociales, n.º 42. Noviembre de 2013, pp. 220-237, Fundación Pablo VI, ISSN: 2254-724X.