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El 26 de diciembre de 2008, un violento temporal afectó a buena parte de las costas del norte de , causando pérdidas humanas y económicas. Fue el fenómeno meteorológico registrado más extremo de los últimos 25 años en el noroccidental, con vientos de fuerza inusual, desde el golfo de Génova hasta el litoral catalán, y olas de hasta 14 metros. Este episodio, de carácter excepcional -se calcula que se produce uno cada 125 años-, también dejó su huella en los ecosistemas marinos, afectando a las comunidades biológicas costeras y alterando los ciclos de transferencia de materia y energía hacia los grandes fondos marinos, tal y como describe ahora un nuevo artículo publicado en resultado de una investigación dirigida por el catedrático , jefe del Grupo de Investigación Consolidado () de de la UB.

Todavía no se conoce bien cuál es el impacto de fenómenos naturales extremos como las grandes tormentas sobre los grandes fondos marinos, que albergan el conjunto de ecosistemas más grande y desconocido del planeta. «La idea de que los grandes fondos marinos son regiones permanentemente en calma es falsa. Hay una potente conexión entre los fenómenos atmosféricos y la transferencia de materia y energía hacia los grandes fondos marinos, con unos impactos más fuertes de lo que se había creído hasta ahora», explica Miquel Canals, miembro del Departamento de Estratigrafía, y Geociencias Marinas.

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El Ártico es una de las regiones del planeta más sensibles a los efectos del global. Estudiar el fenómeno de las cascadas submarinas de aguas densas (en inglés, /cascading/) en el Ártico y su relación con el es el objetivo de la campaña a bordo del buque oceanográfico RV Jan Mayen, al oeste de las islas Svalbard en el círculo polar ártico, que ha contado con un equipo de expertos del Grupo de Investigación Consolidado en de la UB. La campaña forma parte del proyecto Hermione (/Hotspot Ecosystem Research and Man’s Impact on European Seas/) del 7 º Programa marco europeo, dirigido a estudiar los ecosistemas marinos profundos y el impacto de la actividad humana en los fondos oceánicos.

Las cataratas submarinas, formadas por el enfriamiento de aguas superficiales, comportan la inyección masiva y rápida de materia y energía en el océano profundo. El proceso, de carácter recurrente, aporta oxígeno y nutrientes a las grandes profundidades oceánicas. Pero si las aguas de superficie no se enfrían lo suficiente –por el calentamiento global o por otros factores– el proceso spuede bloquearse y afectar el frágil equilibrio del océano profundo. «A miles de metros de profundidad, el fenómeno de las cascadas submarinas es una expresión más del largo brazo del cambio climático», explica el catedrático , investigador principal del equipo de Geociencias Marinas de la UB y primer autor del artículo que describía este fenómeno para el noroccidental (/Nature/, 2006).

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Durante los períodos glaciales, las masas de hielo se desplazaban a través de rápidas corrientes de hielo (/ice streams/) que dejaron una huella geológica en los fondos oceánicos. La relación entre las corrientes de hielo y el del planeta en el pasado son el eje del artículo «Stemming the flow of climate change», publicado en la revista /International Innovation/ y firmado por , profesor de investigación ICREA del Departamento de Estratigrafía, y de la UB, y Michele Rebesco, del Instituto Nacional de Oceanografía y de Geofísica Experimental de Trieste. El trabajo tiene su origen en el proyecto Corrientes de hielo del neógeno y procesos sedimentarios en márgenes continentales de alta latitud (/Neogene Ice-Streams and Sedimentary Processes donde High-Latitude Continental Margins/, NICE-STREAMS), del Año Polar Internacional (IPY).

La publicación /International Innovation,/ que dedica su nueva edición a investigaciones científicas de vanguardia internacional sobre cambio climático a escala global, incluye también una entrevista a Connie Hedegaard, comisaria europea de Acción para el Clima; a Ghassen Asrar, director del Programa Mundial de Investigación Climática, y a Jacqueline McGlade, secretaria ejecutiva de la Agencia Europea de Medio Ambiente, entre otros expertos internacionales.

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