UNIVERSIDAD DE GRANADA

El trabajo, realizado por los profesores Enrique Ortega Rivera, Andreu Domingo Valls y Albert Sabater Coll, ve la luz en el número 52 de la publicación científica, editada por los departamentos de Geografía Física y Geografía Humana de la UGR y la ()

“Entre 2004 y 2010 se empadronaron en Andalucía más de 900.000 extranjeros”, según un estudio publicado en la ” de la UGR con el título “El empadronamiento de la población extranjera en los municipios andaluces de 1998 a 2010”. Leer el resto de la noticia

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La de la UGR “” publica en su número 48 un estudio sobre la inmigración marroquí en Andalucía, basado en una de Alberto Capote Lama, que con el título “Inmigración marroquí en Andalucía: dinámicas de la movilidad espacial y condiciones de inserción en distintos contextos locales”, dirigió el profesor de la Universidad de Granada Arón Cohen y fue leída en julio de 2011

Los marroquíes constituyen el segundo colectivo extranjero más numeroso en la comunidad andaluza y el primero en lo que se refiere a las procedencias extra-comunitarias. Se trata, además, de una de las nacionalidades más extendidas por el territorio, aunque con un reparto muy desigual. Su distribución está condicionada, en general, por el dispar dinamismo económico entre el litoral y el interior de la comunidad. Así, existen núcleos de instalación en los que su presencia es muy significativa (los casos más representativos corresponden a algunos municipios almerienses), frente a otros en los que es mucho más modesta (por ejemplo, en la provincia de Córdoba). A estos últimos los marroquíes han llegado, por lo común, a partir de una migración interna en España y han sido casos con menos frecuencia estudiados.

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El coordinador, Francisco Rodríguez Martínez, destaca las dificultades objetivas a que se enfrenta su implantación, tanto en el plano político-administrativo como en el sociocultural, considerando que en España la como práctica independiente del es tan reciente que no va más allá de la Constitución de 1978 y la proclamación del Estado de las autonomías

En territorios, como los europeos, diversos en lo físico y que acumulan históricamente organizaciones culturales múltiples y profundas, aunque acomodadas más o menos a las pautas generales de la revolución económica y tecnológica contemporánea, la idea de poner orden en el desorden, real o presunto, es tan natural que resulta relativamente sorprendente que la ordenación territorial haya surgido ya avanzado el siglo XX; un siglo, por lo demás, donde los cambios territoriales y ambientales han sido numerosos y sobre todo acelerados. Quizá por eso la reacción frente al desorden ha contado, inicialmente al menos, con apoyos tan importantes como en cierta medida utópicos. Frenar la destrucción, tratar de minimizar los impactos territoriales y ambientales, a veces irreversibles, de la acción humana, impedir el caos incluso, no es lo mismo que tratar de establecer un nuevo orden territorial, sea cual sea la escala que se considere, pero sobre todo a nivel supranacional.

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