Autor del , publicado por las universidades de Cantabria y Castilla-La Mancha

· La entrevista, realizada por Prensa UNE, puede ser reproducida íntegra o en parte.

Entre cirios y garrotes no tiene la pretensión de ser una historia de la religiosidad católica o de la Iglesia española. Es un acercamiento a un conjunto de ámbitos temáticos –constitucionalismo, identidad nacional, catolicismo, laicismos republicanos, heterodoxias y religiosidades alternativas – a través de los cuales se puede conocer el papel de la religión en la vida política española y los distintos y antagónicos modos de concebir esa relación desde la guerra de la independencia hasta la guerra civil de 1936. La época contemporánea conoció un fuerte enfrentamiento entre laicistas y confesionales que expresaba el protagonismo de la Iglesia para caracterizar España como nación y las modalidades de su relación con la sociedad y el Estado. El libro muestra la dificultad de lograr en España la libertad religiosa y los conflictos permanentes en torno al lugar que corresponde a la religión y la Iglesia en la sociedad, cultura y política nacional.

P. Dice usted que en España la religión ha sido no solo un elemento de identidad nacional sino un referente de lucha y confrontación social.

R. La confrontación entre clericales y anticlericales, o si se quiere, entre laicismo y confesionalidad, proviene de la propia situación de privilegio de la Iglesia española, derivado de la confesionalidad del Estado establecida por las constituciones españoles del siglo XIX y por el Concordato de 1851. Esa pugna entre secularización y confesionalidad (cultural y política) dividió a los liberales españoles. Tras más de un siglo de dura confrontación, en sus líneas generales, esa situación casi ha desaparecido por completo. Solo ocasionalmente reaparece en la vida pública, con ocasión de determinadas políticas “laicistas” o “confesionales” de los distintos gobiernos de la democracia. En todo caso, los potenciales conflictos se derivan de dimensiones complementarias o afines al fenómeno religioso: educación, moral pública (divorcio, interrupción del embarazo, ), etc.

P. ¿Qué papel tiene hoy la cuestión religiosa en la política española? ¿Se aprecia alguna reminiscencia del período que se aborda en el libro?

R. Aunque el proceso de secularización de la sociedad española es muy fuerte, todavía se perciben ingredientes de una situación anterior, visibles en la resistencia de algunos sectores de la Iglesia a las consecuencias de un Estado laico o aconfesional. Si buscamos reminiscencias podríamos encontrarlas en la conducta de un sector del episcopado que, bajo el liderazgo hasta hace muy poco de Rouco Varela, buscaba una presión permanente sobre los poderes públicos y expresaba una clara nostalgia del Estado confesional. Un sector de la Iglesia católica parece que mantiene reminiscencias de corte nacionalcatólico.

P. ¿Y en la sociedad?

R. La sociedad española ha experimentado un proceso de secularización muy fuerte, perceptible en el descenso de los matrimonios religiosos y en las prácticas de culto. La vida de las nuevas generaciones de españoles discurre en gran medida al margen de los dictados y valores de las iglesias, incluida la católica.

P. ¿Y en la vida cultural?

R. La vida cultural española evoluciona al margen de los dictados y planteamientos de la Iglesia. La cultura se mueve desde otros parámetros y medios, donde la televisión y las nuevas tecnologías establecen modas, metas, etc. No es frecuente encontrar en los marcos culturales actuales la huella de la religión. A lo sumo algunas cadenas de radio y televisión asociadas a la Conferencia Episcopal, de audiencias reducidas.

P. ¿Se puede equiparar de algún modo el poder político, social y cultural de la Iglesia católica española actual a la del período liberal?

R. En principio parece que el peso de la Iglesia es hoy claramente menor que en la época liberal. En primer término, ahora no hay confesionalidad del Estado y la Iglesia, aunque protegida, no está “privilegiada”. Con todo, el peso e influencia de la Iglesia en la política española dista de ser desdeñable, en particular cuando esa política viene dictada por partidos conservadores. No obstante, esa influencia es mucho más reducida que la que hubo en otros momentos de la España contemporánea.

P. ¿Cuál es a su modo de ver la influencia política, social y cultural de otras religiones en la España actual?

R. Aunque en España hay un marco de libertad religiosa que permite en desarrollo de otros múltiples cultos, resulta evidente que el peso del catolicismo es alto. En ningún caso cabe hablar de equiparación entre aquellos cultos que han experimentado crecimiento – sobre todo entre los musulmanes- y un catolicismo que forma parte de la historia e identidad nacional. En su conjunto el peso de la religión en la vida cotidiana de los españoles y en la política es, en todo caso, decreciente. Sociológicamente la presencia de otros cultos es reconocible, pero su impacto social y religioso es aún hoy limitado.

P. ¿Y la de otras corrientes como el laicismo o el anticlericalismo?

R. El laicismo y el anticlericalismo han sido en España posiciones reactivas frente al privilegio y la implicación que la Iglesia católica ha tenido en la vida política. La proclamación del Estado laico, el respeto a la libertad y pluralidad religiosa, ha suavizado la intensidad de ese secular enfrentamiento entre confesionales y anticlericales. Hoy resulta difícil pensar que se puedan reproducir los enfrentamientos que se vieron en el fin de siglo o en la Segunda República y la Guerra Civil. De forma mayoritaria se impone el hecho de que la religión ha de ser un elemento propio de la conciencia individual y es en el ámbito privado donde ha de desenvolverse.

P. Dice usted que el fundador del PSOE Pablo Iglesias no contempló el anticlericalismo como una vía para la consecución de sus objetivos. ¿Percibe usted hoy un uso de la religión por parte de los partidos políticos para el logro de sus propósitos?

R. En la tradición e ideología socialista la pugna clerical/anticlerical siempre ha sido un ingrediente secundario respecto de la confrontación entre socialismo/capitalismo, o entre burguesía/proletariado. En el siglo XX, una vez que la socialdemocracia ha modernizado su discurso y programa, el laicismo constituye un ingrediente de importancia creciente, pero no es el determinante del imaginario socialista.

P. ¿Cómo valora la relación actual de la Monarquía española con la Iglesia católica?

R. Históricamente ha habido un fuerte vínculo entre Monarquía e Iglesia en España. Tras la constitución de 1978 ese vínculo se ha suavizado e incluso se ha ido modificando, como se observa en la toma de posesión del rey Felipe VI. No obstante, la Monarquía se mueve entre dos aguas: una sociedad secularizada y una tradición de vínculo Monarquía e Iglesia. A esa dualidad responde el hecho de que Felipe VI elimine símbolos y gestos de carácter religioso, al tiempo que de inmediato fortalece el vínculo con la Iglesia al establecer la visita al Vaticano como uno de sus primeros actos públicos. Aunque históricamente la Monarquía ha encontrado legitimidad y fuerza en su vínculo con la Iglesia, en la actualidad es la legitimidad democrática en una sociedad secularizada lo que marca el tempo de la Monarquía. En 2014 resulta impensable un fenómeno como el de la consagración de España al Sagrado Corazón de Jesús que Alfonso XIII llevó a cabo en mayo de 1919.

P. ¿Sigue siendo España un país católico?

R. España, jurídica y políticamente no es ya un país católico, sino que, como muestra la constitución de 1978, es un país laico o aconfesional. Tampoco lo es en el sentido de que la sociedad española en su mayoría vive al margen de los dictados morales y religiosos de las iglesias. Sin embargo, hay una tradición y una base de cultura católica presente en gran parte de los escenarios en que discurre la vida cotidiana de los españoles: calendario, símbolos colectivos, arte, callejero, etc. No obstante, en el sentido tradicional de lo que ha sido la España católica hoy no cabe hablar de España como un país católico. Podemos encontrar a muchos españoles que se identifican con el catolicismo, la Iglesia, sus valores y programas, pero el país como comunidad política es laico. Las instituciones responden a lo contemplado en la constitución y las distintas leyes, y éstas se dictan al margen de lo establecido por las iglesias. Otra cosa distinta es el peso que los diferentes credos y la capacidad de la Iglesia católica para estimular o frenar las políticas de acuerdo con sus intereses y valores.