UNIVERSIDAD DE ALICANTE

Fuera intermediarios. Unos indígenas de una mexicana en el estado de Chiapas están gestionando por sí mismos el que reciben como un importante medio para el desarrollo económico local. El Instituto de Investigaciones Turísticas de la Universidad de Alicante les está enseñando cómo hacerlo dentro de un proyecto conjunto con la Universidad Intercultural de Chiapas (UNICH).

Esta actividad se está desarrollando concretamente en la Selva Lacandona. Por parte de la UA la coordina la profesora del Instituto María José Pastor Alfonso. Consiste en la formación y asesoramiento tanto a los propios indígenas como a profesores y alumnos aventajados de la UNICH. El proyecto está en su cuarto año y se prolongará por parte de la Universidad de Alicante un año más. Cuenta con el apoyo del Vicerrectorado de Relaciones Internacionales y Cooperación de la UA y la (). Ha dado lugar a una exposición montada en el Museo de la UA con fotografías de Martín Barrios, un titulado “Turismo comunitario en la Selva Lacandona”, y un libro de María José Pastor y Domingo Gómez López, de la UNICH, titulado “Impactos socioculturales en el turismo comunitario. Una visión desde los pueblos implicados”, publicado en seis lenguas: además de en castellano en valenciano, lacandón, tzeltal, ch´ol y tzotzil.

Explica María José Pastor que los indígenas están planteando su gestión como un turismo alternativo, destinado a un público concienciado y que se desarrolla en áreas naturales protegidas donde los indígenas compaginan sus cultivos tradicionales con el turismo. Y lo hacen asismismo de manera comunitaria, es decir, compartiendo tanto trabajo como inversiones y beneficios.

Por ejemplo, los indígenas construyen las propias cabañas para alojamiento de los turistas con la ayuda económica del gobierno mexicano y de instituciones de apoyo, organizan rutas y salidas, hacen de guías, organizan trayectos en cayucos por el río y descensos rápidos por él o gestionan los comedores para turistas con platos mexicanos o locales. En su esfuerzo por adaptarse a las demandas de los turistas han de aprender a cuidar temas tales como la higiene de comidas y bebidas o recibir una formación en primeros auxilios. Han de conocer también contabilidad, informática, conducción y mantenimiento de vehículos, etc. Asimismo, la conservación del medio natural les obliga a una complicada gestión de la basura, incluso pidiendo a los turistas que se hagan cargo de la que generen.

La UA participa con la organización de talleres o cursos intensivos de patrimonio cultural tanto para los propios indígenas, que demuestran un gran interés por su formación, como para profesores y alumnos aventajados de la UNICH. En ellos se les transmite la importancia de conservar sus rasgos culturales y su identidad para el turista, que busca cosas diferentes. “Pero sin impedir el desarrollo económico, lo que inevitablemente acabará produciendo cambios culturales; se trata, sin embargo de que esos cambios no les sean impuestos ni forzados, sino decididos por ellos”, indica María José Pastor, y pone como ejemplo que los jóvenes ya no usan las túnicas blancas tradicionales o el pelo largo, pero a los turistas les atraen, como les atraen sus rituales ancestrales, pero ya sólo queda un chamán para practicarlos.

Destaca asimismo la importancia del mantenimiento del espacio natural en que habitan, dado que se encuentran en un ecosistema que es una reserva natural. En este sentido señala que además de los tradicionales habitantes, los lacandones, descendientes de los mayas, se han producido migraciones de otros orígenes étnicos: tzeltales, ch´oles y tzotziles, practicantes de la ganadería y que talaban zonas de la selva para dedicarlas a pastos; sin embargo, está ahora emprendiendo actividades conservacionistas ya que han comprendido que el turismo comunitario puede darles más beneficios económicos que la ganadería.