UNIVERSIDAD DE NAVARRA

– El catedrático de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid dicta un seminario en la Universidad de Navarra

Juan Antonio Lascurain, catedrático de Derecho Penal de la Universidad Autónoma de Madrid, se muestra muy crítico con la emprendida por el Gobierno de España. Considera, de hecho, que “el punitivismo es una forma de populismo”.

El experto acudió a la Universidad de Navarra para dictar un seminario a los profesores del Área de Derecho Penal sobre el principio de proporcionalidad penal. A su juicio, la reforma del Código Penal “va hacia lo que se ha llamado punitivismo, o securitarismo: más delitos, más abstractos y más penas”. En su opinión, en ese recorrido “estamos perdiendo el norte de nuestros valores constitucionales, que son protegidos precisamente por el principio de proporcionalidad”.

El principio de proporcionalidad penal, “que debe inspirar cualquier legislación”, establece que en una democracia “la pena es algo muy duro, muy contrario a la dignidad de la persona y su libertad, obviamente. Muy contrario a los valores fundantes de una democracia y hay que manejarla con mucho cuidado: solo cuando el fin sea loable, estrictamente necesario y ventajoso, para evitar que matemos moscas a cañonazos”, remarca Lascurain. En su opinión, el legislador penal “está perdiendo de vista este horizonte de proporcionalidad de las penas mínimas eficaces, por ejemplo tratando de resucitar la cadena perpetua”.

Sentimiento de inseguridad

Esta deriva populista se explica, en opinión de Lascurain, por dos fenómenos: la dureza innecesaria y el populismo punitivo. “Si con una pena menor puedes resolver un problema social, no es legítimo el derroche de libertad que supone una pena excesiva”. Sin embargo, reconoce que la tendencia no solo española, sino europea e incluso mundial, va en la dirección contraria. “Es un fenómeno llamado populismo punitivo: hay una tentación política que es aparentar que resuelven problemas sociales con leyes penales ad hoc y muy duras, que aparentemente dan mucha seguridad, en lugar de hacer políticas sociales más costosas y más pacientes, que probablemente a medio plazo disminuirían los índices de criminalidad, que tienen mucho que ver con las desigualdades sociales”, recalca.

Aunque reconoce que el sentimiento de inseguridad ha sido creciente en los últimos años en España, considera que carece de una base objetiva: “España tiene unas tasas carcelarias muy altas, porque se ha endurecido mucho la legislación penal y ahora se va a endurecer más, sin embargo tiene unas tasas de criminalidad bastante bajas respecto a Europa”. El sentimiento de inseguridad “tiene que ver con los medios de comunicación, ya que la inseguridad vende”. Y otro fenómeno, “en los últimos años se ha dado una voz inadecuada a las víctimas: hay que quererlas, escucharlas, comprenderlas, indemnizarlas… pero no son el sujeto adecuado, todos lo entendemos, ni para legislar ni para dictar sentencias, ya que llevan a leyes y sentencias desproporcionadas”.