UNIVERSITAT JAUME I

Javier Surasky, consultor del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y asesor de la Dirección general de Cooperación del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina, ha ofrecido la conferencia inaugural de la Jornada de Investigación e Intervención en Cooperación al Desarrollo en Marc de los ODS, en la que ha destacado la importancia de los principios de la agenda 2030 como «guía para conseguir el mundo en el que queremos vivir».

En la jornada, organizada por el Instituto Interuniversitario de Desarrollo Local, Surasky ha destacado que es un grave error confundir los objetivos de desarrollo sostenible con la agenda 2030. «Los objetivos son el corazón de una agenda que plantea principios, objetivos, monitorización y evaluación de estos, pero están lejos de ser lo más importante. Los principios están por encima porque son las pautas de comportamiento y son la guía fundamental para lograr el conjunto de objetivos», ha señalado. Así, ha añadido que «no podemos abandonar los principios porque es la parte más viva de la agenda, no queremos conseguir los objetivos de cualquier forma y, por eso, la agenda está basada en documentos como los tratados de derechos humanos».

En esta línea, Surasky ha explicado que la agenda tiene que ser vista como una agenda de derechos humanos y los objetivos son la concreción de estos derechos. «No estamos hablando de trabajar sobre unos objetivos fundamentales sino que los estados están obligados a garantizar estos derechos», ha apuntado.

A lo largo de su intervención, Surasky ha analizado algunos de los principios de la agenda como el de «no dejar a nadie de lado», es decir, prestar atención a los grupos más vulnerables y en situación de riesgo «pero con una visión alejada de la vía paternalista porque es un trabajo de todos y estos grupos tienen que ser también protagonistas del cambio».

Así mismo, Surasky también ha hecho referencia al principio de «universalidad» de la agenda en el sentido de ser cien por ciento inclusiva y de imponer obligaciones a todos los países. «La agenda tiene que romper con la idea de que existen países desarrollados porque estos en algunos conceptos están menos avanzados. No obstante, no podemos amalgamar como si todas las carencias fueran las mismas en todos los países». Así, ha apuntado que se tiene que tener una doble perspectiva: una agenda estructural con las pautas de comportamiento que requieren un tiempo largo y un cambio cultural fuerte y una agenda de emergencias con aquello en lo que hay que trabajar con inmediatez.

Sobre el principio de «indivisibilidad», ha señalado que hay que trabajar en la transversalidad y que «todavía estamos retrasados en la gestión horizontal y supone un desafío a todos los niveles porque en los gobiernos e, incluso, en la sociedad civil se trabaja de forma vertical y esto supone cambiar la forma en que se hace política».

En cuanto al principio de «integridad», Surasky ha explicado que no se pueden desagregar los objetivos y, por eso, no tiene sentido que una ciudad o país se encargue de un objetivo concreto, a pesar de que tienen que priorizarse. «La pregunta que tengo que hacer no es qué es más importante sino cual puede ser la puerta de entrada para lograr los 17 objetivos», ha apuntado.

En cuanto a la equidad de género y la igualdad de oportunidades ha señalado que «con la agenda se ha dado un paso atrás en derechos de la mujer porque ha sido un producto de negociación política y no se puede plantear una igualdad real si se sigue teniendo como marca el patriarcado».

Finalmente, ha hecho referencia a la gestión de los datos para la evaluación y seguimiento. «Actualmente, sobran las herramientas para gestionar cualquier nivel de datos, el problema es la intención de los datos y la visibilización de realidades. No es una discusión técnica, el verdadero problema es lo que se quiere mostrar y lo que no», ha afirmado.