UNIVERSIDAD DE LA RIOJA

El Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Rioja ha publicado el La feminización de las Fuerzas Armadas españolas (1988-2011), obra de Remedios Álvarez Terán, doctora en Ciencias Humanas y Sociales por la UR.

El libro recoge el trabajo de investigación de su tesis doctoral, dirigida por el profesor Carlos Navajas Zubeldia, donde la autora describe y analiza el proceso que se viene gestando las Fuerzas Armadas españolas desde 1988, cuando ingresaron las primeras oficiales, y hasta finales de 2011.

En este último año el Ejército español estaba compuesto por 130.000 activos, de los cuales 15.000 eran mujeres –es decir un 12,1%- y, de ellas, 1.500 eran oficiales y 13.500, soldados.

Estas cifras han aumentado hasta el 12,4% en 2014, porcentaje menor al de otros países europeos como Letonia (16,27%), Eslovenia (15,41%), Bulgaria (14,11%) y Francia (14%), pero notablemente superior a otros como Luxemburgo (4,91%) o Dinamarca (3,74%).

En cuanto a la graduación, en 2014 había 26 mujeres con rango de teniente coronel; siendo este el puesto más alto del escalafón que ocupa ahora una mujer en el Ejército español. El porcentaje entre los oficiales es de un 7,6% de mujeres y entre los suboficiales, un 3,6%. En cambio, en la tropa (solados y marineros) el porcentaje se dispara hasta el 16,9%.

Los porcentajes varían en cada uno de los ejércitos (Tierra, Mar, Aire y Cuerpos Comunes), siendo mayor la presencia de mujeres (abogadas, médicas, veterinarias, enfermeras, músicas, economistas, etcétera) en los Cuerpos Comunes, donde alcanzan el 19%; aunque cuestiones como los periodos de embarque –en el caso de la Marina- o la dificultada para conciliar la vida profesional y familiar son características comunes a todas las Fuerzas Armadas.

FEMINIZACIÓN DE LAS FUERZAS ARMADAS

La incorporación de mujeres a las Fuerzas Armadas en Occidente se inicia tras la II Guerra Mundial en EEUU, Reino Unido y Canadá. Posteriormente se amplía en Europa occidental entre 1960 y 1980 y, a continuación, en los años noventa con países como, por ejemplo, España. La dictadura y el servicio militar obligatorio dificultaron la puesta en práctica del Art. 30 de la Constitución de 1978, que regula el derecho y la obligación de los españoles y españolas de servir a su país.

La última oleada ha tenido lugar tras la caída del muro de Berlín, cuando en la Cumbre de Praga (2002) se produce la mayor ampliación de la OTAN, con el ingreso de Letonia, Lituania, Estonia, Eslovenia, Eslovaquia, Rumanía y Bulgaria. Todos estos nuevos socios se ven obligados a renovar sus estructuras militares profesionalizándolas e incorporando mujeres. Algunos países, como Letonia y Bulgaria, disponen ahora de los mayores porcentajes.

El ingreso de las mujeres en este ámbito históricamente masculinizado tiene repercusiones para ellas, para los ocupantes de esos espacios hasta el momento, para la organización y para la sociedad en general.

Aunque la feminización se da simultáneamente tanto en la organización militar como en la sociedad civil, es de esta segunda de donde nace el impulso y se potencia con las nuevas leyes. Al principio el personal masculino de debe aceptar la nueva situación y adaptarse, algo que implica cambios en su mentalidad.

Pero también es necesario modificar estructuras (dormitorios, baños) en todas las instalaciones, incluidos buques o submarinos. Al mismo tiempo, la legislación ha debido acomodarse a las contingencias que afectan a las mujeres en exclusiva: embarazos y partos son las más evidentes.

Pese a la dificultad de hacer previsiones en situaciones de crisis como la actual respecto a las cifras de mujeres que ingresarán próximamente en las Fuerzas Armadas, la autora apunta que podríamos estar presenciando su techo de cristal, como consecuencia de los recortes económicos que disminuyen en general el número de efectivos totales, y porque, según las estadísticas, cuanto mayor es la demanda masculina para ingresar en las tropas menos mujeres acceden, un hecho que viene sucediendo en España desde 2008.