UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

XVI EDICIÓN DE LOS CURSOS DE VERANO DE LA UNIVERSIDAD PABLO DE OLAVIDE

La psiquiatra María Dolores Gómez y la psicóloga clínica Luna Gómez, del Hospital de Valme, reflexionan sobre la violencia en los jóvenes desde la salud mental y advierten de que existe una demanda “creciente”

Cuando se detecta una conducta agresiva entre los adolescentes “siempre hay que ir más allá y tratar de comprender cuáles son las motivaciones que pueden estar detrás explicando, de alguna manera, esa conducta tanto por parte del propio adolescente como de su entorno”. María Dolores Gómez, psiquiatra de la Unidad de Salud Mental Infanto-Juvenil del Hospital de Valme, ha explicado de esta manera el abordaje de situaciones de violencia que se dan entre los menores. Los niños y adolescentes “están en desarrollo y los síntomas o dificultades son signos o avisos de un desarrollo que no está yendo bien”, por lo que el trabajo de los profesionales consiste en volverlo a “encauzar” trabajando con ellos y sus familias. Para Luna Gómez, psicóloga clínica de la misma unidad, la infancia y la adolescencia son “momentos especialmente significativos que ofrecen una oportunidad al trabajo terapéutico con bastantes expectativas de mejora”.

Psiquiatra y psicóloga han hecho estas declaraciones antes de su participación en el curso ‘Violencia filioparental: intervención integral’, cuya tercera edición se imparte hasta mañana en la sede universitaria Olavide en Carmona – Rectora Rosario Valpuesta dentro de los XVI Cursos de Verano de la Universidad Pablo de Olavide, donde ambas han pronunciado la conferencia ‘Más allá de la conducta violenta en la adolescencia: reflexiones para su comprensión desde la salud mental’. El seminario, que arrancó este lunes, está dirigido por Cosette Franco Muñoz, socia-fundadora de Método Mentoris.

Según ha señalado María Dolores Gómez, los casos más prevalentes en estas etapas iniciales de la vida son problemas de conducta que pueden estar relacionados con dificultades del trastorno de déficit de atención e hiperactividad, aunque también se dan casos de ansiedad o del estado de ánimo, si bien depende de la edad, “porque en los niños más pequeños abundan más las dificultades del desarrollo y trastornos del lenguaje”, ha aclarado. Cuestionada sobre el uso que se le da al término hiperactividad, Luna Gómez ha explicado que la sintomatología “tiene mucho que ver con la etapa histórica, los cambios sociales o las formas de crianza en la actualidad”, pero que “es posible que la hiperactividad sea un fenómeno que en cierto modo está sobredimensionado a nivel diagnóstico, ya que hay cuestiones que son evolutivas y necesarias y que quizá se tildan como patológicas en demasía”.

Aunque ha valorado que existen los recursos sanitarios “adecuados” para atender los problemas de salud mental en la infancia y la adolescencia, la psiquiatra del Valme ha explicado que a veces éstos puedan ser insuficientes “para una demanda que estamos viendo que es creciente”, a lo que hay que añadir “una mayor visibilidad” y “un soporte institucional que da vía a poder abordarlos y hacerlos más públicos o que pueda actuarse en cuestiones que en otros tiempos quedaban más en el plano privado de la familia”, ha subrayado la psicóloga por su parte.

Ambas profesionales han coincidido en señalar que detrás de una conducta violenta “no siempre existe un problema de salud mental”, por lo que es importante “distinguir lo que pueda ser una conducta normal dentro del proceso adolescente, que habrá que comprender por qué se está dando, de lo que pueda ser un cuadro psicopatológico”. De hecho, “hay conductas transgresivas que forman parte de la evolución normal de un adolescente”. No obstante, María Dolores Gómez ha explicado que detrás de muchos trastornos mentales que se diagnostican en la edad adulta existen “signos de dificultades del desarrollo durante la infancia y la juventud si se estudian los antecedentes de esa persona”. De ahí la importancia de la intervención de los profesionales sanitarios desde el primer síntoma o sospecha.