UNIVERSIDAD DE BARCELONA

· Investigadores del Instituto de Investigación de la Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio) y de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC) alertan del efecto ecológico de la introducción de la carpa en las lagunas de Medina y de Zóñar, en Andalucía

· La carpa ha reducido de forma alarmante las poblaciones de malvasía cabeciblanca y de porrón europeo, dos especies en peligro según la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN)

La presencia de la carpa —especie invasora de agua dulce con una amplia distribución en todo el mundo— reduce de forma alarmante las poblaciones de patos buceadores y de fochas, según un estudio publicado en la revista Biological Conservation por los investigadores Alberto Maceda Veiga, de el Instituto de Investigación de Biodiversidad de la Universidad de Barcelona (IRBio), y Raquel López y Andy J. Green, de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).

Este es el primer estudio que demuestra claramente el impacto ecológico de la carpa sobre las aves acuáticas de las lagunas mediterráneas, y que alerta del efecto drástico de esta especie invasora sobre especies como la malvasía cabeciblanca (Oxyura leucocephala) y el porrón europeo (Aythya ferina), catalogadas en peligro por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Entre las cien especies exóticas invasoras más perjudiciales del mundo

La carpa (Cyprinius carpio) está considerada por la UICN como una de las cien especies exóticas invasoras más perjudiciales de todo el mundo. Originaria de los continentes europeo y asiático, está incluida en el Catálogo español de especies exóticas invasoras, y tiene la capacidad de ocupar un amplio espectro de hábitats, incluso los más degradados. Se trata de una especie muy valorada en pesca deportiva y en acuicultura, y aunque genera impactos ecológicos bien conocidos en varios países, todavía faltan estudios sobre sus efectos en organismos como las aves acuáticas.

Las reservas naturales de las lagunas de Medina (Cádiz) y de Zóñar (Córdoba), en Andalucía, son las áreas que han estudiado los autores del nuevo trabajo científico. De poca profundidad, se encuentran entre los humedales más emblemáticos del sur de la península ibérica y constituyen áreas de invernada y de cría de muchas aves acuáticas, por lo que los gestores de la Junta de Andalucía han hecho algunos intentos de erradicar la carpa.

Tal como explica el primer autor del estudio, Alberto Maceda Veiga, miembro del IRBio y experto de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), «la carpa es una especie muy apreciada por los pescadores, y como hace tanto tiempo que se encuentra en la Península, algunas personas piensan que es una especie autóctona». Por ello, «es importante que haya estudios científicos como este, que muestren claramente el grave impacto ecológico de la carpa en nuestros ecosistemas, para concienciar al conjunto de la sociedad sobre la problemática ecológica causada por su invasión».

«Las lagunas como Medina y Zóñar —continúa Maceda— son sistemas lacustres de gran importancia para la conservación de la biodiversidad acuática en regiones semiáridas como el Mediterráneo. De nuestro estudio científico se deriva el grave impacto que se produciría sobre muchas poblaciones de aves emblemáticas si todas las lagunas estuvieran invadidas por esta especie exótica».

Una especie exótica que altera los hábitats acuáticos

Esta especie invasora tiene preferencia por vivir en aguas calmadas con cierta carga de nutrientes de origen natural o derivados de la entrada de aguas contaminadas (por ejemplo, por los fertilizantes agrícolas). Ahora bien, al alimentarse, la carpa altera aún más la dinámica natural de estas lagunas, hasta el punto de que puede llegar a eliminar las alfombras de plantas acuáticas tan características de estos ambientes lacustres.

Por primera vez, el nuevo estudio describe de forma detallada los impactos biológicos de la actividad de la carpa sobre las especies de aves que hacen uso más exclusivo del medio acuático, ya sean omnívoras (patos buceadores) o más herbívoras (fochas). Como la carpa elimina las plantas acuáticas, reduce la abundancia de muchos invertebrados que las utilizan como refugio y que son el alimento de las aves. Además, la carpa también es una especie depredadora de los invertebrados acuáticos. Para especies como el ánade real —que es más generalista y a menudo interacciona con el hábitat terrestre—, el impacto ecológico es mucho menor. En el otro extremo, las especies piscívoras son organismos que resultan beneficiados por la invasión de la carpa.

«La carpa desentierra y fragmenta las plantas acuáticas mientras se está alimentando en el fondo de la laguna. Además, el sedimento que se ha removido durante el proceso acaba depositándose sobre las plantas y las asfixia. De forma directa o indirecta, como resultado final, la alfombra de plantas sumergidas desaparece», detalla Alberto Maceda.

«En este contexto, es esperable que los inviernos cortos y suaves como los del sur de la Península y los efectos derivados del cambio climático intensifiquen el impacto ecológico de la carpa, ya que estará activa durante más tiempo a lo largo del año», alerta el investigador.

¿Cómo evitar el impacto ecológico de la carpa?

El artículo publicado en Biological Conservation revisa un amplio período de tiempo que incluye dos ciclos de invasión de la carpa en la laguna de Medina —la más extensa de la provincia de Cádiz y la segunda de toda Andalucía—, y hace el recuento de todas las aves acuáticas presentes. Para los autores, el hecho de estudiar un margen temporal largo que incluye dos ciclos de invasiones evita el sesgo producido por cambios demográficos anuales, o bien por respuestas tardías de la comunidad de organismos que puedan pasar desapercibidas.

«La carpa supone un problema ecológico en nuestro territorio y hay que controlar sus poblaciones. Manipular las condiciones ambientales que hacen proliferar la carpa en un ecosistema es una posibilidad para reducir el reclutamiento y la expansión de esta especie invasora. Ahora bien, cuando la invasión está localizada, el protocolo más efectivo es la captura directa mediante redes o pesca eléctrica. Ciertamente, habría que regular la población de carpas siguiendo los protocolos éticos de bienestar animal y de gestión de los residuos biológicos correspondientes», concluyen los autores.

Más información:

http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0006320716309776