UNIVERSIDAD DE BARCELONA

La mayoría de la gente habla interiormente para ayudarse a resolver problemas personales. Un equipo de la Universidad de Barcelona ha utilizado la realidad virtual para averiguar los efectos de dialogar con uno mismo a través de dos avatares (representaciones virtuales). Los resultados del trabajo, publicados en la revista Scientific Reports, del grupo Nature, muestran una mejora del estado de ánimo de los participantes, especialmente cuando la conversación virtual se mantiene con un avatar distinto al del participante, en este caso con el cuerpo de Sigmund Freud. Según los investigadores, este método podría servir para ayudar a las personas a afrontar problemas personales leves; ya que modifica la perspectiva sobre estas cuestiones.

El estudio ha sido desarrollado por Sofia Adelaide Osimo, Rodrigo Pizarro y Bernhard Spanlang, y coordinado por Mel Slater, investigadores del Grupo de Investigación Entornos Virtuales en Neurociencias y Tecnología Experimental (Event Lab), de la Facultad de Psicología de la Universidad de Barcelona.

Investigaciones recientes de este mismo grupo han apuntado a que cuando nos sumergimos en un cuerpo diferente al nuestro a través de la realidad virtual, cambia nuestra percepción, el comportamiento y las actitudes. En este caso, los investigadores querían averiguar si la ilusión de habitar otro cuerpo permitiría una nueva perspectiva y el acceso a recursos mentales distintos a los que utilizamos habitualmente para resolver problemas.

Para llevar a cabo el estudio, los investigadores pidieron a 22 participantes que pensaran en un problema personal que les gustaría resolver. A continuación debían evaluar su estado de ánimo y otros indicadores de bienestar rellenando un cuestionario. La mala relación con un superior en el trabajo o la añoranza por la marcha de un amigo fueron algunos de los problemas vitales que plantearon.

Escuchar tus consejos a través de un avatar

En la primera fase del experimento, los participantes se sumergían en un cuerpo virtual que se parecía a ellos. Esta semejanza la detectaban cuando miraban partes de su propio cuerpo y también al ver la imagen reflejada en un espejo. Además, el cuerpo se movía en sincronía con sus propios movimientos. Entonces, los participantes tenían que explicar su problema a una representación virtual de Sigmund Freud situada al otro lado de la sala virtual. Se eligió la figura de Freud después de encuestar a participantes no implicados en el estudio sobre qué persona popular elegirían para hablar sobre un problema personal.

En la siguiente fase del experimento, el participante se sumergía en el cuerpo virtual de Freud. Delante veía el avatar que se parecía al participante y escuchaba la explicación del problema personal que había narrado en la primera fase del experimento. Entonces, ya como Freud, podía ofrecer asesoramiento para abordar el problema.

Después, los participantes volvían al avatar de su propio cuerpo, desde el que veían y escuchaban a Freud entregando el consejo que ellos mismos habían dado minutos antes. En este caso, el tono de la voz estaba alterado para disimular que se trataba de la voz del participante. Este podía repetir el procedimiento hasta que creía llegar a una resolución adecuada para su problema.

Una semana después, se repitió el experimento; pero en vez de ver a Freud, los participantes veían una copia de sí mismos en el otro lado de la habitación virtual. De este modo, la conversación virtual la tenían directamente con ellos mismos.

Dialogar con el avatar de Freud mejora el estado de ánimo

Los resultados muestran que en ambos casos mejoraban el estado de ánimo y la felicidad de los participantes; pero especialmente cuando recibían los consejos a través del cuerpo de Freud, en comparación con los consejos dados por el avatar parecido a cada participante. «Parece que, sumergidos en la realidad virtual y desde la perspectiva de otra persona, los participantes ven los problemas desde otro punto de vista», reflexiona Mel Slater, coordinador del EventLab y también investigador de la Institución Catalana de Investigación y Estudios Avanzados (ICREA).

Esta forma virtual de hablar con uno mismo podría servir para ayudar a las personas a afrontar problemas menores, como por ejemplo el exceso de autocrítica o de vergüenza que, cuando no se controlan, pueden llegar a convertirse en enfermedades más serias y derivar incluso en depresiones. «Nuestro método podría servir para empezar a abordar cuestiones incómodas de la vida de la gente. Además, en un contexto donde los pacientes reciben tratamientos de salud mental y especialmente terapias verbales muy por debajo de sus necesidades, la realidad virtual podría ser un enfoque útil y barato antes de la etapa de acceso a la terapia psicológica», explica Mel Slater.

Según el investigador, esta posibilidad es «factible hoy en día gracias al advenimiento de aparatos de realidad virtual inmersiva de alta calidad a precios más razonables, y a las grandes expectativas de crecimiento en esta industria en los próximos años».

Respecto al uso de este método para abordar casos más graves, Mel Slater se muestra cauteloso: «Hay que tener en cuenta que en este experimento los participantes presentaron problemas personales bastante leves, y que las evaluaciones de los resultados fueron solo a través de cuestionarios. Se necesitan más estudios para considerar si las cuestiones más graves podrían abordarse con éxito utilizando este método», concluye el investigador.

El video ilustra las diferentes fases del experimento realizado:

Referencia del artículo:

S. Adelaide Osimo, R. Pizarro, B. Spanlang and M. Slater. «Conversations between self and self as Sigmund Freud—A virtual body ownership paradigm for self counselling». Scientific Reports, septiembre 2015. Doi: 10.1038/srep13899