“España es una sociedad lectora de ensayos más de lo que lo ha sido nunca”

La entrevista, realizada por Prensa UNE, puede ser utilizada íntegra o en parte.

Bajo el título “El lugar del ensayo hoy” y basada en el libro Pensar por ensayos en la España del siglo XX. Historia y repertorio, de Jordi Gracia y Domingo Ródenas, anoche se celebró la primera conferencia del ciclo “Divulgar en la calle”, organizado por la Universitat Autònoma de Barcelona y la librería Documenta, que se desarrollará en los próximos meses en el espacio UNE de la citada librería. Con este motivo, hablamos con los profesores Gracia y Ródenas sobre el ensayo y su lugar hoy en nuestro país.

P. El ensayo llegó con retraso a España pero ¿cuál es su vigencia hoy en nuestro país?

J.G/D.R. La más rumbosa imaginable, sin límites de estilo ni de invención, con espacio en las librerías y en las editoriales, aunque haya de aprender a competir con el ámbito virtual como espacio de existencia: una democracia plena se ensaya también a través del ensayo.

P. Ustedes analizan la evolución de este género a través del estudio de casi un centenar de autores. ¿Cabe hablar de escuelas o cada autor tiene su propio estilo?

J.G/D.R. Es imposible no reconocer en un grupo de escritores coetáneos las marcas de sus coordenadas históricas y culturales, unos intereses afines, unas preocupaciones semejantes, aunque las formulaciones y los abordajes sean muy distintos. Eso fue así en quienes se enfrentaron como ensayistas a la crisis del cambio de siglo del XIX al XX, en quienes lo hicieron en los años setenta en la reconexión tardía de España con la modernidad y lo ha sido en lo que llevamos de siglo XXI. Pero de esas convergencias a hablar de escuelas hay una distancia que debe recorrerse con prudencia. Por otro lado, es obvio que cada autor desarrolla un estilo que lo singulariza, de lo contrario no sería un autor: entre Benet, Ferlosio y García Calvo, por ejemplo, es posible detectar tangencias y cierto aire de época, pero cada uno de ellos definió una escritura y hasta un modo de pensar los problemas radicalmente propio.

P. ¿Cuáles han sido las principales influencias de los autores españoles que han trabajado este género?

J.G/D.R. Por suerte no hay marca de fábrica ni escuela alguna, pero el ensayista español no ha actuado de modo diferente al resto de la Europa contemporánea. Del mismo modo que Nietzsche fue una de las sacudidas centrales del fin de siglo XIX, lo volvió a ser a la salida de la dictadura. Los influjos y líneas de atracción de los ensayistas españoles han estado sincronizados con los del pensamiento europeo, con la salvedad del paréntesis franquista, durante el que se cultivó además un ensayo nacionalista y católico. La particularidad española puede estar en el peso que, además de la tradición occidental, ha tenido la tradición americana, desde Rubén Darío, José Enrique Rodó y Alfonso Reyes hasta Jorge Luis Borges, Octavio Paz, Alejandro Rossi o Carlos Monsivais.

P. ¿De qué parcelas de la escritura y el pensamiento proceden principalmente los ensayistas españoles: filosofía, literatura, política, periodismo..?

J.G/D.R. De ninguna en particular y de todas a la vez, si bien es cierto que la procedencia profesional o disciplinaria del ensayista determina en buena medida su catálogo de temas y el enfoque de los mismos. Aun así, la agilidad y libertad del ensayista permite que pueda merodear cualquier asunto por alejado que se encuentre de su área de especialidad, si es que esta noción es aplicable a un escritor de ensayos. Aun así, y por razones meramente estadísticas, puede decirse que la mayor parte de los ensayistas españoles han surgido de los ámbitos de la filosofía, los estudios históricos y culturales y la creación literaria.

P. ¿Se percibe una mayor relevancia del ensayo en alguna de estas áreas en el momento actual?

J.G/D.R. La fuerza de la filosofía moral y del pensamiento estético de los años ochenta y noventa se ha desplazado en el siglo XXI, sin desaparecer en absoluto, hacia la reflexión otra vez colectiva, al intento de indagar las causas de los cambios sociales, la gestión de la memoria histórica y las transformaciones tecnológicas del presente, incluido el cambio de ciclo político que vive el país.

P. ¿Cómo ha evolucionado la temática del ensayo español y cuáles son ahora los temas que más preocupan a los ensayistas?

J.G/D.R. No puede hablarse de evolución temática excepto cuando se plantea el cambio de ángulo en el tratamiento de un mismo tema, por ejemplo la cuestión del compromiso social o político por parte del intelectual en los años treinta o en la España posterior al 15-M. Hay un conjunto de temas que vuelven de manera cíclica pero envueltos en las circunstancias de cada momento histórico. El irresuelto mecano de la articulación del Estado es uno de ellos, del que pende un racimo de subtemas como el del iberismo político o cultural o el de la fuerza centrífuga de los diversos nacionalismos periféricos. Pero el ensayo no se agota en el abanico de temas políticos, ni mucho menos. El ensayo de asunto literario se ha mantenido a un nivel muy alto y también el de interpretación cultural, sobre todo en torno a las transformaciones ocasionadas por la globalización o el descrédito de las humanidades.

P. El libro y la prensa escrita han sido los principales medios de difusión del ensayo. ¿Sigue siendo esto así? Expliquen su respuesta

J.G/D.R. Sí, libros, diarios y revistas siguen siendo las plataformas de difusión principales, aunque algunos ensayistas han encontrado en el blog un canal de acceso inmediato a sus lectores que no suelen utilizar de forma exclusiva sino como archivo de textos publicados en otros lugares o como vivero de textos que se publicarán en los formatos tradicionales. Esto último no deja de ser paradójico, puesto que textos que han nacido de la velocidad y brevedad de los medios digitales parecen revelar, en el momento de su edición en papel, la ambición de la lentitud y permanencia propias de la era Gutenberg.

P. Blogs, bitácoras, páginas web, redes sociales… ¿Cómo se están relacionando estos nuevos medios y espacios con el ensayo?

J.G/D.R. Las virtudes de los medios digitales son también su debilidad: la rapidez de acceso a los lectores permite un inmediata retroalimentación para los autores, pero también aumenta la volatilidad de los textos, que tienden a estar pegados a la actualidad. Por otro lado, esa misma inmediatez impide la elaboración parsimoniosa del texto y, lo que es peor, de las ideas, impone una extensión limitada al ensayo (reduciéndolo a menudo a un apunte), a la vez que el registro de escritura se simplifica, acercándose a la prosa periodística cuando no a la oralidad. Estas características (brevedad, rapidez, ligereza, sencillez…) parecen extraídas de las propuestas de Italo Calvino para el nuevo milenio, pero no siempre casan bien con el tipo de escritura digresiva, masticada, a fuego lento, que ha sido la propia del ensayo.

P. ¿Es España una sociedad lectora de ensayos?

J.G/D.R. Más de lo que lo ha sido nunca, incluida la fortuna de haber multiplicado los estratos de lectura y de exigencia porque la hiperespecialización (a menudo ya sólo en formato digital) coexiste con la amenidad divulgativa sin desdoro de la calidad, mientras la historia cultural ha conquistado múltiples lectores que antes debían acudir por fuerza a autores extranjeros por ausencia (o hiperespecialización endogámica) de los nativos. De ello dan cuentan las series editoriales dedicadas al ensayo e incluso los ensayos publicados en colecciones de ficción.

P. ¿Qué perspectivas de futuro hay para este género literario en nuestro país?

J.G/D.R. Nada anuncia aires funerarios pero sí mutaciones fuertes en los modos de elaborar y difundir la prosa de ideas: ni todos los twits son geniales aforismos ni todos los aforismos son tan geniales como algunos twits, del mismo modo que no todos los blogs son meros desahogos bochornosos y algunos contienen proyectos creativos y multimedia que hemos de aprender a valorar con nuevas herramientas de análisis. Con independencia del medio de que se sirva, digital o de papel, el ensayo tiene una perspectiva muy estimulante, tanto el que deriva de la filosofía, que ha encontrado en el ensayo el espacio discursivo natural de un pensamiento liberado de los castillos universitarios y hecho acción cívica, como el que surge de la creación literaria, donde se ha hibridado con otros géneros, como la novela, la biografía o la autobiografía.