UNIVERSIDAD CATÓLICA DE VALENCIA

Inaugura el Congreso Internacional de Educación Católica para el siglo XXI organizado por la UCV

El cardenal arzobispo de Valencia, Antonio Cañizares, ha asegurado que la educación católica “es hoy más necesaria y urgente que en otras épocas ya que supone un bálsamo y una curación para tantos niños y jóvenes que viven hoy un desamparo radical, que están dañados por la cultura, por la ausencia de familia y por otras situaciones que están provocando en ellos grandes heridas”.

Al inaugurar el IX Congreso Internacional de Educación Católica para el siglo XXI, organizado por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir”, el purpurado y gran canciller de la UCV ha insistido en que “los educandos de nuestro tiempo deben ser como el Buen Samaritano, practicando la misericordia con el hombre al que le robaron, le apalearon y le dejaron tendido con sus heridas a la vera del camino”.

De esta manera, animó a los asistentes del congreso a “impregnar la sociedad de esta visión de la educación” y advirtió que “si no se lleva a cabo la educación desde la perspectiva de la misericordia no podrá superarse tampoco el fracaso escolar”, una realidad que, según el Arzobispo, “está presente en muchos países de Europa porque “en sus leyes educativas no han tenido en cuenta realmente al hombre”.

En este sentido, el Cardenal señaló que “aunque la educación cuente con los medios técnicos más avanzados continuará fracasando si le falta la entraña de misericordia que es la constitución básica de la educación”. La misericordia “es realmente volcarse sobre la persona que está necesitada de apoyo y ayuda para crecer, para ser verdaderamente lo que está llamado a ser, un hombre querido por Dios”, observó.

Además, el gran canciller felicitó a los organizadores del congreso “por haber elegido este tema y por aportar a la tarea educativa una visión donde la misericordia sea el eje, algo diferente a la simple instrucción”. “Sin misericordia no habrá realmente la posibilidad de un mundo futuro”, concluyó el Cardenal.

En la inauguración del Congreso, que se desarrolló en el salón de actos del campus Valencia-Santa Úrsula, también participó el rector, Ignacio Sánchez Cámara; el director del congreso, José Ignacio Prats; la decana adjunta de la Facultad de Magisterio, María Catret; y el decano de la Facultad de Teología de Valencia, “San Vicente Ferrer”, Vicente Botella.

Juan de Dios Larrú: “A través de su misericordia el padre muestra la potencia salvadora de su amor por los hombres”

El teólogo Juan de Dios Larrú fue el encargado de impartir ayer tarde la conferencia inaugural del congreso, en la que afirmó que “a través de su misericordia, visible en Jesús de Nazaret, el Padre muestra la potencia salvadora de su amor por los hombres”.

De este modo, bajo el título `Compasión, tolerancia y misericordia´, el profesor profundizó en la “verdadera naturaleza de la misericordia evangélica, diferenciándola de la experiencia de la compasión en la antigüedad griega, considerada como una debilidad humana y un sufrimiento moral y de la tolerancia acuñada en el escenario de la modernidad europea, como un bien civil que soporta la diferencia”.

En su intervención, Larrú recordó las palabras del papa Francisco en la bula que anuncia el Año Jubilar de la Misericordia: “Jesucristo es el rostro de la misericordia del Padre”. “Una sintética expresión que, según el ponente, encierra el contenido fundamental del misterio de la fe cristiana”, añadió.

Para el teólogo, estas enseñanzas del pontífice, así como el magisterio precedente de San Juan Pablo II y Benedicto XVI, “se inspiran en Jesús como Buen Samaritano y afirman que el programa del cristiano es un corazón que ve dónde se necesita amor y actúa en consecuencia”. “La profunda continuidad entre ver y actuar es la característica propia del Samaritano, que sabe reconocer en el herido a un prójimo que le llama a hacerse próximo suyo”, apuntó Larrú.

Además, con respecto a la misericordia en el Evangelio, el decano del Pontifico Instituto Juan Pablo II, afirmó que “Cristo es quien manifiesta la presencia de Dios que es padre, amor y misericordia y que en el rostro del Hijo se percibe con claridad el carácter esencialmente generativo y relacional de la misericordia divina”.

Finalmente, Juan de Dios Larrú reflexionó sobre cómo la experiencia de la verdadera paternidad ayuda más al hombre a acercarse al misterio de la misericordia, como puede verse en la parábola del hijo pródigo. “Redescubrir la misericordia implica recuperar la grandeza de la paternidad y la maternidad como experiencias generativas en la fecundidad de la carne”, añadió el ponente. (AVAN)