UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

Profesora del Departamento de Derecho Público de la Universidad Pablo de Olavide

“Estamos viviendo un momento histórico de despojo de derechos y de robo de expectativas de futuro”, afirma la profesora de la asignatura Políticas de Igualdad y Derecho

Hoy 21 de marzo se celebra el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial. Rocío Medina Martín, profesora del Departamento de Derecho Público de la Universidad Pablo de Olavide, analiza el contexto social y político en el que esta conmemoración llega este año.

La Declaración de Nueva York para los Refugiados y los Migrantes que firmaron los Estados Miembros de las Naciones Unidas es muy reciente, concretamente de septiembre de 2016. En ella se condenan enérgicamente los actos y las manifestaciones de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia. Sin embargo, explica la profesora de la asignatura Políticas de Igualdad y Derecho que “aunque se señala en innumerables ocasiones que serán respetados los derechos humanos y el derecho internacional, la declaración no profundiza en las causas de los grandes desplazamientos y en las responsabilidades políticas, sin lo cual no se pueden establecer políticas de prevención serias. Recordemos que la declaración está firmada, entre otros, por jefes de estado que confinan cientos de miles de personas migrantes y refugiadas en campos de condiciones inhumanas, que exportan armas a los países en conflicto, instalan vallas con concertinas y externalizan sus fronteras a países empobrecidos con inversiones faraónicas bajo la égida de la cooperación en seguridad. Entre ellos, España es un buen ejemplo”.

Para Rocío Medina, “el mundo occidental ha justificado históricamente su expansionismo capitalista y la violencia colonial genocida, etnicida y epistemicida que hoy se sigue expandiendo en guerras económicas e intervenciones militares. El racismo, como el machismo, está presente de manera explícita e implícita en todas las dimensiones de la esfera pública y especialmente en las instituciones, las normativas y las políticas públicas. Esta es la clave de que el racismo, el machismo y la pobreza no sólo no se atajen en nuestras sociedades, sino que se estén incrementando alarmantemente. El racismo es parte de nuestra historia y cultura política y hay que combatirlo desde el antirracismo explícito, que es algo muy diferente a la interculturalidad, a menudo banal, que prescriben las políticas de integración de quienes levantan vallas y realizan devoluciones en caliente”.

Hace unos días se conocía que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea legitimaba el despido en las empresas a mujeres con pañuelo, aún reconociendo la posibilidad de que algo así pueda suponer una discriminación indirecta para las mujeres musulmanas en el ámbito laboral. La profesora explica a este respecto que “este racismo institucional es el peor semillero donde, en nombre de los derechos de las empresas en este caso, se abona el racismo y el sexismo que está nutriendo a las nuevas generaciones. Hoy más que nunca, en un estado español que supone un contexto sociopolítico de violencia extrema contra las mujeres y de incremento de la islamofobia, en los derechos de las mujeres musulmanas nos jugamos los derechos de todas y todos. Estamos viviendo un momento histórico de despojo de derechos y de robo de expectativas de futuro que se denomina ya como cambio civilizacional. Estos momentos de incertidumbre, aunque son producidos políticamente y tienen responsables claros, desde la propaganda de la extrema derecha y no tan extrema, son envueltos en una cultura del miedo que está dirigida a producir nuevos chivos expiatorios a quienes culpar de la situación de retroceso social. Así se construyen y circulan los relatos de la inmigración que roba los puestos de trabajo, las mujeres que se quedan con todo después del divorcio o la cultura machista y de violencia sexual que importan los refugiados a Europa”.

Rocío Medina explica la evolución de los nacionalismos excluyentes en Occidente: “No creo que la Unión Europea como institución esté dispuesta a reconocer la relación que existe entre el auge de la extrema derecha y los efectos de un capitalismo financiero salvaje que nos ha desprovisto de recursos básicos y empobrecido a gran parte de la población, porque sencillamente Europa ha promovido esta depredación natural y humana en el resto del planeta y se ha levantado desde sus entrañas, cuando menos desde el Tratado de Maastrich. La victoria de Trump se explica en parte de este modo, al menos en lo que respecta a los votos de personas mayores y a los votos de la antigua clase trabajadora despojada ahora de derechos en la zona del cinturón del óxido”.

La profesora de la Universidad Pablo de Olavide se refiere a la ciudadanía y sus formas de resistencia como una esperanza para el cambio de tendencia. “En mi opinión, será fundamental el papel de los y las jóvenes, cuyas expectativas de futuro van a continuar colapsadas, y el papel de las mujeres, en cuyos cuerpos está recayendo no sólo las labores de cuidado de la vida que se han re-hogarizado con los recortes en el gasto social, sino que además estamos sufriendo como ningún otro colectivo, vejaciones, agresiones y asesinatos sistemáticos y atroces que son en sí mismo todo un revelador discurso político. Sin embargo, las izquierdas más clásicas tienen dificultades evidentes a la hora de comprender estas nuevas alianzas ciudadanas porque sus lenguajes, demandas y formas de organización son rizomáticas; pero en mi opinión, jóvenes y mujeres van a ser colectivos claves, junto a las personas migrantes, racializadas y musulmanas, para poder leer nuestra nueva realidad política y comprender cómo se está resignificando la categoría clase”, finaliza Medina Martín.