Antes de lanzarnos a considerar pros y contras, lo primero es tener un conocimiento de las diferentes opciones. Aunque la variedad de tipos y estilos de alojamiento es grande, en general todos ellos pueden clasificarse como (llamados también residencia de estudiantes), colegios mayores o .

Algunos de vosotros quizás os estáis preguntando, ¿pero no es lo mismo una residencia universitaria y un colegio mayor? Hay gente que utiliza los dos términos por igual, pero conviene distinguir entre ellos. En realidad corresponden a dos tipos de alojamiento estudiantil muy diferentes. Empecemos con las residencias universitarias.

Residencias Universitarias

Puedes pensar en las residencias universitarias como una especie de hotel para estudiantes. Duermes allí, y puedes comer allí (lo típico es tener pensión completa). Para lavar tu ropa habrá una sala de lavadoras, o incluso puede haber un servicio de lavandería donde les dejas una bolsa de ropa sucia y te devuelven la ropa limpia y planchada.

La calidad de las habitaciones y de las instalaciones puede variar entre “palacio real” y “chabola”, pero el objetivo principal de todas es la misma: mantenerte seco y calentito cuando llueve. También te dan de comer, y proporcionan servicios para limpiar tu ropa y el aseo personal (¡muy importante sobre todo si compartes habitación!).

Colegios Mayores

Un colegio mayor es como una residencia universitaria… con una diferencia importante. Mientras la típica residencia de estudiantes se limita a darte un lugar donde vivir, estudiar, comer y ver la tele, un colegio mayor se preocupa también por darte “una formación cultural y muchas veces moral que complemente los conocimientos adquiridos en la carrera.”, por usar una frase típica.

Si estás pensando uff ¡qué rollo! , permíteme traducir “formación cultural y moral” en unos términos más apetecibles. Te estoy hablando de: competiciones deportivas entre colegios, ciclos de cine, obras teatrales, competiciones artísticas y musicales, ponentes famosos, acciones de solidaridad, entre un largo etcétera. Y todo, organizado, dirigido y participado por los mismos estudiantes. Es decir, ¡por TI!

Todas esas actividades juntas con tus compañeros, además de molar mogollón, tienden a hacer mucha peña. Si hablas con estudiantes que viven o han vivido en un colegio mayor (y recomiendo que lo hagas), te darás cuenta de que muchos de ellos quieren a su colegio mayor como a su propia madre. Puede incluso que alguno te llore al recordar su tiempo allí. Y no bromeo. Bueno, casi nada.

Ahora que he explicado la gran diferencia entre residencias y colegios mayores, debes saber que no es siempre tan nítido el contraste. Hay residencias con rasgos de colegio mayor, y colegios mayores que flaquean en instalaciones o en ímpetu organizativo y pueden parecerse a una residencia. Pero por lo general unos y otros son bastante diferentes.

A este punto, aunque tuvieras claro que por filosofía prefieres vivir, por ejemplo, en una residencia… todavía te quedaría decidir cuál. ¿Da igual? Respuesta equivocada. No hay dos residencias, y menos dos colegios mayores, iguales. Si quieres sacar el máximo provecho de tus años universitarios – y te lo mereces – vas a tener que gastar un poco de energía investigando las residencias y colegios mayores para identificar dónde podrás ser más feliz.

Si tu Universidad es pequeña o tiene un campus aislado, es posible que no tengas muchas opciones. En cambio si eliges una Universidad grande en una gran ciudad, puede haber tantas residencias para elegir que no sabrás por donde empezar. La Universidad Complutense de Madrid, por ejemplo, tiene más de 40 colegios mayores adscritos. Pero cuando empieces a mirarlos más de cerca, descubrirás que cada uno es diferente y algunos te gustarán más que otros.

Aquí hay algunos criterios que quizás puedes tener en cuenta. Cada persona tiene sus propias prioridades, y probablemente tendrás algunos criterios que no hemos incluido. Haz tu propia lista de criterios, y tenlos en cuenta mientras investigas las diferentes opciones.

¿Mixtas o masculinas/femeninas?

Tanto las residencias como los colegios mayores pueden ser: mixtas, masculinas o femeninas. No son ni peores ni mejores, simplemente diferentes. Y si crees que las de un solo sexo son necesariamente más aburridas que las mixtas, te equivocas. Habla con gente que vive allí y verás.

Las reglas del juego

Diferentes residencias tendrán diferentes normas diseñadas para facilitar la convivencia y asegurar la seguridad de los residentes. Sí amigo, hay normas. Pero somos criaturas libres, y tienes libertad de escoger el sitio con cuyas normas estás más de acuerdo (o, si eres pesimista, las que menos te molesten). ¿De qué tipos de normas estamos hablando? Algunos ejemplos:

– El ruido. Algunas residencias y colegios mayores tienen horas de silencio. Puede afectarte si te gusta poner la música alta, o tocar la trompeta, o bailar flamenco.

– Invitados. Puede haber normas limitando quién puede entrar en el edificio o en las habitaciones, y a qué horas. Hay de todo, desde edificios donde no puede entrar nunca nadie que no vive allí, hasta sitios donde puedes hacer pasar a quien quieras a cualquier hora del día o de la noche.

– Toque de queda. Algunos sitios dan un paso más, y limitan cuándo puedes entrar y salir. ¿Quieres libertad de entrar y salir a cualquier hora, o quizás prefieres la tranquilidad de saber que tu compañero de piso nunca te despertará a las 3 de la mañana volviendo de juerga?

– Tus cosas. Algunos sitios ponen limitaciones a las cosas que puedes tener en tu habitación. Está claro que esos petardos hay que dejarlos en casa. ¿Pero ese calentador eléctrico? ¿Tu poster de El Fary?

– ¿Fumadores o no? Si no fumas, tal vez prefieres una residencia donde nadie fuma.

– Las instalaciones. ¿Te gustan? ¿Los baños son individuales o comunitarios? ¿Hay Internet en cada habitación? ¿Qué instalaciones deportivas tiene?

– La vida. Si es un colegio mayor, el factor “peña” marcará la diferencia entre un dormitorio más, y una experiencia que quizás te cambie la vida. ¿Es de los que inspiran lágrimas de alegría o bostezos de indiferencia? ¿Los residentes están muy unidos, o son unos pasotas? La mejor forma de saberlo es hablar con los que viven allí.

Piso Compartido

Si en una residencia estás inmerso en el universo estudiantil, vivir en un piso compartido es como vivir en la frontera entre la Universidad y la temida “vida real”. Una de las grandes diferencias es que en un piso nadie te pone reglas. O mejor dicho, las reglas son las que tu mismo te impones y las que acuerdas con tus compañeros.

Puede parecer muy chulo, pero es también una gran responsabilidad. Nadie te va a decir a qué hora tienes que estar en casa, pero nadie te va a lavar los platos. Y no siempre es fácil ponerte de acuerdo con tus compañeros. En un piso hay muchas más cosas sobre las que estar en desacuerdo que en una habitación de una residencia.

Uno de los temas que más problemas suele ocasionar es la limpieza. ¿Quién va a limpiar la taza del váter, y con qué frecuencia (recomendación: mínimo una vez por semana, ¡sea quien sea!)? ¿Los platos sucios hay que lavarlos inmediatamente, o vale dejarlos para “mañana”? Otra fuente de discusión que surge a menudo es el dinero. En un piso hay gastos comunes. Además del alquiler, está la calefacción, la línea ADSL, los productos de limpieza y más cosas. Basta que una persona no pague a tiempo, contribuya menos, o consuma más que los demás y la bronca está servida.

Dicho esto, si fuera imposible vivir feliz en un piso compartido nadie lo haría. Eso sí, requiere una gran responsabilidad y capacidad de compromiso de tu parte, y también por parte de tus compañeros de piso. Aprenderás mucho acerca de la convivencia, quizás más que en una residencia, y la independencia que da puede ser muy gratificante. Pero te daré mi opinión personal. Si puedes, sobre todo el primer año, vive en una residencia o colegio mayor.

Te habrás dado cuenta de que la vida universitaria va mucho más allá de las clases. Una parte importante de lo que te llevarás tras 4 ó 5 años en la universidad son las amistades que has hecho, y las experiencias que has vivido fuera del aula. El primer año es cuando forjarás algunas de tus mejores amistades. Quizás no habrá otro momento de tu vida en que puedas conocer tanta gente nueva de tu edad, todos buscando hacer nuevos amigos.
En una residencia estás metido en el centro de esta caldera de personas, ideas y energía. Vivir en un apartamento tampoco quiere decir que quedas fuera, pero pierdes ese contacto inmediato y constante.

Cómo conseguir el alojamiento de tus sueños

Empieza ahora a pensar en las características que tendría tu residencia ideal. A la vez que investigas diferentes universidades, investiga también las residencias que hay alrededor. Pide información a la universidad, y pregúntales también si te están dando información sólo sobre sus propias residencias. En muchas ocasiones también habrá residencias estudiantiles privadas que puedes considerar.

Si puedes visitar la universidad, aprovecha para hablar con estudiantes y conseguir sus opiniones acerca de las distintas opciones de alojamiento. Mantén una mente abierta. Quizás algún estudiante te contará alguna experiencia o te dará un consejo que te haga replantear alguno de tus criterios.

Cualquiera que sea tu preferencia, vivir en un piso, residencia o colegio mayor, mi mejor consejo para la búsqueda es la misma. ¡Busca temprano! en marzo si puedes, pero en todo caso antes de que hagas la Selectividad. Cada residencia y colegio mayor tienen espacio limitado, y no serías la primera persona que encuentra su sitio ideal, para luego darse cuenta de que está completo. Los mejores sitios se cogen rápido, y si esperas demasiado te quedarás con un piso caro, un piso miserable, o ambas cosas.

Donde vives va a marcar mucho la experiencia de tu primer año en la Universidad. Dedica el tiempo necesario para hacer una buena elección y lo agradecerás cuando empiecen las clases.