UNIVERSIDAD DE EXTREMADURA

Una tesis dirigida por los profesores de la UEx y Ángel Albarrán Liso desvela las ventajas económicas y medioambientales que supone obtener cosechas de este cereal sin inundar la tierra

España es el segundo productor de arroz europeo, tan solo por detrás de Italia. Los campos españoles dedican unas 120.000 hectáreas a la cosecha de este cereal de primordial importancia para la alimentación humana y su cultivo está muy concentrado entre las regiones de Andalucía, Extremadura, Comunidad Valenciana, Cataluña, y Aragón.

En estas cinco comunidades autónomas los sistemas de producción son similares. Los agricultores suelen recurrir para la siembra, a los métodos tradicionales de laboreo y riego por inundación. Sin embargo, obtener las cosechas de esta forma, implica un importante consumo de recursos hídricos, así como un mayor desgaste de los suelos y un aumento de la contaminación.

Por eso, el Grupo de Investigación Gestión, Conservación y Recuperación de Suelos, Agua y Sedimentos (GORSAS) de la UEx ha estudiado las posibilidades que brindan otras técnicas alternativas al cultivo tradicional del arroz. Concretamente, han observado las ventajas que conlleva sustituir este sistema que anega el terreno por una agricultura basada en la siembra directa y el riego por aspersión.

Años de trabajo y observaciones en la Finca Casas de Hitos, ubicada en Madrigalejo, han permitido extraer importantes conclusiones. Por ejemplo, han comprobado que uno de los principales efectos positivos de esta técnica es que permite ahorrar, según calculan los autores de este trabajo, unos 20 mil metros cúbicos por hectárea y año, lo que supone, reducir los recursos hídricos utilizados hasta un 75 %.

Pero esto no todo. Antonio López Piñeiro, profesor de la UEx y coordinador de estos trabajos ha explicado que otro de los aspectos positivos de este método alternativo es que mejora las propiedades del suelo “y lo hace más productivo”.

“Estos terrenos periódicamente inundados conllevan, además, una gran problemática medioambiental. Es muy difícil recuperar estos suelos para otros usos porque están muy degradados. Sin embargo, con esta nueva técnica se podría, incluso, introducir rotaciones de diferentes cultivos, como el maíz, por ejemplo, en función de lo que demande el mercado”. Además, según ha subrayado López Piñeiro, la implantación de estos manejos disminuye la movilidad de herbicidas utilizados frecuentemente en el cultivo del arroz y, por tanto, también los riesgos de contaminación de aguas superficiales y subterráneas. Todo ello, según se desprende de las averiguaciones realizadas, sin que la productividad se vea reducida. “Es cierto que los resultados de la transformación de unos hábitos agrícolas por otros, no se verían de manera inmediata. Sería preciso dejar pasar un intervalo de dos a tres años para recuperar ese suelo, pero pasado este periodo, la productividad sería similar”, indica López Piñeiro.

Trascurrido este tiempo, esta técnica se perfila como una alternativa eficaz para mantener unos niveles de ingresos/costes que garanticen la rentabilidad y sostenibilidad del sistema.

Los resultados forman parte de un proyecto de investigación del Plan Nacional de Investigación y que han dado lugar a la tesis doctoral del investigador Francisco Javier Sánchez Llerena.