UNIVERSIDAD DE BARCELONA

· Expertos de la Facultad de Biología y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio) muestran cómo los movimientos de las placas tectónicas fueron clave en el origen de la fauna endémica de las islas

Las arañas migalomorfas de trampilla son arañas robustas y de cuerpo piloso que viven en tubos protegidos por una pequeña puerta camuflada en el terreno, desde donde sorprenden a sus presas. Este grupo, con dieciséis familias y más de 2.600 especies entre las que se incluyen las tarántulas, tiene un gran interés biogeográfico: su escasa capacidad de dispersión hace que sus distribuciones reflejen las vicisitudes geológicas y climáticas ocurridas en los lugares donde viven. En esa línea, un estudio de la UB ha demostrado el origen de las Nemesia, un género de migalomorfa de distribución mediterránea. Según dicho trabajo, publicado en la revista científica Journal of Biogeography, las Nemesia se originaron en la península ibérica y se establecieron en Baleares debido a los puentes de tierra que en sucesivos momentos geológicos conectaron o desconectaron las islas y el continente.

Este trabajo científico, liderado por el profesor Miquel A. Arnedo y la doctora Elisa Mora, del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales y del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la UB (IRBio), también está firmado por los investigadores Angeliki Paspati (UB-IRBio), y Arthur E. Decae, de la Universidad de Gante (Bélgica).

Una colonización en dos fases

Hace más de 11 millones de años, los antepasados ​​de las actuales Nemesia baleares se extendían desde la cordillera Bética hasta el territorio que acabaría disgregándose para formar las islas actuales. Los investigadores de la UB han utilizado técnicas genéticas de filogenia molecular para establecer las relaciones evolutivas entre las Nemesia de las Islas y las peninsulares, y han comparado los resultados con los movimientos tectónicos, bien establecidos por la geología, que dieron forma a la orografía mediterránea.

«La primera fragmentación se produjo durante la transgresión marina del Tortoniense —hace entre 11,6 y 7,2 millones de años—, momento en que se aislaron los ancestros de algunas de las especies que se distribuían en la masa continúa que constituían las Baleares con la Bética. Hace entre 5,9 y 5,3 millones de años, las islas se conectaron de nuevo con la Península debido a lo que se conoce como la crisis salina del Messiniense, es decir, la desecación del mar Mediterráneo que siguió al cierre temporal de los antiguos corredores que conectaban con el océano Atlántico», explica Miquel A. Arnedo.

Las glaciaciones abren la vía a Menorca

Esta reconexión temporal de las islas fue la vía por la que un género de arañas migalomorfas cercanas —Iberesia— llegó hasta Mallorca, y más adelante, a Menorca. «Durante las glaciaciones cuaternarias, los ancestros de Iberesia aprovecharon el descenso del nivel del mar que conllevó la conexión entre Mallorca y Menorca para colonizar esta última isla», explica el investigador.

Según el experto, estos resultados corroboran la falta de capacidad dispersiva de este grupo de arañas y demuestran de nuevo la relevancia de los movimientos tectónicos en la configuración de la diversidad actual de la cuenca Mediterránea. Las Nemesia son una muestra de esta diversidad, ya que se han descrito diferentes especies en toda la cuenca mediterránea y en las islas principales de dicho mar. «La investigación, con métodos similares, continuará con el estudio de los orígenes de la fauna de Nemesia del resto de islas del Mediterráneo occidental, Córcega, Cerdeña y Sicilia, y también queremos profundizar en los patrones filogeográficos y de estructuración espacial de la diversidad genética de estos grupos en las Islas Baleares», concluye Miquel A. Arnedo.

Referencia del artículo:

Mora, E.; Paspati, A.; Decae, A.E., y Arnedo, M. «Rafting spiders or drifting islands? Origins and diversification of the endemic trap-door spiders from the Balearic Islands, Western Mediterranean». Journal of Biogeography, octubre de 2016. Doi: 10.1111/jbi.12885

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