UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

Según los resultados del estudio “The Economic Consequences of the Spanish Reconquest: The Long-term Effects of Medieval Conquest and Colonization”

El trabajo de Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila, de la Universidad de St. Andrews y la Universidad Pablo de Olavide, respectivamente, ha sido publicado en la revista Journal of Economic Growth

Los investigadores españoles Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila, de la Universidad de St. Andrews y la Universidad Pablo de Olavide, respectivamente, acaban de publicar un estudio sobre los efectos de largo plazo que tuvo la Reconquista de la Península Ibérica sobre los niveles actuales de renta per cápita a nivel regional. El estudio ha sido publicado en la revista Journal of Economic Growth y ha sido presentado en las conferencias de la American Economic Association (Philadelphia 2014, Estados Unidos) y la Royal Economic Society (Brighton 2016, Reino Unido).

¿Puede un proceso histórico que finalizó hace más de quinientos años ser responsable de una gran parte de las diferencias actuales de renta entre las regiones españolas? El estudio de Daniel Oto-Peralías y Diego Romero-Ávila muestra que el legado de la historia es particularmente fuerte en España. Sus resultados indican que gran parte de las diferencias en desarrollo económico provincial pueden explicarse por la Reconquista (c. 722 -1492). La forma en la que los reinos cristianos peninsulares colonizaron las tierras conquistadas a los musulmanes tuvo consecuencias cruciales para el desarrollo económico posterior, y, según los autores, la velocidad a la que avanzó la frontera cristiana en cada etapa de la Reconquista fue un factor decisivo que condicionó el tipo de colonización que se hizo.

Los autores aprovechan el hecho de que cada etapa de la Reconquista se llevó a cabo a una velocidad diferente, lo cual dio lugar a diferentes arreglos institucionales con el fin de organizar la ocupación del territorio conquistado y su repoblación. Ello tuvo un efecto directo sobre la forma en que la tierra y los derechos jurisdiccionales se repartieron entre los distintos grupos que participaron en cada etapa de la Reconquista. De este modo, la repoblación en el norte peninsular tuvo lugar en condiciones muy diferentes a la del sur debido –entre otros factores– al tamaño del territorio conquistado, y, en consecuencia, a la escala del esfuerzo militar requerido para su ocupación y defensa, y al poder relativo de la Corona y la nobleza.

Por un lado, en el norte la repoblación del Valle del Duero tuvo lugar mediante asentamientos espontáneos de colonos con derecho a la tierra ocupada, y la repoblación de las tierras comprendidas entre el Duero y el Tajo se llevó a cabo mediante la creación por parte del Rey de concejos municipales. Por otro, en las etapas de la Reconquista comprendidas entre 1062 y 1266, particularmente en el reino de Castilla, el avance cristiano fue mucho más rápido, de modo que la conquista y repoblación de los vastos territorios de la mitad sur peninsular exigió un enorme esfuerzo económico y militar que ni los colonos ni la Corona podían acometer. Esto propició el protagonismo de la nobleza y las Órdenes Militares, que serían compensadas con enormes extensiones de tierra y abundantes derechos jurisdiccionales. En resumen, la mitad sur se conquistó mucho más rápidamente que la mitad norte, lo cual generó estructuras de poder oligárquicas que crearon las condiciones para una sociedad muy jerarquizada y desigual, lo cual tuvo consecuencias negativas sobre el desarrollo a largo plazo.

Mediante el uso de atlas geográficos históricos y de software geo-espacial, los autores calculan el área conquistada en cada etapa de la Reconquista en aras de estimar la “velocidad de Reconquista”, la cual difiere marcadamente de unas etapas a otras. Durante los primeros tres siglos y medio (c. 722 a 1062), los reinos cristianos conquistaron alrededor de 155.000 km2, mientras que durante los dos siglos siguientes (hasta 1266) el territorio conquistado fue casi el doble (287.000 km2). Por lo tanto, la “velocidad de Reconquista” fue mucho más lenta en el primer periodo (aprox. 441 km2/año) que en el segundo (aprox. 1.407 km2/año).

Los autores muestran la existencia de una fuerte correlación positiva entre la “velocidad de Reconquista” y el grado de desigualdad estructural medido a través del porcentaje de jornaleros respecto a la población agraria y el porcentaje de municipios bajo la jurisdicción de la nobleza y las Órdenes Militares, tal como aparece recogido en los censos del siglo XVIII. Estos resultados dan soporte empírico al hecho de que las regiones conquistadas más rápidamente dieron lugar a sociedades más desiguales. Este alto grado de desigualdad estructural persistió a lo largo del tiempo, lo cual explica que exista también una fuerte correlación positiva entre la “velocidad de Reconquista” y la desigualdad de la tierra medida en la segunda mitad del siglo XX.

Los resultados de este estudio dan soporte empírico a la idea de que la desigualdad estructural originada a partir de la Reconquista creó condiciones adversas que excluyeron a amplios segmentos de la población de la posibilidad de participar en las oportunidades económicas que se abrieron con la llegada de la industrialización en la segunda mitad del siglo XIX. De este modo, aquellas regiones caracterizadas por un alto grado de desigualdad sufrieron retraso económico y fueron sobrepasadas por las regiones relativamente más igualitarias, las cuales sí pudieron aprovechar las oportunidades que se abrieron con el proceso industrializador. Por lo tanto, la Reconquista puso en marcha procesos de índole social, económica y política que generaron desigualdad estructural, lo cual constituyó un severo impedimento para el crecimiento económico moderno, que se basa en el emprendimiento, la innovación y la participación de amplios segmentos de la población en la actividad económica.

Referencias:

Oto-Peralías, D. and Romero-Ávila D. (2016). “The Economic Consequences of the Spanish Reconquest: The Long-term Effects of Medieval Conquest and Colonization”, Journal of Economic Growth, pp. 1-56. doi:10.1007/s10887-016-9132-9.

(http://link.springer.com/article/10.1007/s10887-016-9132-9)