UNIVERSIDAD DE GRANADA

Obra del profesor de la UGR Guillermo Olagüe Ros, el narra el viaje realizado en el siglo XVIII por la fragata “La Experiencia” a Esmirna, en el Imperio Otomano, que fue fletada por el Consulado de Cádiz y de cuya tripulación formaba parte el cirujano naturalista Pedro María González

El manuscrito que el sevillano Pedro María González Gutiérrez redactó –y quedó inédito– en su viaje realizado entre 1764 y 1838 a bordo de la fragata “La Experiencia”, con rumbo a Esmirna, en el Imperio Otomano, es objeto de atención del libro publicado por la Editorial Universidad de Granada con el título “Descubriendo la sublime Puerta Otomana: El viage a Esmirna (1796-ca. 1978) del sevillano Pedro María González Gutiérrez (1764-1838)”.

En 1796, tras una serie de viajes de carácter diplomático emprendidos por navíos españoles a Estambul, la fragata “La Experiencia”, fletada por el Consulado de Cádiz y de cuya tripulación formaba parte Pedro María González como cirujano naturalista, realizó un viaje comercial a Esmirna –La Escala de Levante más importante del Imperio Otomano– que duró casi dos años. El libro narra la aventura y analiza detenidamente el manuscrito que González redactó y quedó inédito.

La Sublime Puerta, descrita por Tournefort en 1717, era la principal entrada al Serrallo de Constantinopla, “un gran pabellón con ocho ventanas abiertas por encima de la puerta, una grande que está sobre la misma puerta, y cuatro más pequeñas a la izquierda, sobre la misma línea, y otras tantas del mismo tamaño a la derecha. Esta Puerta, de la que el imperio ha tomado su nombre, es muy alta, simple, cimbrada en semicírculo, con una inscripción árabe y dos hornacinas, una a cada lado”.

Situada en el extremo occidental de la península de Anatolia, en un lugar privilegiado, al fondo de una bahía que mira al mar Egeo y al cobijo de tempestades y tormentas, Esmirna era un enclave obligado de paso para todos los que querían hacer negocios, pues por sus aduanas pasaban toneladas de mercancías procedentes de centenares de buques de todas las naciones que atracaban en su puerto, y de las incesantes caravanas que venían de Levante, es decir, la vasta región de países del dominio de la Puerta Otomana confinante con la parte oriental del Mediterráneo.

A decir del autor, cuando a partir de 1782 España estrechó sus relaciones con la Sublime Puerta, “Estambul y Esmirna se convirtieron en focos de atención de nuestros gobernantes. La primera por ser la capital del Imperio y, por tanto, el centro de la vida administrativa y diplomática del país, y Esmirna, por su enorme atractivo comercial, pues era el emporio más potente de todo Oriente, hasta el punto de haber eclipsado a otras ciudades que antaño habían gozado de gran prestigio, como Alejandría”.