UNIVERSIDAD DE NAVARRA

– Es la conclusión de un estudio realizado por expertos de la Universidad de Navarra, la Universidad Metodista del Sur (EE.UU.) y la Universidad Carlos III de Madrid

La interacción entre personas de distintas etnias y lenguas en un país mejora la provisión de bienes públicos como la salud, la educación y las infraestructuras. Esta es la conclusión de un estudio realizado por Joseph F. Gomes, investigador del Navarra Center for International Development (NCID) del Instituto Cultura y Sociedad de la Universidad de Navarra; Klaus Desmet, investigador de la Universidad Metodista del Sur (EE. UU.); e Ignacio Ortuño-Ortin, de la Universidad Carlos III de Madrid.

Los expertos aspiraban a descubrir si la diversidad de una nación tiene efectos positivos en las políticas públicas. Partían de la hipótesis de que la falta de acuerdos por antagonismo provoca que algunos países tengan más conflictos, menos desarrollo y peores bienes públicos. “Se pueden generar tensiones entre los distintos grupos sobre la lengua que se debe emplear en la educación, la distribución de la red de carreteras o dónde ubicar los hospitales más importantes”, indican.

Durante la investigación realizaron un mapeo de la diversidad lingüística del mundo creando una base de datos global que mostraba el uso de lenguas locales a una escala de 5km2 en 223 países.

Políticas públicas para facilitar el contacto

Se centraron dos variables. La primera es la fragmentación etnolingüística, el antagonismo que siente un individuo hacia un compatriota de otra etnia y lengua. La segunda es el aprendizaje social, cómo afecta al antagonismo la interacción con miembros del otro grupo etnolingüístico.

El estudio desveló que los prejuicios disminuyen cuando esos grupos se relacionan en su día a día: “La diversidad a veces se ve de manera más negativa en localidades relativamente homogéneas que en las que tienen una alta diversidad”.

Como ejemplo mencionan el caso del Brexit, que responde a la preocupación por recuperar el control sobre el flujo de migrantes en el Reino Unido. “La percepción de que hay mucha diversidad es especialmente fuerte en áreas con menos residentes extranjeros y mucho menor en la cosmopolita Londres”, manifiestan.

Los investigadores apuntan que dos modos en que los gobiernos facilitan el contacto entre los diversos grupos de un país son los programas de vivienda pública -para hacer una distribución más igualitaria de la diversidad entre los distintos vecindarios- o la integración de distintos colectivos en las escuelas para evitar la segregación. “Naturalmente no están exentas de controversia, ya que reducen la libertad individual de elección para conseguir unos resultados que socialmente se consideran deseables”, puntualizan.

Consultar la investigación ‘The Geography of Linguistic Diversity and the Provision of Public Goods’

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