UNIVERSIDAD DEL PAÍS VASCO

Aitor Anduaga analiza en un libro, publicado por la Universidad de Oxford, la influencia que tienen la tecnología y la industria sobre la ciencia

Muy pocos niegan la gran influencia que ejercen la tecnología y la industria sobre el progreso científico, un hecho que refleja claramente cómo la ciencia depende de los avances técnicos y del desarrollo industrial. Ahora bien, la forma en la que se materializa esa influencia y el dilema acerca de si esa relación facilita o, por el contrario, condiciona los conceptos y valores propios de la ciencia son aspectos en los que no se ha profundizado hasta la fecha. Aitor Anduaga, investigador Ikerbasque y subdirector del Museo Vasco de Historia de la Medicina y la Ciencia en la UPV/EHU, analiza la relación que tiene la ciencia con la tecnología y la industria en su libro ‘Geophysics, Realism, and Industry. How Commercial Interests Shaped Geophysical Conceptions, 1900-1960’, publicado por Oxford University Press.

“Si existe alguna ciencia que considera sus conceptos y métodos como conocimiento puro, esas son sin duda la física y las ciencias exactas”, asegura Anduaga. “Desde siempre -añade- han sido consideradas como el arquetipo de las ciencias: su conocimiento nunca o casi nunca se ha visto afectado, modelado o influenciado por factores ‘externos’. Simbolizan el conocimiento puro, libre de toda contaminación comercial, no afectado por factores como las exigencias industriales, los logros comerciales o la presión social. Eso es, al menos, lo que una gran parte de la literatura científica sostiene. Pero la realidad es bien diferente”.

El libro ‘Geophysics, Realism, and Industry. How Commercial Interests Shaped Geophysical Conceptions, 1900-1960’ presenta dos casos de industrias que cuestionan esa supuesta ‘pureza’ de la ciencia. El primero tiene que ver con la industria de la radio y con la influencia que ésta ejerció en el estudio de la atmósfera superior terrestre (o ionosfera); y el segundo caso está relacionado con la industria petrolífera y el estudio de la corteza terrestre (o sismología de la corteza).

Según Anduaga, “ambos relatos tienen aspectos coincidentes”. Aunque se trate de campos de investigación muy diferentes, los físicos de ambos casos mostraron una cosa en común: adoptaron actitudes realistas en relación a entidades teóricas tales como capas y discontinuidades. Ahora bien, el realismo de estos físicos era acerca de conceptos, no de teorías. De hecho, no tenía su origen en alguna doctrina filosófica como puede ser, por ejemplo, el ‘realismo científico’ (que sostiene que existe una realidad objetiva y que el objetivo de la ciencia es describir y explicar esa realidad) ni tampoco en el llamado ‘realismo operacional’ (cuando los científicos se ven justificados a creer en la existencia de entidades teóricas sólo cuando son capaces de usarlas para producir efectos). Más bien, el realismo detectado procedía de una actitud pragmática.

Aitor Anduaga defiende la existencia de una nueva postura científica: el realismo de origen social y cultural. “Hay un realismo acerca de entidades, no de teorías, que responde a intereses muy concretos: intereses comerciales e ingenieriles. Este tipo de realismo no es exclusivamente operacional ni estrictamente instrumental, sino que tiene raíces socioculturales”.

En los dos ejemplos que explica el libro, el éxito comercial dependía de la predicción de los objetivos. Vaticinar cuestiones como la frecuencia máxima utilizable en radio comunicación o la localización de pozos petrolíferos eran claves para el éxito comercial en sus industrias; y esto estaba ligado al uso de imágenes útiles de las regiones más inescrutables de la Tierra. Por tanto, estas actitudes realistas tuvieron mucho que ver con la necesidad de proporcionar imágenes útiles de la ionosfera y de la corteza terrestre, de predecir objetivos y de alcanzar logros comerciales. La manipulación de ondas no fue, por lo tanto, el origen de los impulsos realistas.

Sobre el autor

Aitor Anduaga es doctor en Ciencias Físicas por la UPV/EHU (2001), profesor investigador Ikerbasque y subdirector del Museo Vasco de Historia de la Medicina y la Ciencia en la Universidad del País Vasco. Ha sido investigador visitante en las universidades de Oxford, Sidney, Toronto y Montreal, así como en el Max Planck Institute for the History of Science de Berlín y en la Smithsonian Institution de Washington. Ha publicado extensamente sobre la historia social de la física, la geofísica y la tecnología. Es autor de otro libro publicado en Oxford University Press, ‘Wireless & Empire: Geopolitics, radio industry and ionosphere in the British Empire, 1918-1939’ (2009).