UNIVERSIDAD PONTIFICIA COMILLAS

Informe: Los también son cosa de niños. La situación de la infancia en “El Gallinero”

· El enclave chabolista es un lugar altamente insalubre, con basura acumulada en grandes cantidades y ratas e insectos en las chabolas

· La oenegé y la institución universitaria concluyen que las condiciones de extrema vulnerabilidad en las que viven los niños suponen graves violaciones de sus derechos, y piden medidas de protección específica

· Un tercio de los niños que viven en El Gallinero ha sufrido algún desalojo en el último año y medio

· El porcentaje de población que vive bajo el umbral de la pobreza en “El Gallinero” es del 99 por ciento; mientras que la media en España es de un 27,5 por ciento. Cuatro de cada cinco personas de El Gallinero en edad de trabajar son analfabetas funcionales

Cerca de 300 niños que viven en “El Gallinero”, un enclave chabolista situado a 12 kilómetros del centro de Madrid, se encuentran en situación de extrema vulnerabilidad. Las condiciones en las que viven representan una grave violación de sus derechos humanos, según denuncian y la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE en su informe “Los Derechos Humanos también son cosa de niños. La situación de la infancia en ‘El Gallinero’”. Entre otros, no se están respetando sus derechos a una vivienda digna, al agua y al saneamiento, a las ayudas sociales, a la educación o a la salud.

Sus viviendas habituales no están protegidas del frío ni del agua, tienen un acceso precario y peligroso a la electricidad, y no hay ningún tipo de saneamiento, lo que incrementa la estigmatización de los niños. Uno de los niños entrevistados cuenta que “la basura a veces huele y si nos tropezamos con ella nos caemos…, nos manchamos de caca cuando nos caemos”.

Los niños expresan además la angustia y el miedo que les generan las intervenciones policiales para derribar sus casas y hacer efectivas las órdenes de desalojo. Los derribos son una experiencia traumática para ellos. En el último año y medio, un tercio de los niños de “El Gallinero” se han visto expulsados de sus viviendas, sin alternativas de realojo viables ni estabilidad a largo plazo. Uno de los niños entrevistados cuenta cómo “a veces por la noche nos echan, con la porra dan en la puerta. Un día a mí me pasó, mis amigos y yo íbamos a por agua, después nos cogieron y nos dieron a dos o tres con las porras”.

“La falta de participación de niños y adultos en el diseño de las alternativas de realojo es una importante carencia que debe ser subsanada. Estos niños tienen derecho a ser consultados, y están preparados para participar en la planificación de su futuro”, afirma Fernando Vidal, Director del Instituto Universitario de la Familia de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE.

Sin programas de atención a la infancia

La falta de empadronamientos y documentación hace que a las familias les resulte muy complicado acceder a las ayudas sociales a las que tendrían derecho, como las que se dan por hijo a cargo o la renta mínima de inserción. Tampoco hay programas de atención de cero a tres años, si bien, a partir de esa edad, prácticamente todos los niños están escolarizados. A pesar de la asistencia al colegio, las familias no cuentan con recursos para hacer frente a los gastos relacionados con la educación, no pueden acceder a becas, y existen continuos problemas con la ruta del autobús, que hace que los niños pierdan horas y, a veces, días de clase. “Se deben adoptar medidas públicas que garanticen que los niños y las niñas de ‘El Gallinero’ acceden en condiciones de igualdad a la educación a la que tienen derecho. Esto puede requerir medidas específicas que eviten que sean discriminados”, explica Ana Sastre, Directora de Sensibilización y Políticas de Infancia de Save the Children.

Cuando necesitan asistencia sanitaria, los niños son atendidos por una ambulancia que depende del centro de salud público de la zona, que solo tiene horario de mañana y obliga a los niños a faltar al colegio para que se les atienda. Si se les deriva a un especialista, debido al alto coste que tiene para las familias desplazarse, dependen de los trabajadores voluntarios para ir a los hospitales o centros de salud.

“El Gallinero” es un lugar altamente insalubre, con basura acumulada en grandes cantidades y ratas e insectos en las chabolas. Una de las niñas entrevistadas expresa el miedo que le dan los ratones y las serpientes que entran en las chabolas. “Los ratones, mira, a veces entran en las casas y si hay niños pequeños, los comen por la noche”.

Los niños no cuentan con lugares seguros para jugar. Juegan en un entorno peligroso lleno de basura, excrementos, cables o cristales. “Cuando pasan los coches y salen a la calle, atropellan a los pequeños, los pillan. Alguna vez a una chica pequeñita, una de dos años… estaba en la calle y la atropelló un coche”, explica otra de las niñas.

“Quiero vivir una vida normal”

A lo largo del informe, y a partir de la investigación realizada por el Instituto Universitario de la Familia, de la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE, los niños expresan sus ganas de ser parte de los cambios que se tienen que dar para salir de las condiciones de pobreza y vulnerabilidad en las que viven ellos y sus familias. “Como yo quiero estar… quiero tener mi casa, tener mi dinero, mi trabajo… y quiero vivir una vida normal como viven todos”, explica unos de los niños. “Los niños de ‘El Gallinero’ proyectan su futuro como los demás niños, pero se dan cuenta de que cuentan con muchos más obstáculos, es obligación de los poderes públicos eliminar las trabas que les discriminan en el ejercicio de sus derechos”, añade Sastre.

Según Fernando Vidal, “del estudio se desprende cómo estos niños parecen estar ya listos para realizar cambios para los cuales los adultos quizá no estaban preparados. Hablan de su voluntad de tener un entorno limpio, poner cubos de basura en cada casa, de disponer de un baño y una ducha como uno de sus principales deseos de cambio, y empiezan también a cuestionar los roles de género que se asignan a las niñas y adolescentes. Sería importante hacer lo posible por aprovechar estas oportunidades para promover cambios urgentes y necesarios”.

Save the Children pide con urgencia a los poderes públicos que pongan en marcha las medidas necesarias para cubrir las necesidades de estos niños. “Estabilizar la situación de la vivienda permitiría garantizar su derecho a un nivel de vida digno, les protegería de las distintas formas de violencia que les afectan y facilitaría que pudieran gozar de otros derechos, como el derecho a la salud, a la educación o al juego”, añade Sastre.

La oenegé pide al Ayuntamiento de Madrid, entre otras medidas, que:

– Detenga los derribos de manera inmediata y establezca una moratoria hasta que se logre una solución efectiva.

– Que elabore un plan de intervención social que tenga en cuenta a la población y las organizaciones sociales que trabajan con ellos, y asegure, entre otras cosas, el empadronamiento de la población residente y elimine las trabas administrativas para la obtención de ayudas sociales.