UNIVERSITAT JAUME I

El ex rector de la Universidad Politécnica de Valencia y vicepresidente ejecutivo de la CRUE, Juan Juliá, ha asegurado que «las universidades somos el único agente que ha aumentado su inversión en I+D» durante los últimos años y ha destacado que ello ha sido posible, pese a la reducción de la financiación pública, porque «hemos priorizado en lo importante, en la generación de ciencia e investigación». Ello, en su opinión, legitima a las universidades a que puedan pedir al nuevo Gobierno un nuevo marco de financiación que ayude a las universidades a continuar con su labor de investigación, innovación y desarrollo.

Juliá ha sido el moderador de la mesa debate que sobre «La dualidad Norte-Sur» han mantenido en la última jornada del curso «Los males de Europa social. Buscando soluciones» Rafael Puyol, exrector de la Universidad Complutense de Madrid (UCM); Jordi Garcés, director del Instituto de Investigación de Políticas de Bienestar Social de la Universitat de Valencia e Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano.

Rafael Puyol ha asegurado que «no existe una política migratoria común europea», a pesar de contar con una capacidad de absorción suficiente para integrar a la inmigración que llega «aunque eso no significa que no se produzcan problemas». Según los datos ofrecidos por Puyol, este colectivo es precisamente quien favorece el crecimiento poblacional de una Europa envejecida, en la que más del 18% de la ciudadanía es mayor de 65 años.

Durante su intervención sobre «Demografía y migraciones en Europa» el exrector de la UCM ha indicado que uno de los mayores retos a los que se enfrenta el continente es el pago de los gastos sanitarios, porque las estadísticas indican que la población mayor de 60 años necesita el doble de productos sanitarios que la media de la población activa y que la cifra se cuadriplica en el caso de las personas mayores de 80 años.

El profesor ha establecido tres zonas con características propias dentro de la Unión Europea: los países del Norte (Suecia, Noruega, Dinamarca, Alemania, Gran Bretaña, etc.); los mediterráneos (España, Portugal, Francia, Italia, etc.) y los del Este (Rumania, Polonia, República Checa, etc.). Dos de las características diferenciadoras del Este sería la no renovación de generaciones (se necesitan 2,1 hijos para renovar la generación anterior) y el menor porcentaje de esperanza de vida, que se sitúa más alto en la zona mediterránea. Los países del norte cuentan con más alta tasa de población extranjera y donde mayor número de solicitudes de asilo se aprueban, un problema, el del asilo, que ha equiparado a la migración producida por las dos guerras mundiales, o en el caso de España, a la Guerra Civil.

Para Jordi Garcés «el modelo de bienestar ha reducido las desigualdades y ha mejorado la situación de pobreza», ofreciendo estabilidad al promover la dignidad humana, frente a otros modelos como el americano. En su opinión uno de los retos a los que se enfrentan los países europeos es el aumento de la dependencia que provocará que en 2025 el porcentaje de personas activas frente a las dependientes sea de 2/1, cuando actualmente el porcentaje es de 6/1.

Una de sus propuestas para aliviar la caída de ingresos fiscales o el aumento de la deuda pública que implica el descenso de la población activa en comparación con la población dependiente se basa en la disminución del gasto social y sanitario con la creación de un portafolio que aúne los servicios sociales y sanitarios con el propósito de conseguir una eficacia de prestaciones que permita el ahorro del 25% del gasto en estas prestaciones. Otras medidas seria el incentivo de la natalidad y la adecuada integración de las personas inmigrantes.

En el ámbito de la educación, el director del Instituto de Investigación de Políticas de Bienestar Social de la Universitat de València ha asegurado que es necesario «un pacto de estado por la educación que garantice la inserción laboral». También sería necesario, en su opinión, mejorar la oferta para que las madres con niños menores de 3 años pudieran compaginar su trabajo, fomentar la escolarización de la Formación Profesional y aumentar la resiliencia laboral de los trabajadores y trabajadoras para adaptarse a un mercado laboral en constante cambio, mediante programes de aprendizaje a lo largo de la vida desde las administraciones públicas, empresas o instituciones locales y autonómicas.

Garcés ha asegurado que la «bomba de relojería» de las actuales políticas de bienestar está en el empleo, en la desilusión de ese sector de la población entre 20 y 40 años que pese a contar con una gran formación no encuentra un empleo. Entre sus propuestas en este ámbito está la de convertir a España en la Miami del Mediterráneo, con servicios sanitarios para la población nórdica que quiere venir hasta aquí; una mayor captación de recursos de la Unión Europea y el fomento de la I+D+i desde las pymes.

La única carencia del sector sanitario español, que ha calificado de excepcional, sería que la planificación de la calidad de vida y muerte de las personas mayores, que podría mejorarse mediante programas de turismo social e incluyendo la especialidad geriátrica en la atención primaria. En cambio respecto al sistema de pensiones, sería necesario aumentar la provisión y establecer un sistema de pensiones complementario en el ámbito privado o empresarial. Por último, en el ámbito de la pobreza y la exclusión, Garcés ha indicado que es necesario romper el cicle de pobreza heredada y una mayor coordinación de las administraciones públicas.

En la última intervención de la mesa debate, Ignacio Molina ha explicado las últimas encuestas sobre la implicación de la ciudadanía en el proyecto europeo. El investigador principal del Real Instituto Elcano ha asegurado que existe un receso en la percepción de los beneficios de la unión, sobre todo en las zonas mediterráneas, debido a las políticas aplicadas durante la última década.

«Ha aumentado el sentimiento de cinismo respecto al proyecto europeo» ha indicado, hecho que ha favorecido el populismo, especialmente desde la izquierda, pero sin olvidar una corriente más xenófoba desde la derecha. Aunque la confianza en el proyecto común ha disminuido, «aún es más baja la confianza en las instituciones nacionales». Sin embargo esa bajada de confianza no significa, en su opinión, el deseo de abandonar la Unión Europea como ha ocurrido con Gran Bretaña, sino de cambiar la forma de hacer las cosas. «El sur ha dejado de ser un europeísta ingenuo, aunque seguimos queriendo una Europa mejor, no queremos cualquier Europa» ha concluido.