UNIVERSIDAD PÚBLICA DE NAVARRA

Así lo señala Nerea Pérez Ibarrola, graduada en Ciencias Sociales y Jurídicas, en su tesis doctoral, leída en la UPNA

Vivir en los barrios obreros, con las mismas condiciones de vida y desigualdades, y compartir las mismas experiencias y problemáticas en las fábricas propiciaron que, durante el franquismo, los trabajadores y trabajadoras de la Cuenca de Pamplona se reconocieran como iguales y formaran una identidad obrera común. Esta identidad, de clase y antifranquista, explicaría los niveles de organización y lucha que alcanzó la clase obrera pamplonesa en los años finales de la dictadura. Así lo recoge la tesis doctoral en euskera defendida en la Universidad Pública de Navarra (UPNA) por Nerea Pérez Ibarrola, “Langileria berri baten eraketa. Iruñerria 1956-1976”.

Para abordar la historia de la clase obrera pamplonesa durante el franquismo, la investigación analiza el contexto en el que se formó la identidad obrera de los trabajadores y trabajadoras de la Cuenca de Pamplona: cómo eran, qué cambios socioeconómicos vivieron y en qué realidad se movieron. “En los años 50, con la industrialización de la ciudad, empezaron a crecer los principales barrios periféricos como la Chantrea, la Rochapea, y años más tarde San Jorge y Echavacoiz. Todos ellos, con características similares. Construidos en condiciones muy precarias y habitados por asalariados, algunos de ellos venidos del campo y de otros pueblos, que trabajaban, en su mayoría, en la industria del metal y de la automoción. No solo compartían barrio sino también una realidad socioeconómica y unas condiciones de vida que ayudaron a tejer unas redes sociales y una identidad obrera común”, apunta Nerea Pérez, cuya tesis, dirigida por el profesor de Geografía e Historia Emilio Majuelo Gil, ha obtenido la calificación de sobresaliente “cum laude”.

Según la doctora, las redes sociales que se crearon en los barrios (asociaciones deportivas, espacios sociales y de ocio), así como los movimientos apostólicos seglares, que en Pamplona fueron importantes núcleos para fomentar una nueva cultura política cristiana de izquierdas, ayudaron a generar una identidad obrera común basada en valores como la solidaridad, la hermandad, la colectividad, la igualdad, la rebeldía contra la injusticia o el anticapitalismo, entre otros.

LA FÁBRICA, COMO ORIGEN DE LAS COMISIONES OBRERAS

La investigadora sostiene que, aunque los barrios fueron un elemento clave en el asentamiento de una clase obrera compacta, el verdadero motor del movimiento obrero y de las protestas y reivindicaciones que tuvieron lugar durante la primera mitad de la década de los 70 en la Cuenca de Pamplona fue la fábrica. La creación de comisiones de fábrica, la negociación de los convenios colectivos, la labor que algunos militantes obreros desempeñaron desde dentro de las estructuras del Sindicato Vertical y los propios conflictos fueron oportunidades que los trabajadores y trabajadoras tuvieron para trabajar y actuar conjuntamente. “En la fábrica podían socializarse, hablar de sus problemas y necesidades y, a través de las primeras comisiones —que serían el origen de CCOO—, reclamar una mejora de sus condiciones laborales”.

Dentro de las fábricas pamplonesas se fraguó una forma organizativa nueva y destacada que se extendió a toda Navarra y que “se materializó en alguno de los hitos más significativos de los últimos años de la dictadura, como la huelga general en solidaridad con los trabajadores de Motor Ibérica en junio de 1973, los conflictos del “otoño caliente” de 1974 y el encierro de los mineros de Potasas de enero de 1975”.

Asimismo, la investigación revela que el antifranquismo fue otro de los componentes de esa identidad, ya que extendió entre la clase obrera la convicción de que las reivindicaciones socioeconómicas obreras no tenían cabida en el marco de la dictadura. Se trataba, por tanto, de una identidad de clase y antifranquista basada en deslegitimar el capitalismo y la dictadura y tratar de impulsar alternativas para uno y otro campo. La investigadora también destaca que durante el proceso de formación de su identidad, los trabajadores y las trabajadoras tomaron conciencia de su capacidad transformadora, por lo que vivieron los últimos años de la dictadura e incluso la transición como una gran oportunidad para cambiar la sociedad.

La tesis termina con una reflexión sobre el recorrido de la clase obrera y de la identidad que se formó. Con la puesta en marcha de la transición y la aparición de dinámicas y agentes nuevos, esa clase obrera fue transformándose, pero no desapareció. Según la investigadora, el desarrollo de la clase en ese nuevo marco y su profunda transformación en los años 90 quedan como retos para el futuro que nuevas investigaciones deberían resolver.

BREVE CURRÍCULUM

Nerea Pérez Ibarrola se tituló en 2006 en Historia en la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). Posteriormente, cursó estudios de doctorado en la Universidad Pública de Navarra, donde es miembro del grupo de investigación “Historia y Economía”. Es, además, secretaria y vocal de la junta directiva del Instituto de Historia Económica y Social Gerónimo de Uztáriz. Es autora o coautora de media docena de artículos y ha participado como ponente en los cursos de verano de la UPV-EHU y en unas jornadas sobre movimientos sociales en el tardofranquismo y la transición organizados por el Instituto Gerónimo de Uztáriz.