UNIVERSITAT JAUME I

Los resultados de esta investigación pertenecen al estudio PREDIMED, en el que la UJI colabora desde 2003

Seguir una dieta mediterránea rica en grasas vegetales (aceite de oliva virgen extra, frutos secos, etc.) no implica un aumento significativo de peso en comparación con una dieta pobre en grasas, según explica un estudio publicado en la revista médica The Lancet Diabetes & Endocrinology. El trabajo sugiere que muchas directrices actuales sobre salud que recomiendan reducir grasas y calorías generan una percepción errónea sobre los efectos de la ingesta de grasas de la dieta mediterránea, de reconocidos beneficios para la salud.

El artículo está firmado por los expertos Ramon Estruch, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la Universitat de Barcelona y el Hospital Clínic de Barcelona; Emili Ros, del Hospital Clínic de Barcelona y el IDIBAPS; Rosa M.ª Lamuela, de la Facultad de Farmacia de la UB, y Xavier Pintó, de la Facultad de Medicina y Ciencias de la Salud de la UB y el IDIBELL, entre otros expertos de instituciones y centros hospitalarios de todo el Estado, entre las que se encuentra la Universitat Jaume I de Castelló.

Las evidencias científicas de este trabajo perteneciente al estudio PREDIMED apuntan a que el contenido total en lípidos no es un indicador adecuado para valorar los efectos negativos o beneficiosos de los alimentos. En esta línea, las grasas de los frutos secos, del pescado y de aceites vegetales ricos en compuestos fenólicos son más saludables que los lípidos procedentes de la carne y los alimentos procesados.

Cambio en las recomendaciones dietéticas

El profesor del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UJI Òscar Coltell -adscrito a PREDIMED desde 2003 para desarrollar tareas relacionadas con la gestión y análisis de datos y bioinformática- argumenta que este artículo está teniendo una repercusión muy grande en los Estados Unidos «donde las últimas recomendaciones de salud pública estaban muy centradas en dietas bajas en grasas, por debajo del 30%, y el estudio PREDIMED, al ser un ensayo clínico a largo plazo, ha proporcionado una evidencia científica que servirá para cambiar las recomendaciones dietéticas dirigidas a la población en general».

En opinión de Coltell, estas conclusiones refuerzan más el patrón de dieta mediterránea, «no sólo para la prevención cardiovascular, ya demostrada en 2013 (New England Journal of Medicine), sino también por el mantenimiento del peso». «El alejamiento de la dieta mediterránea está contribuyendo al incremento de la obesidad. Hay que luchar para mantenerla, sobre todo, en la población más joven, como se recoge en la Guía de alimentación saludable de la Red Valenciana de Universidades Saludables, donde también está la UJI», concluye el profesor e investigador.

Bajo impacto en el control de la obesidad

«Más de cuarenta años de política nutricional han abogado por una dieta baja en grasas; pero estamos constatando que esta tiene muy poco impacto en el control de los niveles de obesidad», explica Ramon Estruch, primer autor del estudio y miembro del CIBER de Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBERobn) del Instituto de Salud Carlos III.

«Nuestro estudio muestra que una dieta mediterránea rica en grasas vegetales como el aceite de oliva y los frutos secos tiene poco impacto sobre el peso corporal o el perímetro abdominal en comparación con los efectos de una dieta baja en lípidos. La dieta mediterránea tiene beneficios para la salud bien conocidos e incluye grasas saludables (aceites vegetales, pescado y frutos secos)», subraya Estruch. Los hallazgos de este estudio no implican, sin embargo, que las dietas restringidas con altos niveles de lípidos no saludables (mantequilla, carne procesada, bebidas azucaradas, postres o comida rápida) sean beneficiosas.

La obesidad es un factor de riesgo para diversas patologías (enfermedades cardiovasculares, diabetes de tipo 2, cáncer, patologías musculoesqueléticas, etc.). Para evitarla, es recomendable el ejercicio físico y una dieta baja en grasa: hasta un límite del 30 % de lípidos en la ingesta total de energía, según recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y otras entidades internacionales. Diversos estudios han constatado que la dieta mediterránea —que incluye grasas saludables— puede ayudar a reducir los riesgos para la salud. Sin embargo, las prevenciones contra la ingesta de grasas hacen que todavía se recomienden más dietas pobres en lípidos para perder peso corporal.

El nuevo estudio incluyó 7.447 participantes (hombres y mujeres, entre 55 y 80 años), y se llevó a cabo en once hospitales de todo el Estado durante el periodo 2003-2010. Los participantes estaban divididos en tres grupos según el tipo de alimentación que seguían: una dieta mediterránea no restringida en calorías y rica en aceite de oliva (1), una dieta mediterránea sin restricción calórica y rica en frutos secos (2), y una dieta baja en todo tipo de grasas (3). Todos los participantes tenían un perfil de alto riesgo cardiovascular o eran diabéticos de tipo 2, y más del 90 % tenían sobrepeso o eran obesos.

Después de cinco años, el consumo total de grasas se había reducido en el grupo de la dieta baja en lípidos; mientras que había aumentado ligeramente en los dos grupos que seguían una dieta mediterránea. Según los resultados, en general todos los participantes perdieron peso: en concreto, los que más redujeron su peso corporal seguían la dieta mediterránea no restringida en calorías y rica en aceite de oliva. En cuanto al perímetro abdominal, aumentó más en el grupo que seguía una dieta baja en grasas, en comparación con los grupos con dieta mediterránea.

Enlace a la publicación: http://www.thelancet.com/journals/landia/article/PIIS2213-8587%2816%2930085-7/abstract