UNIVERSITAT DE VALENCIA

La construcción de este edificio se enmarca en un proyecto de cooperación, dirigido por el catedrático de Fisiología Federico Pallardó y Regina Bernabeu, del Servei de Prevenció i Medi Ambient, dentro del Programa 0,7 Una Nau de Solidaritat, de la institución académica

La cocina-comedor, cuya actividad ha sido suspendida por decreto gubernamental con motivo de la epidemia, estaba dando servicio a 350 niños y niñas de entre 5 y 16 años

Había conseguido mejorar la nutrición del alumnado e incrementar su rendimiento académico, así como integrar socialmente a menores excombatientes, también llamados niños soldados

Un comedor escolar de la Universitat de València, construido en la Escuela-Taller del poblado de Goderich (Freetown, ), tendrá que acoger a decenas de niñas y niños refugiados por la epidemia del Ébola, una vez se inicie el curso escolar, suspendido por el Gobierno sierraleonés como medida preventiva hasta el próximo mes de enero.

El comedor escolar, también dotado con una cocina, fue puesto en marcha para la Escuela-Taller de Goderich por la Universitat de València, en colaboración con la ONGD Diamond Child School of Arts and Culture, para abastecer a más de 200 niños y niñas, según las primeras previsiones. La construcción del edificio y su puesta en marcha se realizó entre el verano de 2012 y el de 2013. Desde entonces hasta su cierre provisional, el comedor estaba garantizando una comida diaria a 350 niños y niñas de entre 5 y 16 años.

La edificación de la cocina-comedor se enmarca en un proyecto de cooperación impulsado por el catedrático de la Universitat de València Federico Pallardó y Regina Bernabeu, del Servei de Prevenció i Medi Ambient, dentro del Programa 0,7 Una Nau de Solidaritat de esta misma institución académica.

Según ha explicado el presidente de la ONGD Diamond Child School of Arts and Culture, Anthony Zachariah Jalloh ‘Seydu’, “la interrupción del servicio de comedor se debe al cierre del centro educativo por una nueva ley gubernamental que permanecerá vigente hasta que la epidemia del Ébola esté bajo control”. Esta ley afecta, asimismo, al transporte público, cuya actividad también ha sido interrumpida por tratarse de lugares que congregan a un número elevado de personas y, por lo tanto, de riesgo para la expansión del virus.

Según ha informado el principal responsable de la ONGD, hasta ahora no se ha detectado ningún caso de Ébola en la comunidad de Goderich, si bien este poblado, debido a su fácil conexión marítima, está recibiendo “por decenas” a niñas y niños huérfanos por la enfermedad. Por el momento, están siendo acogidos por las familias de la comunidad -una vez ha sido descartado el contagio-, pero más adelante, cuando se reabran las instalaciones educativas, serán atendidos en el comedor. “Ahora las precauciones son extremas porque en Freetown sí se está extendiendo el virus”, explica.

La cocina-comedor de Goderich

El proyecto de cocina-comedor de Goderich, poblado de Freetown (Sierra Leona), se enmarca en el Programa 0,7 Una Nau de Solidaritat de la Universitat de València, promovido por el Vicerrectorado de Internacionalización y Cooperación de esta institución académica que, en la actualidad, dirige Guillermo Palao.

El proyecto ha consistido en la construcción y equipamiento de una cocina-comedor para el alumnado de la Escuela-Taller de Goderich. Con esta iniciativa se ha logrado proporcionar una dieta nutricional adecuada a los chicos y chicas de la escuela de Goderich, mejorando así su salud y su rendimiento escolar.

La cocina-comedor ha evitado que, a causa de la escasez de medios de la población, los pequeños tengan que salir a la calle a buscar sustento. Y es que la situación en el país africano, azotado por las guerras civiles y, ahora, más debilitado todavía por la epidemia del Ébola, es muy grave. La mayoría de los niños y las niñas realiza una única comida diaria y, muchas veces, ni tan solo tienen recursos para ello, motivo por el que se desmayan con frecuencia en horario lectivo, durante las clases. Además, el rendimiento académico cae drásticamente si el alumno está hambriento.

“El proyecto ha sido un éxito porque se hizo un trabajo muy bueno. Hemos pretendido abordar la educación, utilizando el comedor para llamar a los niños y las niñas al colegio y así incrementar la escolarización; la salud, siguiendo patrones adecuados de nutrición; y, al mismo tiempo, hemos llevado a cabo una acción social, integrando a niños excombatientes, implicados en las guerras civiles desde edades muy tempranas”, explica Pallardó.

Asimismo, el proyecto ha proporcionado empleo a la población local, puesto que las obras de construcción se han realizado, siempre que ha sido posible, con personal de la comunidad de Goderich y, más tarde, se contrató a una cocinera, responsable de elaborar los menús establecidos.

Tras finalizar la construcción del edificio, este fue equipado con los materiales y utensilios necesarios (nevera, congelador, ollas, sartenes, cubertería, vajilla, mesas y sillas). Al mismo tiempo, ha sido elaborada una hoja de ruta, en colaboración con las madres, quienes desempeñan las labores de servicio y mantenimiento del comedor de forma voluntaria; y se han adquirido los alimentos gracias a la colaboración conjunta de las ONGD Asociación por África, con sede en Madrid, y Diamond Child School of Arts and Culture España.

La cocina-comedor ha permitido, a su vez, la escolarización de más niños y niñas, ya que el nuevo edificio se utiliza también como aula fuera del horario de comedor.

El marco de este proyecto es el Programa 0,7 Una Nau de Solidaritat (http://links.uv.es/5wev1In), de la Universitat de València, gestionado por la Comisión 0,7, creada en el año 1995 con la misión de establecer las líneas generales de actuación en materia de cooperación al desarrollo de la Universitat de València; distribuir el presupuesto 0’7, que se obtiene del 0’7% del presupuesto de la Universitat, así como con carácter voluntario del 0’7% de las nóminas de su personal y de las tasas de matrícula de sus estudiantes, entre los diversos programas de cooperación; controlar y supervisar este presupuesto; y preparar y resolver convocatorias de proyectos propios de cooperación.