Según el nuevo Estudio de la  para llevar tecnología a poblaciones rurales aisladas

· Cada año 2,2 millones de habitantes de países en vía de desarrollo, la mayoría menores de edad, mueren por enfermedades asociadas a la falta de potable, la inadecuada salubridad y la escasa higiene

· Se calcula que 1,5 millones de niños mueren anualmente debido a enfermedades pulmonares por inhalar el humo al cocinar con métodos rudimentarios

· De los 1.400 millones de personas que en 2005 vivían en situación de extrema pobreza, con menos de 1,25 dólares al día, aproximadamente 1.000 millones vivían en zonas rurales.

Necesitan agua

Actualmente 1.400 millones de personas no tienen acceso al agua potable y más de 2.600 millones carecen de un saneamiento adecuado.

En Iberoamérica el porcentaje de población sin acceso al agua es de aproximadamente el 15%, en Asia el 20% y en Africa el 40%. En el continente africano 300 millones de personas viven sin un saneamiento e higiene básicos.

Las mujeres, encargadas por lo general de traer agua a la familia, transportan cada año unas 40 Tm de agua y leña: de tres a siete veces más que el transporte asignado a los hombres, lo que les supone trabajar cuatro o cinco horas diarias más y abandonar los estudios mucho antes.

Según los parámetros de la OMS y UNICEF, un suministro razonable de agua debe corresponder como mínimo a 20 litros por persona al día y la instalación debe estar situada a menos de un kilómetro de la vivienda del usuario.

Estados Unidos y Australia tienen cien veces más capacidad de almacenamiento de agua por habitante que Etiopía, que lo necesitaría mucho más.

El coste estimado de suministrar agua potable y servicios de saneamiento adecuados a todas las personas en el mundo para el año 2025 es de 180.000 millones de dólares por año, es decir, una inversión de dos a tres veces mayor que la actual.

… y

Se estima que para 2030 habrá 1.200 millones de personas sin acceso a los servicios básicos de energía eléctrica.

Según la Agencia Internacional de la Energía, a punto de llegar el plazo de 2015 fijado para los Objetivos de Desarrollo del Milenio aún se requeriría, para conseguirlos, dar acceso a la electricidad a 395 millones y proporcionar cocinas eficientes a 1.000 millones más. El 85 por 100 de todas estas personas vive en áreas rurales.

Todavía hoy 2.700 millones de personas que habitan en países en desarrollo dependen de los combustibles tradicionales (leña, carbón vegetal, residuos agrícolas o residuos animales) para cocinar y calentarse y las proyecciones son que esta situación subirá a 2.900 millones en 2030 si no se ponen en marcha las acciones necesarias.

La mayoría de estas personas viven en zonas rurales y muchas de ellas en comunidades aisladas. Cambiar esta situación es el segundo eje en el que se basa el uso de la energía moderna como factor para la eliminación de la pobreza y sus consecuencias.

La Agencia Internacional de la Energía estima que para cumplir los Objetivos del Milenio se requiere una inversión anual en el periodo 2010-2015 de 41.000 millones de dólares, lo que representa sólo el 0,06 por 100 del PIB mundial.

Lograr el acceso universal a una energía moderna en el 2030 va a requerir un esfuerzo adicional de 756.000 millones de dólares, es decir, 36.000 millones de dólares anuales. Esto es menos del 3 por 100 de las inversiones globales de energía previstas en el escenario “Nuevas políticas” al 2030.

El incremento del consumo de energía provocado por este objetivo tendrá un impacto modesto sobre la demanda de energía primaria y las emisiones de CO2. En 2030 la generación global de electricidad sería un 2,9 por 100 mayor, la demanda de petróleo subiría menos de un 1 por 100 y las emisiones de CO2 serían un 0,8 por 100 más altas.

El problema no es, pues, el capital necesario, ni el aspecto medioambiental, ni tampoco se trata de un problema tecnológico –las tecnologías necesarias están disponibles- sino que más bien se trata de problemas de carácter político, institucional, logístico, financiero, etc. Que requieren análisis pormenorizados de cada uno de ellos y un gran esfuerzo conjunto de toda la sociedad.

Todas estas personas necesitan alumbrarse, cocinar, recargar un móvil con el que conectarse al mundo exterior, ver la TV, escuchar la radio, leer… y tener oportunidades de acceder a otras formas de desarrollo.

¿Qué pueden hacer los ?

El Estudio de la Real Academia de Ingeniería (RAI) pretende demostrar que es técnicamente posible resolver muchas de las carencias que sufren millones de personas afectadas por una pobreza extrema, poniendo énfasis en destacar el papel que la tecnología y la ingeniería pueden jugar en el desarrollo de las comunidades rurales aisladas que carecen de servicios esenciales como agua, telecomunicaciones y electricidad. Estas son algunas de las principales actividades que vienen desarrollando los ingenieros en relación con el suministro de energía y agua a las comunidades rurales aisladas:

Alumbrado público de comunidades mediante el uso de farolas autónomas dotadas de paneles fotovoltaicos y baterías.

Suministro de energía eléctrica a centros de salud en comunidades rurales aisladas para iluminación, frigoríficos para vacunas, comunicación por radio y video.

Electrificación de centros de uso comunitario (escuelas, comedores infantiles, centros de reunión, iglesias etc).

Electrificación domiciliaria mediante la utilización de fuentes de energía renovables

Suministro de agua potable a comunidades mediante la localización de acuíferos, captación, elevación, almacenamiento, depuración y distribución de agua para diferentes usos.

Dotación de saneamiento a las comunidades.

Instalación de microcentrales hidroeléctricas.

Electrificación de pozos manuales para la extracción de agua.

Elevación de agua mediante la utilización de molinos.

El estudio de la RAI presenta un amplio campo de contribución de la ingeniería al progreso económico y social y ha de contribuir a la comprensión en profundidad de la realidad de las comunidades rurales aisladas por parte de los profesionales de la ingeniería.

Los ingenieros desde sus puesto de trabajo en administraciones, empresas, universidades y ONGs tienen hoy la posibilidad de aportar soluciones técnicas que contribuyan a resolver muchas de las carencias que hoy sufren millones de personas a quienes la pobreza les priva de sus derechos fundamentales.

Aunque sin duda los ingenieros que desarrollan su actividad en el entorno de la cooperación encontrarán una aplicación más inmediata del trabajo realizado, este nuevo estudio de la RAI abre también amplios horizontes para la ingeniería. Particularmente en el campo de las tecnologías adecuadas para el desarrollo, en el que es imprescindible dar solución a la brecha existente entre el sistema tecnológico y productivo y las necesidades de desarrollo de las comunidades rurales aisladas.